Cuentos y relatos de terror, ciencia ficción y fantasía
Recomiéndanos a un amigo Añádenos a tus Favoritos
Relatos
MOVIES DISTRIBUCIÓN La tienda online con la que sueñan los cin�filos. DVD HDDVD BLU RAY UMD FIGURAS BANDAS SONORAS CAMISETAS POSTERS...Entregas de 24 a 48 horas. Aloja tu web en www.redisnet.com.
LA NOCHE, por Pablo Nicoli (1/2)

Terminábamos de jugar una partida de ajedrez, cuando le pedí a mi compañero que me narrara aquella historia que el tiempo amenazaba convertir en leyenda y que un familiar muy cercano -sacerdote de la iglesia católica de Arequipa-, le había contado confidencialmente a su familia. Se trataba de un acontecimiento sorprendente, ocurrido 30 años atrás, o quizás fueran 40, no era importante determinar la fecha exacta; lo que sí transcendía era el hecho y los eventos de la historia misma.

Todo pasó -nos dijo Gonzalo; pues un nuevo amigo de largas aventuras y otro tanto de anécdotas, había llegado y escuchaba atentamente-, en una ocasión en la cual unos obreros contratados por el diácono de la Catedral, cambiaban las viejas lozas del piso adyacente al hermoso púlpito de madera -en donde puede verse aún hoy la talla e imagen impresionante del demonio que es aplastado por una columna-, cuando uno de ellos se percató de un profundo agujero que apareció, en medio de la labor encomendada, entre el piso y el púlpito mismo.

Inmediatamente fue avisado del inesperado hallazgo el sacerdote del templo, quien sin mucho esperar detuvo la obra, despidió a los obreros -no sin antes darles una suculenta paga por su trabajo y su silencio-, y mandó disimular todo vestigio de la presencia de un subterráneo en esa parte de la iglesia. Ahora bien -prosiguió nuestro interlocutor, a la par que encendía parsimoniosamente un cigarrillo-, nadie más del clero fue informado del asunto; sólo compartían el secreto dos miembros de la iglesia mayor, un historiador y un miembro destacado del orden ciudadano.

Una vez fueron reunidas estas cuatro personas -quienes guardaban una fraternal amistad desde la infancia-, se decidió a adquirir el material y herramientas necesarias para penetrar en el subsuelo e investigar qué secreto guardaba este ignorado lugar. Antes de ocurrida la exploración, se hicieron infinidad de conjeturas sobre lo que podía esperarse hallar. Alguno opinó: "un tesoro escondido desde la época de la conquista". Otro menos material dijo: "un vestigio cultural y artístico". Y otro poco imaginativo agregó: "solamente un sótano, oscuro y probablemente vacío". No obstante y al parecer, cada opinión vertida sobre el tema que los congregaba distaba en mucho de lo que realmente encontrarían, más adelante, en el subsuelo.

Fue elegida la noche del viernes, anterior a la semana santa, para dar inicio a la esperada exploración. De los cuatro socios, fueron elegidos tres de ellos para descender desde el agujero que, previamente, había sido ensanchado lo suficiente como para que por éste ingresaran con facilidad los integrantes de la empresa. Sólo el sacerdote de la Catedral decidió quedarse en el exterior aguardando el regreso; puesto que, seguramente, tal labor alcanzaría un grado de dificultad física más allá de lo que estaba dispuesto a gastar a los 66 años de edad.

Sin embargo, la anhelada exploración terminaría pronto en fatalidad; puesto que, unas horas más tarde, sólo retornarían dos de los expedicionarios; uno de los cuales había perdido totalmente la razón, mientras el otro se negaba a hablar sobre lo encontrado bajo la Catedral; pues según decía había realizado un juramento a Dios de que si le permitía salir ileso de tan horrible lugar, nunca contaría a nadie lo que había vivido.

Claro está que este tipo de historia y con el discurrir del tiempo, probablemente haya sido aumentada y corregida en todo o en parte; lo que no le resta emoción y cierto aire de romanticismo macabro, si es que me permiten el término -concluyó de narrar Gonzalo, mientras Max y yo nos mirábamos con algo de incredulidad-. No obstante, confirmé que en alguna ocasión, cuando adolescente y después de haber asistido al oficio religioso, me acerqué, curiosamente, por detrás del demonio alado que forma parte del púlpito de la Catedral y observé con sorpresa que lo que yo había considerado por años como una puerta falsa -que guardaba la zona central del púlpito-, realmente no era tal; pues podía notarse dicha entrada, en esos momentos, semi abierta y por detrás de ésta, dejábase ver el acceso a un sótano, semi tapado por un tablón de madera.

No fue difícil entonces, que los tres amigos de historias macabras y aventuras disparatadas, nos comprometiéramos y fijáramos una fecha y hora para lograr la hazaña de nuestras vidas: la de escondernos dentro de la Catedral y después de burlar la escasa vigilancia del recinto, lograr ingresar por el mítico subterráneo que allí debía existir...

Cuando estuvimos, aquella noche de viernes, frente al personaje tallado del púlpito, uno de los tres integrantes del grupo dijo algo que nos pondría los pelos de punta, aunque más bien se tratara de una broma de mal gusto. Opinó que aquel demonio alado que teníamos enfrente, podría haber sido puesto allí como una advertencia de lo que se ocultaba debajo de aquel acceso de entrada al subterráneo de la catedral.

Cuando el primero de nosotros posó sus pies en el pedregoso subsuelo, gracias a la ayuda de una resistente soga de cuatro metros, no pudo observar nada a su alrededor. La pequeña linterna no era lo suficientemente conveniente para vencer la tremenda oscuridad que se posesionaba del subterráneo. Fue necesaria la asistencia de otras dos luces eléctricas para lograr contemplar un granítico habitáculo de forma circular y un ambiente frígido y nauseabundo que el paso del tiempo había casi envenenado. Era claro sobre la necesidad de utilizar, cuando fuera indispensable, el oxígeno que habíamos tenido a bien traer; si bien sólo se tratara de un pequeño balón que de seguro habría que compartir entre los tres miembros del grupo.

Una vez dimos unos cuantos pasos dentro de aquella primera habitación redescubierta por nosotros, pudimos contemplar, no sin una fuerte impresión para todos, que lo que habíamos tomado como un terreno pedregoso no era sino una interminable alfombra de huesos humanos de todas las formas y tamaños; además de otras tantas alimañas e insectos repugnantes. Al parecer -y según la opinión de Max: estudiante de arqueología-, nos encontrábamos sobre un viejo cementerio pre-inca cuya ubicación se remontaría en mucho a los inicios de la edificación de la primera catedral, cuatro siglos antes. Dos interminables galerías que se alejaban de nosotros lo suficiente como para no poder determinar sus dimensiones, podían verse desaparecer en los ignorados confines.

Notábanse también a ambos lados del frío corredor de piedra, que finalmente decidiríamos explorar, alguna que otra entrada, horadada en la roca misma que parecían conducir a otras galerías menores que tomaban los más disparatados caminos. Llegamos a contar, desde el punto de referencia en el cual nos encontrábamos, hasta siete corredores que parecían convertir el lugar en un verdadero laberinto de túneles. Al momento, Gonzalo pareció descubrir un nuevo hallazgo a un lado del corredor central, que habíamos decidido seguir; y un minuto más tarde, descendíamos por una desencajada escalinata que nos conducía a una habitación que se hallaba unos cinco metros por debajo del nivel anterior, y que al parecer, había sido utilizado para enterrar a clérigos y sacerdotes de la iglesia a través de tres siglos; puesto que descubrimos no menos de 600 criptas, convenientemente dispuestas en las paredes, con referencia de fechas que a nuestro paso iban decreciendo en el tiempo; pudiendo leer lápidas con nombres de personajes muertos desde 1696 para atrás. Media hora más tarde y después de haber explorado a cabalidad el enorme mausoleo subterráneo -donde no sólo encontramos muerte, sino también enormes ratas de notables proporciones-, acordamos profanar una de las tantas criptas y ver si alguno de los cadáveres guardaba consigo algún implemento valioso o quizás parte de su fortuna enterrada con él. Elegimos al azar una tumba de 1632 que notamos algo mejor ornada que las otras que la rodeaban, para lo que nos hicimos con la ayuda de las herramientas que habíamos traído con nosotros.

  Principal | 1 | 2Sobre el colaborador
2000 - 2010 TumbaAbierta.com sobre el material original. Alojado por RedisNet.com Aviso Legal