Un hombre lobo es aquella criatura nocturna,
humana y animal por turnos que recurriendo
al chiste fácil podríamos
considerar que es el mejor amigo de sí
mismo.
En la memoria del aficionado al género
resalta The Wolf
Man, el clásico de 1941 producido
por la Universal, protagonizado por Lon
Chaney y dirigido por George
Waggner. La desgraciada víctima
de la maldición de la mordida lupina
se establecía como mito del terror
cinematográfico dando pie a varias
generaciones de secuelas y versiones con
escasa evolución estilística
y abundantes capas de pelo facial.
No cabe duda de que la estremecedora transformación
creada por Rick Baker para
Un hombre lobo americano
en Londres (John Landis, 1981) marcó
un claro punto de inflexión y cambió
para siempre la forma de mirar la luna llena.
Al éxito de la cinta de Landis
le siguió Aullidos
(Joe Dante, 1981) que modificaba nuevamente
las costumbres solitarias de las bestias
ahora organizadas en comunas.
Cabe también reseñar el trabajo
de Jack Nicholson en Lobo
(Mike Nichols, 1994), una versión
del mito mucho menos espectacular aunque
con audaces trazos de realidad.
Las producciones más recientes han
mantenido el concepto espectacular, salvaje
y social del personaje con títulos
como Dog
Soldiers (Nelly Marshall, 2002), Van
Helsing (Stephen Sommers, 2004) o Underworld
(Len Wiseman, 2003).
Con esta abultada trayectoria, muy resumida
para la ocasión, asomaba en el horizonte
una vuelta a la historia original, tarea
que el guionista Andrew Kevin Walter
(Se7en,
1995) espera acabar para comenzar el rodaje
a principios de 2007.
Benicio del Toro (Sin
City, 2005) es el nombre que ha enganchado
a los medios por ser el protagonista y productor
de la cinta, que aún espera el nombre
de un director interesado en sacar brillo
a las balas de plata. |