I
El rostro emergió
de esas aguas profundas. El rostro salió
cubierto con pétalos de rosas rojas.
El rostro abrió los ojos. Unos ojos
profundos marcados por el tiempo. Ojos que
escondían los más grandes
secretos de su raza.
El cuerpo envuelto en
agua y pétalos rojos fue saliendo
de aquella Sauna. El cuerpo desnudo, esbelto,
bello. El cuerpo de una Diosa. El cuerpo
desnudo, de piel blanca, tan blanca como
la luna.
Era medianoche. Y ella
comenzó el ritual. Porque para ella
vestirse era todo un ritual. El mundo se
lo había enseñado. Ella no
podía vestirse como cualquier mortal.
Dejó que la brisa
fresca de la noche secara su cuerpo desnudo.
Los pétalos fueron marcando un camino
por donde pasaba ella. Al fondo una vieja
melodía acompañaba la atmósfera,
un ritmo un tanto triste, gris, curtido
de desesperanza.
En el sofá estaba
otro ser. Iba vestido de jeans, una franela
negra y una gorra donde se veía la
marca del logotipo de un grupo de Rock muy
conocido en aquel país.
Ella continuó una
conversa:
- Tengo graves parasomnias,
sabes… normalmente necesito sedarme
para conciliar el sueño… veo
cosas raras, hago quizá actos de
sonambulismo, grito como desesperada…
necesito beber para soñar…
necesito beber…
Él la miraba, contemplaba
su desnudez. Él tenía las
respuestas. Ella lo sabía.
- ¿No me dices
nada? El mundo lo sabe. ¡Verdad! El
color de mi cabello y el Make Up me delatan.
- De vez en cuando amada Amarantha yo voy
con franelas negras con logos alusivos al
New Romantic… pero a veces me disfrazo
de gente normal para esconder el vampiro
interior que llevo.
- A veces las circunstancias te hacen ocultar
lo que deseas mostrar a todo el mundo Cazan,
hijo de Sahac… ¡Mírate
no soy como yo!
- Mi amada Amarantha, debes aprender mucho
aún. Y eso que tienes en ti los siglos
de los siglos.
- El tiempo no cambia.
- Los hombres tampoco – mientras esto
decía, Cazan se internó en
las sombras y desapareció en aquella
urbe, como un mortal más. México,
D.F. era el único laberinto donde
podía perderse para sobrevivir.
II
Lo que más gustaba a Gabriel, era
su lado oscuro. Él y Mircea se dedicaban
a despotricar al mundo, incomprensible para
ellos, en sus canciones.
Gabriel se había iniciado en el
Darkwave tres años atrás cuando
leía Cien
Años de soledad. La epopeya
americana que explicaba los orígenes
de aquel continente loco.
Gabriel se había bautizado Aureliano
Melquecedec (este último nombre por
Melquíades). Con el tiempo empezó
a ser absorbido por la soledad. Las letras
de sus canciones así lo reflejaban:
“El camino es
largo
y si he de seguirlo
con pie cansado,
lo andaré en los barrios
lo andaré en la noche.
El camino es largo
es triste, es grande
es ancho, es oscuro.
El camino es largo”
Mírcea por su parte le daba la
música a las letras de sus canciones.
Un ritmo que parecía venir del más
allá. Un ritmo para los corazones
oscuros.
“Las largas colas
anuncian
el principio del fin.
Todos caminan
por esta urbe
como un carnaval.
Más yo, no me encuentro.
Quizá maldito estoy”
Gabriel quería trascender. El mundo
era una triste caricatura para él.
Todos le señalaban de loco. Fue cuando
salió al mundo, se olvido de su antigua
familia y se mostró como Aureliano
Melquecedec. Empezó a ir a grupos
que sintonizaban con su pensar. Allí
fusionó su estilo y Cien
Años de soledad quedo atrás:
“El camino es largo”.
En ese andar Aureliano Melquecedec conoció
el Industrial, el Synthpop, EBM, Drumanbass,
Hard electro, el Vamp, entre otros géneros.
Su nuevo nombre empezó a sonar al
igual que su soledad.
III
Amarantha caminaba en el centro de aquella
ciudad. “Donde los vivos caminan
con los muertos” le había
dicho tiempo atrás Rulfo.
“Amarantha” era un nombre
para una Vampiro, pensaba. Era un nombre
de color gris, olía a soledad. Los
“otros” la respetaban y nunca
se acercaban a su territorio. Los hombres
la señalaban de bruja, por su cabellera
roja, su piel blanca como la luna.
A Amarantha le encantaba aquellos lugares
donde los jóvenes se disfrazaban
de ella, y ella soñando ser ellos.
Le encantaba aquel lugar, pues llegaba mucha
mercancía joven. Su lugar predilecto
era una comarca llamada “Comala”.
Allí era el centro de unión
del estilo de vida que quería vivir.
Aquella noche había presentido a
“otro” de su especie, un solitario,
uno de la raza antigua como le llamaban.
Ella no iba permitir que le quitara su lugar.
Pero aquel “otro” no estaba
interesado en Comala. Su interés
tenía un nombre: Amarantha.
IV
“El mundo era joven y bello
los hijos de la noche estaban bien,
pero se engendro el misterio
y los hijos de la noche entraron mal.
Oh sol, luna, noche, día,
los hijos de la noche no estaba bien.
Oh sol, luna, noche, día.
los hijos de la noche volverán.
El mundo ahora es viejo y feo
los hijos de la noche volverán”
Cuando terminó aquella canción,
Aureliano Melquecedec presintió que
su mundo había cambiado. Sólo
faltaba una voz que le diera vida a sus
letras muertas.
“El mundo ahora
es viejo y feo
los hijos de la noche volverán”
Amarantha a lo lejos sintió la invitación.
V
Cazan supo que Comala no sería
su nido. El mundo era muy amplio para él.
Sólo que la voz de Amarantha lo había
hechizado. ¿Cómo era posible
que mostrara su voz divina a los mortales?
Debía él eliminarla por haber
transgredido las normas.
Cazan había recorrido el mundo.
Le había tocado el papel de Inquisidor,
en la hermandad de la Logia Negra.
Los “Ancianos grises” le habían
dado ese “honor” o “maldición”
como él lo pensaba. Su nombre “Cazan”
lo había adoptado en Valaquia mucho
tiempo atrás, y desde ese día
no había tomado otro.
Los de su raza le consideraban único
en su especie, y era el único que
tenía la potestad de matar a un hermano.
Amarantha había roto las leyes.
Los “Ancianos grises” conocían
a Amarantha desde su nacimiento en la antigua
Grecia, donde llevaba el nombre de Sophía.
Había usado muchas máscaras
y nombres para existir como humana a través
de los tiempos.
Cuando fue mortal, ya poseía el
don de la premeditación. Los griegos
la vieron como la “Pitonisa”
de la que hablaba el oráculo. Los
“Ancianos grises” por su parte
consideraron según el estudio a los
astros, que ella reunía las condiciones
necesarias para ser una hija de la sangre,
por ello la convirtieron en una Lamía.
Desde los 5 años Amarantha sufrió
de severos trastornos de sueños.
En esos sueños veía a un barquero
que se acercaba y la llevaba al Hades. Cuando
iba en la barca el mar se convertía
en sangre y allí era poseída
por un ser alado. Ella despertaba en gritos.
La aldea consideró que la niña
estaba maldita y fue llevada al lugar de
Munteria.
Allí una hechicera de nombre Cirse
la consagró en el arte amatorio.
Pero su destino era otro. Los “Ancianos
grises” le siguieron y le bautizaron
Sophía después del ritual
oscuro.
VI
Amarantha se enamoró de esos dos
mortales. Aureliano Melquecedec y Mírcea.
Ella quiso audicionar como una mortal más:
"De todos los desquiciados
y todos los tiranos que conocí
de esta tierra
y bajo el amplio firmamento,
desde que el mundo es mundo,
no hubo peor.
Él será el tema de mi canto:
su nombre era Drácula Voievod
y Valaquia fue el país
que gobernó"
Amarantha había entonado una vieja
balada transilvana del poeta Behein.
Pero su voz no era de este mundo. El arreglo
musical de Mírcea y la segunda voz
de Aureliano Melquecedec crearon la atmósfera
buscada. Ella era, lo sabía Aureliano
Melquecedec. Ella era, lo sabía Mírcea.
Mírcea, aquella noche cuando apareció
aquella chica y le mostró el Soneto
le dijo: - ahhhh síi… ¡Qué
padre! Esto sirve. Vamos a ver tu voz chiquita.
VII
Cazan ingresó en Comala como un
chico más. Pero su indumentaria no
encajaba en Comala. Iba de jeans, botas
vaqueras, camiseta negra y gorra.
Uno de los chicos le dijo:
- ¿Y este de donde salio?
Cazan no hizo caso al comentario (Ese
chico bien serviría de cena para
aquella noche).
En la entrada del local se veía
un cartel: “Hoy estreno de la Banda
Local de Electro Dark: Mascarada”.
En el afiche se veían a tres chicos
góticos, un tanto gore, mezclado
con un tono del filme de 1922 (Nosferatu).
- “El mundo nos sigue alabando”
– pensó en sus adentros Cazan.
Los “Ancianos grises” no le
perdonarían si fallaba en esta misión.
Pero aquella noche no había ido a
matar a nadie. Quería conocer primero
a su presa, estudiarla.
La multitud fue llenando el local. El
licor y las drogas empezaron a discurrir
como una corriente de agua y empezó
a surtir en aquellos jóvenes, ansiosos
de comerse el mundo, de decirle a la humanidad
que ellos existían.
Las luces se fueron apagando y en el centro
del escenario apareció ella. El olor
a rosas rojas llegó a Cazan. Amarantha
empezó a mover sus caderas en un
ritmo lento y la eclosión, el ritmo
empezó in crecenso. Y Cazan quedo
hechizado. Era ella. La mujer que había
amado siempre: Sophía, Nefertari,
Magdalena, Lucía, Elizabeta, Carmilla,
Mina, Maelis, Marie Nizet, Amarantha…
¿Por qué la mentira? ¿Por
qué los de su raza le habían
dicho que había muerto? Pero era
verdad (Amarantha había muerto para
él).
Amarantha era libre. No podía pertenecer
a nadie. “Amarantha”, nombre
gris que huele a soledad.
La voz de Amarantha envolvió aquel
lugar y un silencio, de esos de muerte llegó
a Cazan.
Dorobantz, calarash, zingaros
de tinte sombrío,
Beyzados cubiertos de oro que refulgen en
la sombra,
al igual que los sultanes,
leones de Bucarest que uno admira por doquier,
ribereños del oltu que temen al vampiro,
oficiales de veinte años.
Y Amarantha clavó sus bellos ojos
en Cazan y recordó su partida de
Bucarest, que en ese tiempo había
sido rebautizada como “Le petit Paris”.
Amarantha en carruaje negro, con caballos
negros y Cazan encadenado en el castillo
del Negru Voda (Príncipe Negro),
su más letal enemigo:
Sumergida en la soledad
del estudio
languidecía yo en Paris…
Feliz en el Quartier Latín
… hay quién me espera en Bucarest.
Era un día de otoño
cuando ella partió sola rumbo al
Paris de oriente
(o el petit Paris).
Cazan se sintió traicionado. Pero
de quién vengarse. La identidad de
los “Ancianos grises” nadie
la conocía. Y el poder de ellos era
mucho más grande que el de él.
Amarantha sabía de su presencia,
pero no se inmutaba, seguía cantando.
Los sonidos digitales hacían que
la voz de Amarantha ingresara en el alma
de Cazan. Y por primera vez Cazan se preguntó:
¿Acaso tendré alma?
Y Amarantha sabía muy bien quién
dirigía su raza, el señor
oscuro, el eterno enemigo de Cazan.
- Hermanos, estamos reunidos para cumplir
nuestro mayor deber, que es levantar el
templo de la sangre:
Hijo de la noche
que se nos considere dignos de servirte
Y la multitud gritaba:
Que se nos considere dignos
de servirte
que su sabiduría guíe nuestras
obras
que su fuerza inspire nuestras obras
que nuestra obra manifieste su belleza
que nuestra obra sea aceptable a su vista.
Resucitó Osiris
uno es Osiris.
Nosotros somos todos uno en él.
¡Regocijaos, oh, hermanos, regocijaos
porque Osiris ha vencido la muerte
y al temor. No hay muerte ni temor.
Osiris vive en nosotros
y nosotros vivimos en él.
Cazan alzó sus brazos y un chillido
espeluznante salio de él. La multitud
no entendía lo que pasaba.
Cuando las luces se encendieron ni Amarantha,
ni Cazan estaban.
Los aplausos no se hicieron esperar.
VIII
- Esta heavy eso de “los poderes
especiales” ¿No? Imagino que
una fuerza extraña te guía.
- No lo creas Amarantha, quizá mañana
no exista por dejarte existir a ti. Los
“Ancianos grises” no perdonan.
¡Nunca pensé que el ser vampiro
me hiciera amar!
- No empieces de nuevo Cazan con tu romanticismo.
- ¿Te sigues bañando en rosas?
- Sí, eso me hace sublime.
Cazan arregló su sobretodo de cuero
negro. Su espada decían las leyendas
que llevaba escrito en su empuñadura
un pensamiento en lengua elfica: “El
que la lleva, un día traerá
la luz de nuevo al mundo”.
- Y, tú ¿crees que los elfos
existen?
- Je, je, je, los humanos dicen que nosotros
no existimos, y aquí estamos.
- Tienes razón Cazan. Pero la luz
llega cada amanecer.
- Esa luz no es la que busca nuestra raza.
Es una luz que va más allá
de todo entendimiento. Los que vivimos en
los primeros tiempos conocimos esa luz,
sólo que los hombres la olvidaron
y por eso su mundo cada día esta
más lleno de caos, odio, terrorismo,
bueno en fin, un desastre total.
- ¡Y dicen que nuestra raza es el
mal!
- El mal, amada Amarantha, el mal aparece
a pleno mediodía al igual que en
la más oscura noche. Pues el mal
nace en el corazón de los hombres.
Y allí es donde esta la luz perdida
que muy pocos dejan florecer.
- Esta aburrida esta charla.
- Quizá, bueno cuídate mucho.
- Au revoir!
Cazan saltó de aquel departamento
y se perdió de nuevo en la avenida
de aquella Metrópoli latinoamericana.
Pronto Amarantha supo que él ya estaba
muy lejos. Y por primera vez extrañó
a alguien:
“El camino es
largo
y si he de seguirlo
con pie cansado… “
San Cristóbal,
abril 2007 |