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marzo de 2008 Christian Dennis Hinostroza García
LA VOZ AL OTRO LADO DEL TELEFONO:
LLAMADAS QUE PUEDEN ARREBATARTE EL ALMA
La voz al otro lado del telefono

I


Era un viernes por la noche y las calles de la Ciudad Universitaria estaban colmadas de jóvenes y no tan jóvenes que se dirigían de un lugar a otro, presurosos por llegar a su destino o ansiosos por salir de una vez de aquella mole repleta de tedio y aburrimiento. En medio de toda esta parafernalia, un grupo se dirigía hacia la facultad de Ciencias Sociales, eran 10 más o menos, todos iban hablando en voz alta, riendo de cualquier comentario o “pavada” que se les ocurriese, su marcha era pausada y luego acelerada pues deseaban llegar de una vez por todas al evento que se estaba realizando en la Facultad mencionada con anterioridad. Luego de tanta marcha distraída y entre broma en broma, el grupo culminó su camino encontrándose en medio de un desfile de luces, aromas y bullicio.

“Roca” Domínguez comenzó a “chekear” el ambiente, reparó en un puesto de comida y raudamente enrumbó hacia allí, pidiendo una gran porción de chicharrones, el hambre lo estaba matando; el resto de la pandilla se dirigió hacia un improvisado estrado en el cual un entusiasmado orador declamaba “Poesía Contestataria” o al menos eso declaraba antes de leer sus poemas, había muchos allí que lo vitoreaban y lanzaban gritos de emoción ante las palabras del “revolucionario” artista, todos o la gran mayoría excepto la cara agestada de “Figura” Chanata, su sobrenombre obedecía a que siempre estaba fijándose, de manera exagerada, en la apariencia de los demás, en su “figura”, como el decía. Muchos lo consideraban superficial y vacío, para otros era sólo un niño bocón al cual le faltaba mucho por vivir. Allí estaba “Figurita” preguntándose como diablos se dejó arrastrar a aquel sitio, los gestos que le producía aquella estancia eran tan difíciles de disimular que muchos quedaron mirándolo, haciéndose la situación aún más insoportable. El resto de grupo disfrutaba con las ocurrencias del poeta, su espectáculo fue seguido de algunos números de danza y de música folklórica. Cerraba la noche una banda punk la cual se anunció entre grandes alharacas e intenso griterío, junto con ellos llegaron unos 20 sujetos de más de metro ochenta cada uno, vestían ropa de cuero, jeanes, botas estilo militar, algunos exhibían peinados y cortes típicos de la cultura “Punkeke”, lentamente estos sujetos rodearon el escenario, como si fueran una especie de seguridad o cuerpo elite de protección, la razón era que muchos en esa facultad no toleraban la música Punk, a algunos les “reventaba” que aquella banda tocase, se había corrido la voz de posibles peleas y enfrentamientos, quizá por eso es que el grupo trajo a algunos “amigos” y “seguidores” para asegurarse una victoria en la contienda.

La expectativa crecía, se hacían los arreglos para que la banda comenzase a tocar. En medio de todo, “Pitecantropus” Ferguson se había acercado a conversar con uno de los tipos que había llegado con el grupo, un sujeto de aproximadamente metro 88, vestido de cuero, con accesorios de metal en las manos; él era conocido en la facultad, había llegado hace un par de años y tenía cierta reputación lo cual infundía respeto y temor para con los que quisieran meterse con él. Ferguson lo había conocido hacía varios meses en una reunión, ambos eran cultores de las Artes Marciales, ahora mismo se encontraban charlando acerca de un último torneo de Kung Fu cuando de pronto las primeras canciones comenzaron a inundar el ambiente, poderosas guitarras eléctricas, baterías ensordecedoras, tremendas cuerdas vocales, todo mezclado en un aluvión devastador que dio por los suelos con el aguante de “Figura”, ya no sabía que hacer, deseaba irse pero no podía, no quería irse solo, detestaba estar sin compañía.

En torno al escenario, la gente comenzaba a dejarse llevar por la música, la letra y el ritmo desencadenó el “Pogo”, lloviendo un sinnúmero de patadas y golpes, gritos, empujones, saltos, todo como un ritual ancestral que acompañaba aquella fuerza musical devastadora. Por otros lados se veían pequeños grupos amenazadores. El “orgasmo” de algarabía se desencadenó cuando el grupo dejó las canciones en español a un lado y se “fue con todo” cantando “Anarchy in UK” y “God save the Queen”, himnos de la banda ícono del Punk “Sex Pistols”, la gente enloqueció y los pequeños grupetes que se habían formado cerca al evento comenzaron a movilizarse. “Marlboro” Hernández, apodo bien ganado luego de que un día se fumara casi de inmediato dos cajetillas de la marca de cigarrillos por la cual llevaba tamaña distinción, observó como el ambiente se “cargaba”, veía los rostros de aquellos que se acercaban al escenario, un presentimiento lo perturbó demasiado, lo suficiente para hablar con algunos del grupo a fin de emprender la retirada pero su reacción no llego a tiempo pues en el momento que trataba de llegar a un acuerdo con los demás comenzó la “Bronca”, tres sujetos se abalanzaron sobre uno de los que servían como improvisada seguridad sin embargo el trío entero terminó por los suelos ya que el agredido demostró una incontrolable violencia en su reacción, ante esto todos los demás acometieron al unisonó; Pitecantropus y el tipo con el que conversaba vieron la trifulca, no lo pensaron dos veces y cayeron como bólidos sobre los agresores.

Ferguson, a pesar de su metro 55, dio con varios por los suelos, su compañero en aquella batalla campal comenzó a repartir golpes que bien parecían mazazos, porrazos barbáricos que daban con cabezas, sangre y cuerpo regados por doquier, la experiencia en grescas de todo tipo lo habían curtido demasiado, eso y el haber pertenecido a los “Marines” de los EEUU en cuyo cuerpo se había ganado el apelativo de “Lacri”, nunca decía el porqué de ese apodo.

La batalla se propagó como epidemia, la banda mientras tanto seguía tocando y la voz del cantante tornábase inspirada, fuera de este mundo, convirtiendo aquella pelea en una lucha intemporal, casi mística. En medio de todo, un celular comenzó a vibrar en el bolsillo de Joaquin “Death Man” Estrada quien rápidamente lo extrajo para ver quien era el que llamaba, al revisar el número no pudo reconocerlo, de pronto llegó un mensaje de texto, rápidamente lo visualizó, las palabras eran: “Te observo desde hace días, sal de ese atolladero pues no quisiera que alguien te hiciera daño, ese privilegio únicamente será mío”, ante aquellas palabras “Death Man” comenzó a ver por todos lados, miró a los edificios contiguos y a las casonas de las facultades aledañas, tratando infantilmente de notar algo extraño o peculiar, menudo esfuerzo que debía hacer para poder lograrlo sobretodo en la caótica situación en la que se encontraba. A lo lejos podía ver como Pitecantropus Ferguson recibía un golpe en la cara y a su vez propinaba un feroz puñetazo, también en la cara, a su rival, fruto del cruce de golpes ambos quedaron por los suelos; “Death Man” se rió bruscamente de lo sucedido pero nuevamente el celular comenzó a vibrar, no quiso contestar, el anterior mensaje lo había alterado ligeramente, era comprensible dada su personalidad algo paranoide y delirante. Nuevamente se volvió para otros sitios pero era imposible notar algo, aquel infierno de música y golpizas devoraban cualquier evidencia o señal.

En algún punto de los alrededores pululaba un extraño o extraña, camuflado en las sombras y cuya única evidencia de su existencia era un celular que continuaba vibrando, una y otra vez, era insoportable, aquello de pronto extrajo de la realidad a “Death Man”, sólo el grito histérico de “Figura” lo volvió al mundo pero de manera dolorosa ya que de pronto sirvió como colchón amortiguador al cuerpo de “Figurita” quien había sido arrojado por los aires por algunos “Traviesos”; en medio del dolor y la semi - inconsciencia, el celular seguía vibrando.

 

II

El desorden que se desató por la trifulca de Sociales obligó a las fuerzas de seguridad del campus a intervenir, la calma se logró luego de casi una hora, los grupos fueron separados y algunos intentos de reiniciar la pelea fueron suprimidos casi de inmediato; lentamente el ambiente se tornaba tranquilo y con la llegada de la tranquilidad sobrevenía el aburrimiento, la gente comenzó a dispersarse, entre aquellos que se iban se encontraba el grupo de “Death Man”. Todos conversaban sobre lo ocurrido, algunos se lamentaban, en medio de ellos caminaba “Lacri” quien se había incluido en la “Mancha”, por una parte para seguir la conversación con “Pitecantropus” y por otro lado para evadir cualquier complicación que sucediera por el alboroto que había ocurrido. En medio de todos ellos “Death Man” seguía pensando en aquel mensaje y el constante vibrar de su teléfono, por el momento no se había producido ninguna llamada, sin embargo su mente seguía dándole vueltas al asunto, prefirió olvidarlo, era lo mejor, pero tampoco quería inmiscuirse en la conversación de los demás, extrajo un reproductor de música de su bolsillo y comenzó a oír una canción, una sinfonía clásica que de pronto era invadida por poderosos sintetizadores y distorsiones, la mente se ocupo de aquel pandemónium sonoro, era únicamente él, su cerebro y la parafernalia de sonidos. La concentración, el gusto, todo se esfumó cuando el cuerpo de “Death Man” se estremeció por el vibrar del celular, dejó a un lado la música y revisó su teléfono, nuevamente el número desconocido, ¿sería una broma? Pero a quién le gustaría torturarlo tanto, pensó quizá en alguno de los del grupo, en algún conocido de ellos que por encargo estaba molestándolo con tantas llamadas, en eso el teléfono dio aviso de mensaje, “Death Man” se dispuso a revisar su Buzón cuando de pronto el teléfono comenzó a sonar alocadamente, el aviso de mensajería se había trastornado, casi de inmediato llegaban uno tras otro, parecía una rapidez inhumana, tanto alboroto atrajo la curiosidad de Marlboro y de Pitecantropus pero a lo mucho sólo atinaron a reírse y a burlarse de la situación, “Death Man” pensó que aquello no era asunto de juego.

Cuando el grupo llegó a la puerta de salida, cada uno comenzó a dispersarse, al final sólo quedó “Death Man”, el sonido del celular se había detenido, la pantalla mostraba unos 40 mensajes, pero aún no se había animado a revisarlos, sin embargo debía hacerlo, aquello no podía prolongarse más.

Frases como “¿Amas la muerte?”, “Condenadamente tuyo”, “El Infierno es un buen lugar para pasar una ardiente Luna de Miel”, “¿Arsénico como bebida de bodas?”, "Te sigo los pasos desde hace mucho”, “Esta noche es especial, por eso decidí revelarme”, “Tu sangre será mi bebida de todos los días”, “Sueñas con fantasmas y demonios”, “Las pesadillas que hayas tenido no son nada con lo que viene”, “Haré el amor con tu cadáver”, etc. Por cada mensaje que leía, “Death Man” se sentía presa de un miedo cuya intensidad se elevaba más allá de las nubes, las manos comenzaron a temblarle, estuvo a punto de dejar caer su celular o en todo caso a arrojarlo y destruirlo, ¿de esa manera se vería libre de tamaña condena? Qué fácil era engañarse a sí mismo, sabía que aquello no era tan simple.

El celular nuevamente comenzó a vibrar, “Death Man” deseaba que jamás se hubiese inventado aquel bendito aparato, cuanto hubiese dado por retroceder en el tiempo para evitar tamaña infamia por medio de la cual ahora él era presa de una persona enferma. El celular seguía vibrando, una y otra vez, paraba un momento y luego volvía a iniciarse el fatal “concierto tecnológico”. En un arrebato de locura, “Death Man” contestó rápidamente el teléfono, ¡Hola! fue la respuesta que recibió a su acto, en ese momento no supo que hacer, si cortarle o proseguir la conversación, optó por lo segundo.

- ¿Quién eres? – preguntó “Death Man”.

- ¿No te acuerdas de mí? – respondió el extraño.

“Death Man” no sabía quien era, la voz le sonaba algo confusa, es más ni siquiera sabía si se trataba de un hombre o una mujer, el extraño o la extraña variaba demasiado el tono de voz, de una manera demasiado rápida, casi imperceptible.

El silencio fue interrumpido por la voz al otro lado del teléfono.

- Soy una antigua admiradora tuya – dijo aquel que ahora se revelaba como ella.

La voz sonó más clara, definitivamente era una mujer, parecía que había decidido revelar un poco más de su identidad.

- ¿Qué quieres de mí? – interrogó “Death Man”.

- Tú sabes lo que deseo – respondió ella.

- No, la verdad no me imagino qué podría ser – respondió “Death Man” tratando de disimular el temblor que experimentaba al hablar.

Del otro lado, el silencio le respondió, segundos interminables en los que no se oía nada, “Death Man” quiso cortar la comunicación pero sus manos no le respondían, su voluntad contrariada luchaba por evitar la huida, quería ir más allá en ese asunto.

- Si deseas que esta noche culmine con un final digno de la locura – dijo por fin ella - si deseas ser libre de todo esto, si deseas conocerme e insultarme en mi propia cara, no como yo que soy una cobarde, entonces ven, sigue las instrucciones que te voy a dar y me encontrarás. ¿Vendrás por propia voluntad?

“Death Man” quedóse pensativo, ahora él le respondió con el silencio, seguirla, ir hacia la boca del lobo, ¿Quizá a su muerte?, al encuentro de una psicópata, de una neurótica, de una psicótica o lo que fuese. ¿Por qué expondría su pellejo a tanto?, podía cambiar el número de su celular, romperlo, venderlo, no tenerlo, ¿qué le importaba quién era aquella?, acudiría a algún profesor de su facultad para que lo ayude, a las autoridades del campus, en última instancia a la policía, había muchos medios para poder detener a aquella y de paso evitarse el mal rato de tener que verle la cara.

- Dime lo que tengo que hacer para llegar a ti – habló “Death Man”, sorprendido de sí mismo, las palabras le habían salido de manera automática, no había tenido tiempo ni siquiera de detenerlas.


III


Por una larga avenida de la Ciudad Universitaria caminaba un loco solitario, en su mano derecha sostenía un celular, parecía que hablaba con alguien, su marcha era algo atolondrada, de repente paraba, miraba a todos lados y luego volvíase decepcionado hacia el frente, al camino que pronto debía terminar. Sus pasos lo llevaron a una antigua casona abandonada que en un tiempo sirvió de sede a las oficinas del Rectorado y que ahora lucía toda destartalada, con un aire que estremecía debido a su imponente fachada, recargada de adornos corroídos por el tiempo y por el descuido, una construcción mezcla de antigüedad y ruina. La puerta que sólo era un agujero abría paso a una creciente obscuridad, la entrada tenía en cada extremo del marco las figuras de extraños personajes que en un tiempo representaron los valores que supuestamente defendía la formación universitaria y que ahora, al igual que aquellos principios, lucían abandonados, olvidados, sin vida; la expresión de los rostros era sobrecogedora, los ojos de las imágenes eran ahora únicamente manchas plomas, parecían no ver a ningún lado, pero combinados con la expresión actual del rostro irradiaban un extraño terror, guardianes viviendo en la muerte, protegiendo aquella puerta principal, aquel hueco obscuro que ahora conducía únicamente al vacío del abandono, transfigurado en ese momento a un portal de algún infierno intemporal, así pareciole a “Death Man” aquel sitio cuando llegó a las mismas puertas, esforzándose por observar aquellos rostros pétreos y muertos, contemplando el todo rodeado de poderosas sombras; quedose fuera, a las puertas del abismo, la voz del celular había terminado sus instrucciones.

- Entra, ingresa para que nos conozcamos mejor – dijo una voz cercana proveniente del interior de la casona.

“Death Man” ingresó, el miedo anterior parecía haberse disipado, no podía parar su marcha, sentíase como una presa atraída por su predador, careciendo de cualquier sentido de alerta o cuidado, como si aquella simple invitación ejerciera una fuerza incontenible que lo arrastraba al interior de aquel sitio.

Afuera, la noche comenzaba a dibujarse calma, nada fuera de lo común en el ambiente, las escasas personas caminaban ya de salida del campus, algunos vigilantes daban una que otra ronda, dejándolas a medias, preferían retirarse a sus bases para dormir uno que otro momento o en todo para caso llenar el estómago con algún bocadillo ocasional.

La Universidad era inmensa, un pequeño mundo dentro de una megaurbe decadente y tercermundista. Las horas de la noche se incrementaban cada vez más, adornadas con algunas estrellas y una luna moribunda. Los pecados nocturnos comenzaban a elevarse y a cantar sus glorias a la obscuridad. Fuerzas y seres extraños discurrían como sombras, pululando en las esquinas, observando, escudriñando a cuanto ser vivo se aventurara en los territorios de las tinieblas; pero no sólo lo sobrenatural rabiaba de gusto, seres humanos ávidos de necesidad, otros de placer, salían a las calles en busca de presas jugosas, víctimas como las que hay y habrán por todo el mundo, modernos predadores que compartían el silencio y la noche para consolidar su existencia, invisibles para muchos, aparecían y se esfumaban. La tranquilidad sólo es una careta.

En el centro de ese mundo una vieja casona, fachada tétrica, una puerta convertida en grotesca boca cuya presencia ejercía un poder fagocitador deseoso de devorar el mundo. Del interior de aquel vientre putrefacto y material se escuchaban ruidos.

Pasos, lentos, ahora apresurados, algo se movía adentro, pero no había luminosidad que lo evidenciara claramente, confusión en el caminar, tropiezos, maldiciones por no haber llevado aunque sea un encendedor. Los pasos se detuvieron, un aire frío recorrió el mundo, congelando los huesos y los músculos de los mortales.

Una voz se escuchó desde adentro, ¿Quién eres? - preguntó la voz de “Death Man” – su tono se esforzaba por ser duro pero era difícil lograrlo.

- Por fin vienes a mí, después de tanta espera - fue la respuesta que recibió la voz interrogadora.

Nuevamente los pasos se reanudaron, avanzaban pausadamente, buscaban algo, quizá acercarse a alguien, un momento después aquellos se detuvieron. Te conozco – dijo la voz de “Death Man” - así que eras tú, pero pensé que…, tu hermano me dijo que habías muert…, no pudo terminar la frase. ¿Cómo aquello era posible?

Luego se escuchó un ruido, como si un cuerpo hubiera caído, luego el silencio, después un sonido de llanto, sollozo, desesperación; la voz de “Death Man” se había apagado, no profería palabra alguna.

El llanto de aquella mujer poco a poco se fue desvaneciendo, luego desapareció, siendo reemplazado por una risa escalofriante, un sonido agudo que helaba la carne, cuyo eco increíblemente comenzó a elevarse, los tímpanos bien podrían reventar pero eso sería el mal menor ya que aquello era desesperante, el cerebro se veía invadido y quizá la única manera de librarte de él sería la muerte.

- ¡Basta!!!!!! – profirió un grito impregnado de angustia - ¿Dime qué es lo que deseas de mi? ¿Y a qué vienen esos chillidos? Son desesperantes, como es posible que un ser humano pueda proferir tamaña aberración. Sabes, es como si rayaras metal, pero dentro del mismo oído o del mismo cerebro, ¡maldita! ¡Casi me llevas al borde de la locura!!! - gritaba histérico “Death Man”, respondiendo locura con locura, producto más de la situación que únicamente del hecho de haber tenido que soportar tanto sufrimiento sonoro.

- ¡Locura!!! - Profirió la voz de la mujer - ¿Qué sabes tu de locura?¿Has experimentado alguna vez la verdadera locura? ¿Un suceso que te trastornó por completo? ¿El quedar de una forma que al final no sabes quien eres ya? ¿El perderte en otro ser, el convertirte en algo que en parte eres tu y en parte no? ¿Has experimentado eso alguna vez?

- Eres una demente – afirmó la voz de “Death Man” – si querías confesar tus trastornos es mejor que hubieras acosado a un psicólogo o a un sacerdote.

- ¿Crees en algo? – interrogó la voz de la mujer.

Un breve lapso de silencio volvió a inundar el ambiente.

- No sé en qué creer – respondió la voz de “Death Man” – hace mucho tiempo que perdí la fe, supongo que se fue o quizá debe estar dormida.

Las últimas palabras fueron dichas en un tono peculiar, ante eso la voz de la mujer contestó: ¡sarcasmo!, me gustó tu respuesta, ya tienes un punto más a tu favor, creo que elegí bien, escondes muy bien tu desesperación haciéndote el hiriente, creo que eres un resentido, y esa furia es un exquisito alimento, tu odio hacia el mundo y hacia las personas te será de mucha utilidad… Luego...

Una nueva pausa se produjo en la conversación, el silencio era insoportable en ocasiones.

- ¿A qué te refieres? – Interrogó la voz de “Death Man”- No sé de que me hablas, el mundo no me importa, no lo odio, simplemente me “llega”.

Una risa potentísima se elevó después de aquella afirmación, su fuerza inundó y retumbó por toda la casa, propagándose hasta fuera de la misma, impregnándose en el espacio; algunos perros comenzaron a aullar, las lechuzas volaron de los árboles “chirriando”, los gatos maullaron de manera sugestiva y tétrica, un maullido ancestral, como si en ellos se hubiera despertado un antiguo espíritu, intemporal, que aun perduraba.

El sonido de la risa se prolongó algo más de un minuto, luego se pudieron escuchar pasos, alguien se dirigía a algún sitio, el eco de los mismos comenzó a sentirse con más fuerza, el ruido se elevaba, parecían no uno sino muchos seres que caminaban, que golpeaban, el retumbar de aquellos hacía vibrar y estremecer la tierra, lo curioso era que aquel acompañamiento provenía de debajo del mundo, de lugares subterráneos, un eco que se dejaba sentir incluso fuera del lugar donde acontecían los hechos, los vigilantes del campus tornáronse consternados hacia el suelo, debajo del mismo el retumbe no se detenía, parecía una extraña marcha que discurría por pasajes de locura, pero todo espectáculo es completo cuando se une un conveniente acompañamiento musical y este se dio de la forma de un torrente de aullidos, chirridos, maullidos; los vigilantes salieron consternados de sus puestos, linternas en mano, comunicadores en la otra, la fuerza de aquellos sucesos fue tanto que los perturbó por completo, nunca habían escuchado tamaña locura en ninguna noche de la que tuvieran memoria.

En medio de todo aquel pandemónium, comenzaron a escucharse ruidos de la casa, bocas que se unían, salivación, unión de lenguas, sonidos tan discretos pero que extrañamente se imponían a aquel bestial concierto que se desataba.

- ¡Ahora sabrás el porqué de mi llamado!, dijo la voz de la mujer, de repente un grito trató de formarse, una voz de hombre, la voz de “Death Man”, pero fue ahogado por un estrépito tremendo, parecía que el piso se había roto, explotado, hecho pedazos por algo, si era así sólo podía provenir del interior del suelo, algo descabellado pero ¿cuántas cosas descabelladas y ocultas ocurren a lo largo de la existencia?

El ruido destructor fue acompañado de extraños gemidos, quejidos, lamentos, regurgitaciones, gruñidos, rasguños, etc. Pero todo aquello fue dominado nuevamente por aquella risa estridente, pero esta vez aquello se prolongó tanto, subió al mundo tan fuerte, con tanta intensidad, que muchos en los alrededores salieron a las ventanas, varias de las cuales estallaron en pedazos, otros comenzaron a llorar, quizá pensaban que estaban en medio de una pesadilla que había invadido el mundo de lo real y que se negaba a morir y a volver a territorio onírico.

En el interior de la casa el chillido proseguía. La voz de “Death Man” era inexistente. De pronto la risa demencial cesó, repentinamente sobrevino un nuevo sonido, como si algo estuviera saliendo, deslizándose desde algún escondrijo, reptando, arrastrándose, al mismo tiempo se podía sentir una especie de crujido, como si ese algo estuviera destrozando una especie de cascarón. En ese instante la voz de “Death Man” logró proferir un terrible grito, había tanto miedo en aquella desesperada voz, el terror se apoderó de él en ese entonces, la última sensación que quizá experimentaría aquel desdichado, pero su voz fue apagada por otro ruido, era como si se atorara, como si deseara vomitar, como si tratara de impedir que alguna cosa se le introdujera por la boca y era cierto pues en medio de esa lucha se podía sentir un deslizamiento, nuevamente aquel sonido reptante que se movía desesperado, esforzándose por llegar a su destino. El sonido de lucha prosiguió y cuando culminó fue seguido por un nuevo grito que se elevó a los cielos y descendió a lo profundo del mundo, un grito que fue acompañado por una terrible exclamación de parte de extrañas voces, terribles e inhumanas, el estruendo fue tanto que terminó por dar por los suelos con los nervios de las personas que vivían en las cercanías y con los vigilantes del campus.

La locura poco a poco fue disminuyendo, opacándose por la sirenas de muchos autos y patrulleros policiales que llegaban al lugar de los hechos.

Era de madrugada cuando por fin se levantó el parte policial, el comandante Reyes Vargas junto a su ayudante revisaban la escena del crimen, la casona estaba intacta, no había daño alguno, ni paredes ni piso presentaban alteraciones, pero en medio de todos había un cuerpo femenino totalmente destrozado, al lado del mismo un conjunto de prendas de hombre, rasgadas, hechas tirones.

- ¿Un nuevo destripador o descuartizador? – dijo el ayudante del comandante.

- Es posible – dijo Reyes – pero ¿Sabes qué?, la disposición del cuerpo y la forma en que está, por un momento me pareció que aquella persona hubiese reventado como si se tratase de un capullo, jajaj como si algo de dentro de ella hubiese salido y de paso hubiese destrozado el cuerpo… ¿No te parece ridículo?

- Creo que ha estado viendo mucho la Dimensión Desconocida – respondió el ayudante, tratando de disimular un poco la risa.

- Creo que tienes razón – respondió Reyes, sonriendo, sin embargo su oculta preocupación le señalaba que aquella hipótesis en ocasiones no le parecía tan ridícula.


IV

IV
Tres meses habían transcurrido ya. En un cementerio, un grupo de jóvenes se reunían alrededor de una tumba, en el epitafio estaba escrito Joaquin “Death Man” Estrada, no había frase debajo del nombre, sólo la fecha de su nacimiento y la de su fallecimiento, delante de aquel monumento funerario, Marlboro, Roca, Figura, Pitecantropus y otros más contemplaban aquella última morada en la cual sólo había un conjunto de ropas hechos tirones, unos libros, algunos CD de música, DVD de películas de Tim Burton y una pequeña fotografía, testimonio de que alguna vez existió “Death Man”. Nadie dijo nada, sólo recordaron el aniversario de la muerte del amigo, luego se retiraron. El grupo se alejó pero en ese momento Figura revisó su bolsillo, le faltaba algo, seguramente se le había caído en la tumba, se alejó del grupo y volvió a aquel lugar, cuando se acercaba vio a un hombre vestido de negro, alto y delgado, que estaba parado delante de la sepultura de “Death Man”, aquel ser contemplaba la lápida que sobresalía del suelo, de pronto extrajo algo de un bolsillo, se agachó y escribió en aquella mortuoria superficie, luego se incorporó y sacó un nuevo objeto de su otro bolsillo, era un teléfono celular, así había comenzado todo y así seguiría, era una manera interesante de conseguir víctimas que aplacarían su “hambre”. Su “progenitora” sólo había usado aquella tecnología como recurso para supervivir ya que su “cuerpo” estaba amenazado por una “enfermedad” que tarde o temprano la llevaría a la tumba, era mejor dejar aquel organismo ya condenado, así fingió su aparente muerte para luego emerger en una vida oculta, exhibiendo sin ningún reparo el poder que se le había concedido, libre para buscar al futuro ser con el cual sería uno, el mismo y diferente a la vez; la búsqueda combinó la tecnología de comunicación con la revisión de las memorias perdidas de su “anterior” vida hasta reparar en algo que dormía desde hace muchos años en la mente joven de aquella mujer, un amor de la infancia, ese fue el punto de partida para realizar la elección; él como su “descendiente” recordaba todo aquello y mucho más, un gran conocimiento, dones y poderes que ahora poseía, pero en su caso aquel bendito teléfono no sería una simple herramienta de supervivencia, su nueva existencia apreciaba los recursos de la modernidad, sería un camino a la despensa donde hallaría suculentos platillos, un sádicamente hermoso juego que desataría, llevando a la locura a incontables seres, arrastrándolos a una deliciosa insania, antes de rendirse a sus voraces apetitos, la muerte como la culminación de todo ese proceso, el sabor de la misma se agolpaba ya en su ser.

Así estuvo aquel extraño, sumido en su propio mundo, admirado de sí mismo, del tiempo que le había tocado vivir, ahora si gozaba y se sentía feliz en aquel sistema en el que podía combinar su existencia antiquísima con el poder de las computadoras, de la telefonía celular, de todo elemento pirata que la sociedad proveía de manera asolapada, tenía mucho más que aprender, conocimientos que le permitirían gozar del género humano, en muchos sentidos.

El tiempo parecía eterno cuando aquel extraño vislumbraba sus pensamientos pero en la vida real habían transcurrido algunos minutos, tiempo que necesitó Figura para decidir acercarse a aquel quien de pronto sintió que alguien estaba detrás de él, percibió que una mano se le acercaba para tocarlo, en ese momento un fuerte viento se levantó, una gran cantidad de tierra perturbó por un momento los sentidos de Figura, tuvo que cerrar los ojos y protegerse la cara con sus brazos; segundos después, de improviso, aquella ráfaga y toda esa materia levantada desaparecieron y se perdieron rápidamente en el olvido, Figura retiró los brazos de la cara y abrió los ojos, ya no sentía el viento ni la tierra, el ambiente estaba limpio y claro, tan limpio que incluso toda esa locura se había llevado al extraño, arrebatándolo del mundo, del tiempo y el espacio, Figura buscó por todas lados pero no pudo hallarlo, el grupo lo había dejado ya, de seguro no volverían, quizá lo estaban esperando en la puerta pues ya conocían sus hábitos de “hacerse el importante”.

Figura había olvidado lo que tenía que buscar, en ese momento ya no le importaba, era aquel ser quien había llamado su atención, de pronto reparó en la lápida de “Death Man”, había algo escrito debajo de su nombre, decía: “Llamadas que pueden arrebatarte el Alma”, Figura se quedó extrañamente fijado en aquellas palabras, de pronto escuchó la voz de Marlboro que lo estaba llamando, comenzó a caminar, retirándose del lugar, en su mente se grabó aquella inscripción, cuya imagen pululaba en su pensamiento, él pensaba que era ridículo sin embargo no podía librarse de aquellas palabras, incluso sentía que una voz se las repetía constantemente. De pronto algo lo perturbó, cuando se dio cuenta de qué era, quedóse mudo, se trataba de su celular, vibraba de manera incontenible, recordó la frase nuevamente.

En el ambiente algo sutil se escuchó, un eco extraño, parecía una risa, algo estridente, sinónimo de la locura.

Figura seguía petrificado, con la frase en su mente y el celular que continuaba vibrando.

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