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Un rápido repaso a la historia de los Premios
Oscar nos permitirá comprobar cómo el
género de terror no está tan bien considerado
como en un principio nos podríamos pensar.
Si bien producciones como Alien,
el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), La
mosca (David Cronemberg, 1986), La
profecía (Richard Donner, 1976) o Tiburón
(Steven Spielberg, 1975) son algunos ejemplos que han
recibido galardones en categorías 'menores' como
Efectos Especiales, Maquillaje o Banda Sonora, son muy
pocos los títulos de género que han tenido
relevancia dentro de los apartados estrella. El galardón
otorgado a Kathy Bates a la mejor actriz principal
por la interpretación de una desequilibrada enfermera
en la adaptación de la obra de Stephen
King, Misery abrió
el gusto de la academia por este tipo de personajes
extremos. Un año después la fantástica
aportación al mundo de los asesinos en serie
con la que nos obsequió Jonathan Denme
en El
silencio de los corderos (1991) fue recompensada
con 7 nominaciones de las que 5 acabaron en premio.
Mejor actor y actriz principal, mejor guión adaptado,
mejor director y mejor película fueron las categorías.
Con peor suerte contaron las candidaturas de Robert
de Niro como mejor actor en El
cabo del miedo (1992) o las 6 malogradas menciones
de El sexto sentido en
1999.
Pese a que en la edición de 2001 Los
otros, la visión del mundo espectral del
español Alejandro Amenábar, sonaba
como favorita del público en muchas categorías,
la Academia decidió ignorarla por completo.
Para consuelo de todos aún nos quedan los premios
Sierra Mecánica, menos finos, pero mucho más
sangrientos.
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