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noviembre de 2007 José Antonio Pulido Zambrano
AMARANTHA

I

El rostro emergió de esas aguas profundas. El rostro salió cubierto con pétalos de rosas rojas. El rostro abrió los ojos. Unos ojos profundos marcados por el tiempo. Ojos que escondían los más grandes secretos de su raza.

El cuerpo envuelto en agua y pétalos rojos fue saliendo de aquella Sauna. El cuerpo desnudo, esbelto, bello. El cuerpo de una Diosa. El cuerpo desnudo, de piel blanca, tan blanca como la luna.

Era medianoche. Y ella comenzó el ritual. Porque para ella vestirse era todo un ritual. El mundo se lo había enseñado. Ella no podía vestirse como cualquier mortal.

Dejó que la brisa fresca de la noche secara su cuerpo desnudo. Los pétalos fueron marcando un camino por donde pasaba ella. Al fondo una vieja melodía acompañaba la atmósfera, un ritmo un tanto triste, gris, curtido de desesperanza.

En el sofá estaba otro ser. Iba vestido de jeans, una franela negra y una gorra donde se veía la marca del logotipo de un grupo de Rock muy conocido en aquel país.

Ella continuó una conversa:

- Tengo graves parasomnias, sabes… normalmente necesito sedarme para conciliar el sueño… veo cosas raras, hago quizá actos de sonambulismo, grito como desesperada… necesito beber para soñar… necesito beber…

Él la miraba, contemplaba su desnudez. Él tenía las respuestas. Ella lo sabía.

- ¿No me dices nada? El mundo lo sabe. ¡Verdad! El color de mi cabello y el Make Up me delatan.
- De vez en cuando amada Amarantha yo voy con franelas negras con logos alusivos al New Romantic… pero a veces me disfrazo de gente normal para esconder el vampiro interior que llevo.
- A veces las circunstancias te hacen ocultar lo que deseas mostrar a todo el mundo Cazan, hijo de Sahac… ¡Mírate no soy como yo!
- Mi amada Amarantha, debes aprender mucho aún. Y eso que tienes en ti los siglos de los siglos.
- El tiempo no cambia.
- Los hombres tampoco – mientras esto decía, Cazan se internó en las sombras y desapareció en aquella urbe, como un mortal más. México, D.F. era el único laberinto donde podía perderse para sobrevivir.

II

Lo que más gustaba a Gabriel, era su lado oscuro. Él y Mircea se dedicaban a despotricar al mundo, incomprensible para ellos, en sus canciones.

Gabriel se había iniciado en el Darkwave tres años atrás cuando leía Cien Años de soledad. La epopeya americana que explicaba los orígenes de aquel continente loco.

Gabriel se había bautizado Aureliano Melquecedec (este último nombre por Melquíades). Con el tiempo empezó a ser absorbido por la soledad. Las letras de sus canciones así lo reflejaban:

“El camino es largo
y si he de seguirlo
con pie cansado,
lo andaré en los barrios
lo andaré en la noche.
El camino es largo
es triste, es grande
es ancho, es oscuro.
El camino es largo”

Mírcea por su parte le daba la música a las letras de sus canciones. Un ritmo que parecía venir del más allá. Un ritmo para los corazones oscuros.

“Las largas colas anuncian
el principio del fin.
Todos caminan
por esta urbe
como un carnaval.
Más yo, no me encuentro.
Quizá maldito estoy”


Gabriel quería trascender. El mundo era una triste caricatura para él. Todos le señalaban de loco. Fue cuando salió al mundo, se olvido de su antigua familia y se mostró como Aureliano Melquecedec. Empezó a ir a grupos que sintonizaban con su pensar. Allí fusionó su estilo y Cien Años de soledad quedo atrás: “El camino es largo”.

En ese andar Aureliano Melquecedec conoció el Industrial, el Synthpop, EBM, Drumanbass, Hard electro, el Vamp, entre otros géneros. Su nuevo nombre empezó a sonar al igual que su soledad.

III

Amarantha caminaba en el centro de aquella ciudad. “Donde los vivos caminan con los muertos” le había dicho tiempo atrás Rulfo.

“Amarantha” era un nombre para una Vampiro, pensaba. Era un nombre de color gris, olía a soledad. Los “otros” la respetaban y nunca se acercaban a su territorio. Los hombres la señalaban de bruja, por su cabellera roja, su piel blanca como la luna.

A Amarantha le encantaba aquellos lugares donde los jóvenes se disfrazaban de ella, y ella soñando ser ellos. Le encantaba aquel lugar, pues llegaba mucha mercancía joven. Su lugar predilecto era una comarca llamada “Comala”. Allí era el centro de unión del estilo de vida que quería vivir. Aquella noche había presentido a “otro” de su especie, un solitario, uno de la raza antigua como le llamaban. Ella no iba permitir que le quitara su lugar. Pero aquel “otro” no estaba interesado en Comala. Su interés tenía un nombre: Amarantha.

IV


“El mundo era joven y bello
los hijos de la noche estaban bien,
pero se engendro el misterio
y los hijos de la noche entraron mal.
Oh sol, luna, noche, día,
los hijos de la noche no estaba bien.
Oh sol, luna, noche, día.
los hijos de la noche volverán.
El mundo ahora es viejo y feo
los hijos de la noche volverán”

Cuando terminó aquella canción, Aureliano Melquecedec presintió que su mundo había cambiado. Sólo faltaba una voz que le diera vida a sus letras muertas.

“El mundo ahora es viejo y feo
los hijos de la noche volverán”

Amarantha a lo lejos sintió la invitación.

V

Cazan supo que Comala no sería su nido. El mundo era muy amplio para él. Sólo que la voz de Amarantha lo había hechizado. ¿Cómo era posible que mostrara su voz divina a los mortales? Debía él eliminarla por haber transgredido las normas.

Cazan había recorrido el mundo. Le había tocado el papel de Inquisidor, en la hermandad de la Logia Negra.

Los “Ancianos grises” le habían dado ese “honor” o “maldición” como él lo pensaba. Su nombre “Cazan” lo había adoptado en Valaquia mucho tiempo atrás, y desde ese día no había tomado otro.

Los de su raza le consideraban único en su especie, y era el único que tenía la potestad de matar a un hermano.

Amarantha había roto las leyes. Los “Ancianos grises” conocían a Amarantha desde su nacimiento en la antigua Grecia, donde llevaba el nombre de Sophía. Había usado muchas máscaras y nombres para existir como humana a través de los tiempos.

Cuando fue mortal, ya poseía el don de la premeditación. Los griegos la vieron como la “Pitonisa” de la que hablaba el oráculo. Los “Ancianos grises” por su parte consideraron según el estudio a los astros, que ella reunía las condiciones necesarias para ser una hija de la sangre, por ello la convirtieron en una Lamía.

Desde los 5 años Amarantha sufrió de severos trastornos de sueños. En esos sueños veía a un barquero que se acercaba y la llevaba al Hades. Cuando iba en la barca el mar se convertía en sangre y allí era poseída por un ser alado. Ella despertaba en gritos.

La aldea consideró que la niña estaba maldita y fue llevada al lugar de Munteria.

Allí una hechicera de nombre Cirse la consagró en el arte amatorio. Pero su destino era otro. Los “Ancianos grises” le siguieron y le bautizaron Sophía después del ritual oscuro.

VI

Amarantha se enamoró de esos dos mortales. Aureliano Melquecedec y Mírcea. Ella quiso audicionar como una mortal más:

"De todos los desquiciados
y todos los tiranos que conocí
de esta tierra
y bajo el amplio firmamento,
desde que el mundo es mundo,
no hubo peor.
Él será el tema de mi canto:
su nombre era Drácula Voievod
y Valaquia fue el país
que gobernó"

Amarantha había entonado una vieja balada transilvana del poeta Behein. Pero su voz no era de este mundo. El arreglo musical de Mírcea y la segunda voz de Aureliano Melquecedec crearon la atmósfera buscada. Ella era, lo sabía Aureliano Melquecedec. Ella era, lo sabía Mírcea.

Mírcea, aquella noche cuando apareció aquella chica y le mostró el Soneto le dijo: - ahhhh síi… ¡Qué padre! Esto sirve. Vamos a ver tu voz chiquita.

VII

Cazan ingresó en Comala como un chico más. Pero su indumentaria no encajaba en Comala. Iba de jeans, botas vaqueras, camiseta negra y gorra.

Uno de los chicos le dijo:

- ¿Y este de donde salio?

Cazan no hizo caso al comentario (Ese chico bien serviría de cena para aquella noche).

En la entrada del local se veía un cartel: “Hoy estreno de la Banda Local de Electro Dark: Mascarada”. En el afiche se veían a tres chicos góticos, un tanto gore, mezclado con un tono del filme de 1922 (Nosferatu).

- “El mundo nos sigue alabando” – pensó en sus adentros Cazan.

Los “Ancianos grises” no le perdonarían si fallaba en esta misión. Pero aquella noche no había ido a matar a nadie. Quería conocer primero a su presa, estudiarla.

La multitud fue llenando el local. El licor y las drogas empezaron a discurrir como una corriente de agua y empezó a surtir en aquellos jóvenes, ansiosos de comerse el mundo, de decirle a la humanidad que ellos existían.

Las luces se fueron apagando y en el centro del escenario apareció ella. El olor a rosas rojas llegó a Cazan. Amarantha empezó a mover sus caderas en un ritmo lento y la eclosión, el ritmo empezó in crecenso. Y Cazan quedo hechizado. Era ella. La mujer que había amado siempre: Sophía, Nefertari, Magdalena, Lucía, Elizabeta, Carmilla, Mina, Maelis, Marie Nizet, Amarantha…

¿Por qué la mentira? ¿Por qué los de su raza le habían dicho que había muerto? Pero era verdad (Amarantha había muerto para él).

Amarantha era libre. No podía pertenecer a nadie. “Amarantha”, nombre gris que huele a soledad.

La voz de Amarantha envolvió aquel lugar y un silencio, de esos de muerte llegó a Cazan.

Dorobantz, calarash, zingaros de tinte sombrío,
Beyzados cubiertos de oro que refulgen en la sombra,
al igual que los sultanes,
leones de Bucarest que uno admira por doquier,
ribereños del oltu que temen al vampiro,
oficiales de veinte años.

Y Amarantha clavó sus bellos ojos en Cazan y recordó su partida de Bucarest, que en ese tiempo había sido rebautizada como “Le petit Paris”. Amarantha en carruaje negro, con caballos negros y Cazan encadenado en el castillo del Negru Voda (Príncipe Negro), su más letal enemigo:

Sumergida en la soledad
del estudio
languidecía yo en Paris…
Feliz en el Quartier Latín
… hay quién me espera en Bucarest.
Era un día de otoño
cuando ella partió sola rumbo al Paris de oriente
(o el petit Paris).

Cazan se sintió traicionado. Pero de quién vengarse. La identidad de los “Ancianos grises” nadie la conocía. Y el poder de ellos era mucho más grande que el de él. Amarantha sabía de su presencia, pero no se inmutaba, seguía cantando.

Los sonidos digitales hacían que la voz de Amarantha ingresara en el alma de Cazan. Y por primera vez Cazan se preguntó: ¿Acaso tendré alma?

Y Amarantha sabía muy bien quién dirigía su raza, el señor oscuro, el eterno enemigo de Cazan.

- Hermanos, estamos reunidos para cumplir nuestro mayor deber, que es levantar el templo de la sangre:

Hijo de la noche
que se nos considere dignos de servirte

Y la multitud gritaba:

Que se nos considere dignos de servirte
que su sabiduría guíe nuestras obras
que su fuerza inspire nuestras obras
que nuestra obra manifieste su belleza
que nuestra obra sea aceptable a su vista.
Resucitó Osiris
uno es Osiris.
Nosotros somos todos uno en él.
¡Regocijaos, oh, hermanos, regocijaos
porque Osiris ha vencido la muerte
y al temor. No hay muerte ni temor.
Osiris vive en nosotros
y nosotros vivimos en él.

Cazan alzó sus brazos y un chillido espeluznante salio de él. La multitud no entendía lo que pasaba.
Cuando las luces se encendieron ni Amarantha, ni Cazan estaban.

Los aplausos no se hicieron esperar.

VIII

- Esta heavy eso de “los poderes especiales” ¿No? Imagino que una fuerza extraña te guía.
- No lo creas Amarantha, quizá mañana no exista por dejarte existir a ti. Los “Ancianos grises” no perdonan. ¡Nunca pensé que el ser vampiro me hiciera amar!
- No empieces de nuevo Cazan con tu romanticismo.
- ¿Te sigues bañando en rosas?
- Sí, eso me hace sublime.

Cazan arregló su sobretodo de cuero negro. Su espada decían las leyendas que llevaba escrito en su empuñadura un pensamiento en lengua elfica: “El que la lleva, un día traerá la luz de nuevo al mundo”.

- Y, tú ¿crees que los elfos existen?
- Je, je, je, los humanos dicen que nosotros no existimos, y aquí estamos.
- Tienes razón Cazan. Pero la luz llega cada amanecer.
- Esa luz no es la que busca nuestra raza. Es una luz que va más allá de todo entendimiento. Los que vivimos en los primeros tiempos conocimos esa luz, sólo que los hombres la olvidaron y por eso su mundo cada día esta más lleno de caos, odio, terrorismo, bueno en fin, un desastre total.
- ¡Y dicen que nuestra raza es el mal!
- El mal, amada Amarantha, el mal aparece a pleno mediodía al igual que en la más oscura noche. Pues el mal nace en el corazón de los hombres. Y allí es donde esta la luz perdida que muy pocos dejan florecer.
- Esta aburrida esta charla.
- Quizá, bueno cuídate mucho.
- Au revoir!

Cazan saltó de aquel departamento y se perdió de nuevo en la avenida de aquella Metrópoli latinoamericana. Pronto Amarantha supo que él ya estaba muy lejos. Y por primera vez extrañó a alguien:

“El camino es largo
y si he de seguirlo
con pie cansado… “

San Cristóbal, abril 2007

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