I
Era un viernes por la noche y las calles
de la Ciudad Universitaria estaban colmadas
de jóvenes y no tan jóvenes
que se dirigían de un lugar a otro,
presurosos por llegar a su destino o ansiosos
por salir de una vez de aquella mole repleta
de tedio y aburrimiento. En medio de toda
esta parafernalia, un grupo se dirigía
hacia la facultad de Ciencias Sociales,
eran 10 más o menos, todos iban hablando
en voz alta, riendo de cualquier comentario
o “pavada” que se les ocurriese,
su marcha era pausada y luego acelerada
pues deseaban llegar de una vez por todas
al evento que se estaba realizando en la
Facultad mencionada con anterioridad. Luego
de tanta marcha distraída y entre
broma en broma, el grupo culminó
su camino encontrándose en medio
de un desfile de luces, aromas y bullicio.
“Roca” Domínguez comenzó
a “chekear” el ambiente, reparó
en un puesto de comida y raudamente enrumbó
hacia allí, pidiendo una gran porción
de chicharrones, el hambre lo estaba matando;
el resto de la pandilla se dirigió
hacia un improvisado estrado en el cual
un entusiasmado orador declamaba “Poesía
Contestataria” o al menos eso declaraba
antes de leer sus poemas, había muchos
allí que lo vitoreaban y lanzaban
gritos de emoción ante las palabras
del “revolucionario” artista,
todos o la gran mayoría excepto la
cara agestada de “Figura” Chanata,
su sobrenombre obedecía a que siempre
estaba fijándose, de manera exagerada,
en la apariencia de los demás, en
su “figura”, como el decía.
Muchos lo consideraban superficial y vacío,
para otros era sólo un niño
bocón al cual le faltaba mucho por
vivir. Allí estaba “Figurita”
preguntándose como diablos se dejó
arrastrar a aquel sitio, los gestos que
le producía aquella estancia eran
tan difíciles de disimular que muchos
quedaron mirándolo, haciéndose
la situación aún más
insoportable. El resto de grupo disfrutaba
con las ocurrencias del poeta, su espectáculo
fue seguido de algunos números de
danza y de música folklórica.
Cerraba la noche una banda punk la cual
se anunció entre grandes alharacas
e intenso griterío, junto con ellos
llegaron unos 20 sujetos de más de
metro ochenta cada uno, vestían ropa
de cuero, jeanes, botas estilo militar,
algunos exhibían peinados y cortes
típicos de la cultura “Punkeke”,
lentamente estos sujetos rodearon el escenario,
como si fueran una especie de seguridad
o cuerpo elite de protección, la
razón era que muchos en esa facultad
no toleraban la música Punk, a algunos
les “reventaba” que aquella
banda tocase, se había corrido la
voz de posibles peleas y enfrentamientos,
quizá por eso es que el grupo trajo
a algunos “amigos” y “seguidores”
para asegurarse una victoria en la contienda.
La expectativa crecía, se hacían
los arreglos para que la banda comenzase
a tocar. En medio de todo, “Pitecantropus”
Ferguson se había acercado a conversar
con uno de los tipos que había llegado
con el grupo, un sujeto de aproximadamente
metro 88, vestido de cuero, con accesorios
de metal en las manos; él era conocido
en la facultad, había llegado hace
un par de años y tenía cierta
reputación lo cual infundía
respeto y temor para con los que quisieran
meterse con él. Ferguson lo había
conocido hacía varios meses en una
reunión, ambos eran cultores de las
Artes Marciales, ahora mismo se encontraban
charlando acerca de un último torneo
de Kung Fu cuando de pronto las primeras
canciones comenzaron a inundar el ambiente,
poderosas guitarras eléctricas, baterías
ensordecedoras, tremendas cuerdas vocales,
todo mezclado en un aluvión devastador
que dio por los suelos con el aguante de
“Figura”, ya no sabía
que hacer, deseaba irse pero no podía,
no quería irse solo, detestaba estar
sin compañía.
En torno al escenario, la gente comenzaba
a dejarse llevar por la música, la
letra y el ritmo desencadenó el “Pogo”,
lloviendo un sinnúmero de patadas
y golpes, gritos, empujones, saltos, todo
como un ritual ancestral que acompañaba
aquella fuerza musical devastadora. Por
otros lados se veían pequeños
grupos amenazadores. El “orgasmo”
de algarabía se desencadenó
cuando el grupo dejó las canciones
en español a un lado y se “fue
con todo” cantando “Anarchy
in UK” y “God save the Queen”,
himnos de la banda ícono del Punk
“Sex Pistols”, la gente enloqueció
y los pequeños grupetes que se habían
formado cerca al evento comenzaron a movilizarse.
“Marlboro” Hernández,
apodo bien ganado luego de que un día
se fumara casi de inmediato dos cajetillas
de la marca de cigarrillos por la cual llevaba
tamaña distinción, observó
como el ambiente se “cargaba”,
veía los rostros de aquellos que
se acercaban al escenario, un presentimiento
lo perturbó demasiado, lo suficiente
para hablar con algunos del grupo a fin
de emprender la retirada pero su reacción
no llego a tiempo pues en el momento que
trataba de llegar a un acuerdo con los demás
comenzó la “Bronca”,
tres sujetos se abalanzaron sobre uno de
los que servían como improvisada
seguridad sin embargo el trío entero
terminó por los suelos ya que el
agredido demostró una incontrolable
violencia en su reacción, ante esto
todos los demás acometieron al unisonó;
Pitecantropus y el tipo con el que conversaba
vieron la trifulca, no lo pensaron dos veces
y cayeron como bólidos sobre los
agresores.
Ferguson, a pesar de su metro 55, dio con
varios por los suelos, su compañero
en aquella batalla campal comenzó
a repartir golpes que bien parecían
mazazos, porrazos barbáricos que
daban con cabezas, sangre y cuerpo regados
por doquier, la experiencia en grescas de
todo tipo lo habían curtido demasiado,
eso y el haber pertenecido a los “Marines”
de los EEUU en cuyo cuerpo se había
ganado el apelativo de “Lacri”,
nunca decía el porqué de ese
apodo.
La batalla se propagó como epidemia,
la banda mientras tanto seguía tocando
y la voz del cantante tornábase inspirada,
fuera de este mundo, convirtiendo aquella
pelea en una lucha intemporal, casi mística.
En medio de todo, un celular comenzó
a vibrar en el bolsillo de Joaquin “Death
Man” Estrada quien rápidamente
lo extrajo para ver quien era el que llamaba,
al revisar el número no pudo reconocerlo,
de pronto llegó un mensaje de texto,
rápidamente lo visualizó,
las palabras eran: “Te
observo desde hace días, sal de ese
atolladero pues no quisiera que alguien
te hiciera daño, ese privilegio únicamente
será mío”,
ante aquellas palabras “Death Man”
comenzó a ver por todos lados, miró
a los edificios contiguos y a las casonas
de las facultades aledañas, tratando
infantilmente de notar algo extraño
o peculiar, menudo esfuerzo que debía
hacer para poder lograrlo sobretodo en la
caótica situación en la que
se encontraba. A lo lejos podía ver
como Pitecantropus Ferguson recibía
un golpe en la cara y a su vez propinaba
un feroz puñetazo, también
en la cara, a su rival, fruto del cruce
de golpes ambos quedaron por los suelos;
“Death Man” se rió bruscamente
de lo sucedido pero nuevamente el celular
comenzó a vibrar, no quiso contestar,
el anterior mensaje lo había alterado
ligeramente, era comprensible dada su personalidad
algo paranoide y delirante. Nuevamente se
volvió para otros sitios pero era
imposible notar algo, aquel infierno de
música y golpizas devoraban cualquier
evidencia o señal.
En algún punto de los alrededores
pululaba un extraño o extraña,
camuflado en las sombras y cuya única
evidencia de su existencia era un celular
que continuaba vibrando, una y otra vez,
era insoportable, aquello de pronto extrajo
de la realidad a “Death Man”,
sólo el grito histérico de
“Figura” lo volvió al
mundo pero de manera dolorosa ya que de
pronto sirvió como colchón
amortiguador al cuerpo de “Figurita”
quien había sido arrojado por los
aires por algunos “Traviesos”;
en medio del dolor y la semi - inconsciencia,
el celular seguía vibrando.
II
El desorden que se desató por la
trifulca de Sociales obligó a las
fuerzas de seguridad del campus a intervenir,
la calma se logró luego de casi una
hora, los grupos fueron separados y algunos
intentos de reiniciar la pelea fueron suprimidos
casi de inmediato; lentamente el ambiente
se tornaba tranquilo y con la llegada de
la tranquilidad sobrevenía el aburrimiento,
la gente comenzó a dispersarse, entre
aquellos que se iban se encontraba el grupo
de “Death Man”. Todos conversaban
sobre lo ocurrido, algunos se lamentaban,
en medio de ellos caminaba “Lacri”
quien se había incluido en la “Mancha”,
por una parte para seguir la conversación
con “Pitecantropus” y por otro
lado para evadir cualquier complicación
que sucediera por el alboroto que había
ocurrido. En medio de todos ellos “Death
Man” seguía pensando en aquel
mensaje y el constante vibrar de su teléfono,
por el momento no se había producido
ninguna llamada, sin embargo su mente seguía
dándole vueltas al asunto, prefirió
olvidarlo, era lo mejor, pero tampoco quería
inmiscuirse en la conversación de
los demás, extrajo un reproductor
de música de su bolsillo y comenzó
a oír una canción, una sinfonía
clásica que de pronto era invadida
por poderosos sintetizadores y distorsiones,
la mente se ocupo de aquel pandemónium
sonoro, era únicamente él,
su cerebro y la parafernalia de sonidos.
La concentración, el gusto, todo
se esfumó cuando el cuerpo de “Death
Man” se estremeció por el vibrar
del celular, dejó a un lado la música
y revisó su teléfono, nuevamente
el número desconocido, ¿sería
una broma? Pero a quién le gustaría
torturarlo tanto, pensó quizá
en alguno de los del grupo, en algún
conocido de ellos que por encargo estaba
molestándolo con tantas llamadas,
en eso el teléfono dio aviso de mensaje,
“Death Man” se dispuso a revisar
su Buzón cuando de pronto el teléfono
comenzó a sonar alocadamente, el
aviso de mensajería se había
trastornado, casi de inmediato llegaban
uno tras otro, parecía una rapidez
inhumana, tanto alboroto atrajo la curiosidad
de Marlboro y de Pitecantropus pero a lo
mucho sólo atinaron a reírse
y a burlarse de la situación, “Death
Man” pensó que aquello no era
asunto de juego.
Cuando el grupo llegó a la puerta
de salida, cada uno comenzó a dispersarse,
al final sólo quedó “Death
Man”, el sonido del celular se había
detenido, la pantalla mostraba unos 40 mensajes,
pero aún no se había animado
a revisarlos, sin embargo debía hacerlo,
aquello no podía prolongarse más.
Frases como “¿Amas
la muerte?”, “Condenadamente
tuyo”, “El
Infierno es un buen lugar para pasar una
ardiente Luna de Miel”,
“¿Arsénico como bebida
de bodas?”,
"Te sigo los pasos desde hace mucho”,
“Esta noche es especial,
por eso decidí revelarme”,
“Tu sangre será
mi bebida de todos los días”,
“Sueñas con fantasmas
y demonios”,
“Las pesadillas que hayas tenido no
son nada con lo que viene”,
“Haré el amor con tu cadáver”,
etc. Por cada mensaje que leía, “Death
Man” se sentía presa de un
miedo cuya intensidad se elevaba más
allá de las nubes, las manos comenzaron
a temblarle, estuvo a punto de dejar caer
su celular o en todo caso a arrojarlo y
destruirlo, ¿de esa manera se vería
libre de tamaña condena? Qué
fácil era engañarse a sí
mismo, sabía que aquello no era tan
simple.
El celular nuevamente comenzó a
vibrar, “Death Man” deseaba
que jamás se hubiese inventado aquel
bendito aparato, cuanto hubiese dado por
retroceder en el tiempo para evitar tamaña
infamia por medio de la cual ahora él
era presa de una persona enferma. El celular
seguía vibrando, una y otra vez,
paraba un momento y luego volvía
a iniciarse el fatal “concierto tecnológico”.
En un arrebato de locura, “Death Man”
contestó rápidamente el teléfono,
¡Hola! fue la respuesta que recibió
a su acto, en ese momento no supo que hacer,
si cortarle o proseguir la conversación,
optó por lo segundo.
- ¿Quién eres? – preguntó
“Death Man”.
- ¿No te acuerdas de mí? –
respondió el extraño.
“Death Man” no sabía
quien era, la voz le sonaba algo confusa,
es más ni siquiera sabía si
se trataba de un hombre o una mujer, el
extraño o la extraña variaba
demasiado el tono de voz, de una manera
demasiado rápida, casi imperceptible.
El silencio fue interrumpido por la voz
al otro lado del teléfono.
- Soy una antigua admiradora tuya –
dijo aquel que ahora se revelaba como ella.
La voz sonó más clara, definitivamente
era una mujer, parecía que había
decidido revelar un poco más de su
identidad.
- ¿Qué quieres de mí?
– interrogó “Death Man”.
- Tú sabes lo que deseo – respondió
ella.
- No, la verdad no me imagino qué
podría ser – respondió
“Death Man” tratando de disimular
el temblor que experimentaba al hablar.
Del otro lado, el silencio le respondió,
segundos interminables en los que no se
oía nada, “Death Man”
quiso cortar la comunicación pero
sus manos no le respondían, su voluntad
contrariada luchaba por evitar la huida,
quería ir más allá
en ese asunto.
- Si deseas que esta noche culmine con un
final digno de la locura – dijo por
fin ella - si deseas ser libre de todo esto,
si deseas conocerme e insultarme en mi propia
cara, no como yo que soy una cobarde, entonces
ven, sigue las instrucciones que te voy
a dar y me encontrarás. ¿Vendrás
por propia voluntad?
“Death Man” quedóse pensativo,
ahora él le respondió con
el silencio, seguirla, ir hacia la boca
del lobo, ¿Quizá a su muerte?,
al encuentro de una psicópata, de
una neurótica, de una psicótica
o lo que fuese. ¿Por qué expondría
su pellejo a tanto?, podía cambiar
el número de su celular, romperlo,
venderlo, no tenerlo, ¿qué
le importaba quién era aquella?,
acudiría a algún profesor
de su facultad para que lo ayude, a las
autoridades del campus, en última
instancia a la policía, había
muchos medios para poder detener a aquella
y de paso evitarse el mal rato de tener
que verle la cara.
- Dime lo que tengo que hacer para llegar
a ti – habló “Death Man”,
sorprendido de sí mismo, las palabras
le habían salido de manera automática,
no había tenido tiempo ni siquiera
de detenerlas.
III
Por una larga avenida de la Ciudad Universitaria
caminaba un loco solitario, en su mano derecha
sostenía un celular, parecía
que hablaba con alguien, su marcha era algo
atolondrada, de repente paraba, miraba a
todos lados y luego volvíase decepcionado
hacia el frente, al camino que pronto debía
terminar. Sus pasos lo llevaron a una antigua
casona abandonada que en un tiempo sirvió
de sede a las oficinas del Rectorado y que
ahora lucía toda destartalada, con
un aire que estremecía debido a su
imponente fachada, recargada de adornos
corroídos por el tiempo y por el
descuido, una construcción mezcla
de antigüedad y ruina. La puerta que
sólo era un agujero abría
paso a una creciente obscuridad, la entrada
tenía en cada extremo del marco las
figuras de extraños personajes que
en un tiempo representaron los valores que
supuestamente defendía la formación
universitaria y que ahora, al igual que
aquellos principios, lucían abandonados,
olvidados, sin vida; la expresión
de los rostros era sobrecogedora, los ojos
de las imágenes eran ahora únicamente
manchas plomas, parecían no ver a
ningún lado, pero combinados con
la expresión actual del rostro irradiaban
un extraño terror, guardianes viviendo
en la muerte, protegiendo aquella puerta
principal, aquel hueco obscuro que ahora
conducía únicamente al vacío
del abandono, transfigurado en ese momento
a un portal de algún infierno intemporal,
así pareciole a “Death Man”
aquel sitio cuando llegó a las mismas
puertas, esforzándose por observar
aquellos rostros pétreos y muertos,
contemplando el todo rodeado de poderosas
sombras; quedose fuera, a las puertas del
abismo, la voz del celular había
terminado sus instrucciones.
- Entra, ingresa para que nos conozcamos
mejor – dijo una voz cercana proveniente
del interior de la casona.
“Death Man” ingresó,
el miedo anterior parecía haberse
disipado, no podía parar su marcha,
sentíase como una presa atraída
por su predador, careciendo de cualquier
sentido de alerta o cuidado, como si aquella
simple invitación ejerciera una fuerza
incontenible que lo arrastraba al interior
de aquel sitio.
Afuera, la noche comenzaba a dibujarse calma,
nada fuera de lo común en el ambiente,
las escasas personas caminaban ya de salida
del campus, algunos vigilantes daban una
que otra ronda, dejándolas a medias,
preferían retirarse a sus bases para
dormir uno que otro momento o en todo para
caso llenar el estómago con algún
bocadillo ocasional.
La Universidad era inmensa, un pequeño
mundo dentro de una megaurbe decadente y
tercermundista. Las horas de la noche se
incrementaban cada vez más, adornadas
con algunas estrellas y una luna moribunda.
Los pecados nocturnos comenzaban a elevarse
y a cantar sus glorias a la obscuridad.
Fuerzas y seres extraños discurrían
como sombras, pululando en las esquinas,
observando, escudriñando a cuanto
ser vivo se aventurara en los territorios
de las tinieblas; pero no sólo lo
sobrenatural rabiaba de gusto, seres humanos
ávidos de necesidad, otros de placer,
salían a las calles en busca de presas
jugosas, víctimas como las que hay
y habrán por todo el mundo, modernos
predadores que compartían el silencio
y la noche para consolidar su existencia,
invisibles para muchos, aparecían
y se esfumaban. La tranquilidad sólo
es una careta.
En el centro de ese mundo una vieja casona,
fachada tétrica, una puerta convertida
en grotesca boca cuya presencia ejercía
un poder fagocitador deseoso de devorar
el mundo. Del interior de aquel vientre
putrefacto y material se escuchaban ruidos.
Pasos, lentos, ahora apresurados, algo se
movía adentro, pero no había
luminosidad que lo evidenciara claramente,
confusión en el caminar, tropiezos,
maldiciones por no haber llevado aunque
sea un encendedor. Los pasos se detuvieron,
un aire frío recorrió el mundo,
congelando los huesos y los músculos
de los mortales.
Una voz se escuchó desde adentro,
¿Quién eres? - preguntó
la voz de “Death Man” –
su tono se esforzaba por ser duro pero era
difícil lograrlo.
- Por fin vienes a mí, después
de tanta espera - fue la respuesta que recibió
la voz interrogadora.
Nuevamente los pasos se reanudaron, avanzaban
pausadamente, buscaban algo, quizá
acercarse a alguien, un momento después
aquellos se detuvieron. Te conozco –
dijo la voz de “Death Man” -
así que eras tú, pero pensé
que…, tu hermano me dijo que habías
muert…, no pudo terminar la frase.
¿Cómo aquello era posible?
Luego se escuchó un ruido, como si
un cuerpo hubiera caído, luego el
silencio, después un sonido de llanto,
sollozo, desesperación; la voz de
“Death Man” se había
apagado, no profería palabra alguna.
El llanto de aquella mujer poco a poco se
fue desvaneciendo, luego desapareció,
siendo reemplazado por una risa escalofriante,
un sonido agudo que helaba la carne, cuyo
eco increíblemente comenzó
a elevarse, los tímpanos bien podrían
reventar pero eso sería el mal menor
ya que aquello era desesperante, el cerebro
se veía invadido y quizá la
única manera de librarte de él
sería la muerte.
- ¡Basta!!!!!! – profirió
un grito impregnado de angustia - ¿Dime
qué es lo que deseas de mi? ¿Y
a qué vienen esos chillidos? Son
desesperantes, como es posible que un ser
humano pueda proferir tamaña aberración.
Sabes, es como si rayaras metal, pero dentro
del mismo oído o del mismo cerebro,
¡maldita! ¡Casi me llevas al
borde de la locura!!! - gritaba histérico
“Death Man”, respondiendo locura
con locura, producto más de la situación
que únicamente del hecho de haber
tenido que soportar tanto sufrimiento sonoro.
- ¡Locura!!! - Profirió la
voz de la mujer - ¿Qué sabes
tu de locura?¿Has experimentado alguna
vez la verdadera locura? ¿Un suceso
que te trastornó por completo? ¿El
quedar de una forma que al final no sabes
quien eres ya? ¿El perderte en otro
ser, el convertirte en algo que en parte
eres tu y en parte no? ¿Has experimentado
eso alguna vez?
- Eres una demente – afirmó
la voz de “Death Man” –
si querías confesar tus trastornos
es mejor que hubieras acosado a un psicólogo
o a un sacerdote.
- ¿Crees en algo? – interrogó
la voz de la mujer.
Un breve lapso de silencio volvió
a inundar el ambiente.
- No sé en qué creer –
respondió la voz de “Death
Man” – hace mucho tiempo que
perdí la fe, supongo que se fue o
quizá debe estar dormida.
Las últimas palabras fueron dichas
en un tono peculiar, ante eso la voz de
la mujer contestó: ¡sarcasmo!,
me gustó tu respuesta, ya tienes
un punto más a tu favor, creo que
elegí bien, escondes muy bien tu
desesperación haciéndote el
hiriente, creo que eres un resentido, y
esa furia es un exquisito alimento, tu odio
hacia el mundo y hacia las personas te será
de mucha utilidad… Luego...
Una nueva pausa se produjo en la conversación,
el silencio era insoportable en ocasiones.
- ¿A qué te refieres? –
Interrogó la voz de “Death
Man”- No sé de que me hablas,
el mundo no me importa, no lo odio, simplemente
me “llega”.
Una risa potentísima se elevó
después de aquella afirmación,
su fuerza inundó y retumbó
por toda la casa, propagándose hasta
fuera de la misma, impregnándose
en el espacio; algunos perros comenzaron
a aullar, las lechuzas volaron de los árboles
“chirriando”, los gatos maullaron
de manera sugestiva y tétrica, un
maullido ancestral, como si en ellos se
hubiera despertado un antiguo espíritu,
intemporal, que aun perduraba.
El sonido de la risa se prolongó
algo más de un minuto, luego se pudieron
escuchar pasos, alguien se dirigía
a algún sitio, el eco de los mismos
comenzó a sentirse con más
fuerza, el ruido se elevaba, parecían
no uno sino muchos seres que caminaban,
que golpeaban, el retumbar de aquellos hacía
vibrar y estremecer la tierra, lo curioso
era que aquel acompañamiento provenía
de debajo del mundo, de lugares subterráneos,
un eco que se dejaba sentir incluso fuera
del lugar donde acontecían los hechos,
los vigilantes del campus tornáronse
consternados hacia el suelo, debajo del
mismo el retumbe no se detenía, parecía
una extraña marcha que discurría
por pasajes de locura, pero todo espectáculo
es completo cuando se une un conveniente
acompañamiento musical y este se
dio de la forma de un torrente de aullidos,
chirridos, maullidos; los vigilantes salieron
consternados de sus puestos, linternas en
mano, comunicadores en la otra, la fuerza
de aquellos sucesos fue tanto que los perturbó
por completo, nunca habían escuchado
tamaña locura en ninguna noche de
la que tuvieran memoria.
En medio de todo aquel pandemónium,
comenzaron a escucharse ruidos de la casa,
bocas que se unían, salivación,
unión de lenguas, sonidos tan discretos
pero que extrañamente se imponían
a aquel bestial concierto que se desataba.
- ¡Ahora sabrás el porqué
de mi llamado!, dijo la voz de la mujer,
de repente un grito trató de formarse,
una voz de hombre, la voz de “Death
Man”, pero fue ahogado por un estrépito
tremendo, parecía que el piso se
había roto, explotado, hecho pedazos
por algo, si era así sólo
podía provenir del interior del suelo,
algo descabellado pero ¿cuántas
cosas descabelladas y ocultas ocurren a
lo largo de la existencia?
El ruido destructor fue acompañado
de extraños gemidos, quejidos, lamentos,
regurgitaciones, gruñidos, rasguños,
etc. Pero todo aquello fue dominado nuevamente
por aquella risa estridente, pero esta vez
aquello se prolongó tanto, subió
al mundo tan fuerte, con tanta intensidad,
que muchos en los alrededores salieron a
las ventanas, varias de las cuales estallaron
en pedazos, otros comenzaron a llorar, quizá
pensaban que estaban en medio de una pesadilla
que había invadido el mundo de lo
real y que se negaba a morir y a volver
a territorio onírico.
En el interior de la casa el chillido proseguía.
La voz de “Death Man” era inexistente.
De pronto la risa demencial cesó,
repentinamente sobrevino un nuevo sonido,
como si algo estuviera saliendo, deslizándose
desde algún escondrijo, reptando,
arrastrándose, al mismo tiempo se
podía sentir una especie de crujido,
como si ese algo estuviera destrozando una
especie de cascarón. En ese instante
la voz de “Death Man” logró
proferir un terrible grito, había
tanto miedo en aquella desesperada voz,
el terror se apoderó de él
en ese entonces, la última sensación
que quizá experimentaría aquel
desdichado, pero su voz fue apagada por
otro ruido, era como si se atorara, como
si deseara vomitar, como si tratara de impedir
que alguna cosa se le introdujera por la
boca y era cierto pues en medio de esa lucha
se podía sentir un deslizamiento,
nuevamente aquel sonido reptante que se
movía desesperado, esforzándose
por llegar a su destino. El sonido de lucha
prosiguió y cuando culminó
fue seguido por un nuevo grito que se elevó
a los cielos y descendió a lo profundo
del mundo, un grito que fue acompañado
por una terrible exclamación de parte
de extrañas voces, terribles e inhumanas,
el estruendo fue tanto que terminó
por dar por los suelos con los nervios de
las personas que vivían en las cercanías
y con los vigilantes del campus.
La locura poco a poco fue disminuyendo,
opacándose por la sirenas de muchos
autos y patrulleros policiales que llegaban
al lugar de los hechos.
Era de madrugada cuando por fin se levantó
el parte policial, el comandante Reyes Vargas
junto a su ayudante revisaban la escena
del crimen, la casona estaba intacta, no
había daño alguno, ni paredes
ni piso presentaban alteraciones, pero en
medio de todos había un cuerpo femenino
totalmente destrozado, al lado del mismo
un conjunto de prendas de hombre, rasgadas,
hechas tirones.
- ¿Un nuevo destripador o descuartizador?
– dijo el ayudante del comandante.
- Es posible – dijo Reyes –
pero ¿Sabes qué?, la disposición
del cuerpo y la forma en que está,
por un momento me pareció que aquella
persona hubiese reventado como si se tratase
de un capullo, jajaj como si algo de dentro
de ella hubiese salido y de paso hubiese
destrozado el cuerpo… ¿No te
parece ridículo?
- Creo que ha estado viendo mucho la Dimensión
Desconocida – respondió el
ayudante, tratando de disimular un poco
la risa.
- Creo que tienes razón – respondió
Reyes, sonriendo, sin embargo su oculta
preocupación le señalaba que
aquella hipótesis en ocasiones no
le parecía tan ridícula.
IV
IV
Tres meses habían transcurrido ya.
En un cementerio, un grupo de jóvenes
se reunían alrededor de una tumba,
en el epitafio estaba escrito Joaquin “Death
Man” Estrada, no había frase
debajo del nombre, sólo la fecha
de su nacimiento y la de su fallecimiento,
delante de aquel monumento funerario, Marlboro,
Roca, Figura, Pitecantropus y otros más
contemplaban aquella última morada
en la cual sólo había un conjunto
de ropas hechos tirones, unos libros, algunos
CD de música, DVD de películas
de Tim Burton y una pequeña
fotografía, testimonio de que alguna
vez existió “Death Man”.
Nadie dijo nada, sólo recordaron
el aniversario de la muerte del amigo, luego
se retiraron. El grupo se alejó pero
en ese momento Figura revisó su bolsillo,
le faltaba algo, seguramente se le había
caído en la tumba, se alejó
del grupo y volvió a aquel lugar,
cuando se acercaba vio a un hombre vestido
de negro, alto y delgado, que estaba parado
delante de la sepultura de “Death
Man”, aquel ser contemplaba la lápida
que sobresalía del suelo, de pronto
extrajo algo de un bolsillo, se agachó
y escribió en aquella mortuoria superficie,
luego se incorporó y sacó
un nuevo objeto de su otro bolsillo, era
un teléfono celular, así había
comenzado todo y así seguiría,
era una manera interesante de conseguir
víctimas que aplacarían su
“hambre”. Su “progenitora”
sólo había usado aquella tecnología
como recurso para supervivir ya que su “cuerpo”
estaba amenazado por una “enfermedad”
que tarde o temprano la llevaría
a la tumba, era mejor dejar aquel organismo
ya condenado, así fingió su
aparente muerte para luego emerger en una
vida oculta, exhibiendo sin ningún
reparo el poder que se le había concedido,
libre para buscar al futuro ser con el cual
sería uno, el mismo y diferente a
la vez; la búsqueda combinó
la tecnología de comunicación
con la revisión de las memorias perdidas
de su “anterior” vida hasta
reparar en algo que dormía desde
hace muchos años en la mente joven
de aquella mujer, un amor de la infancia,
ese fue el punto de partida para realizar
la elección; él como su “descendiente”
recordaba todo aquello y mucho más,
un gran conocimiento, dones y poderes que
ahora poseía, pero en su caso aquel
bendito teléfono no sería
una simple herramienta de supervivencia,
su nueva existencia apreciaba los recursos
de la modernidad, sería un camino
a la despensa donde hallaría suculentos
platillos, un sádicamente hermoso
juego que desataría, llevando a la
locura a incontables seres, arrastrándolos
a una deliciosa insania, antes de rendirse
a sus voraces apetitos, la muerte como la
culminación de todo ese proceso,
el sabor de la misma se agolpaba ya en su
ser.
Así estuvo aquel extraño,
sumido en su propio mundo, admirado de sí
mismo, del tiempo que le había tocado
vivir, ahora si gozaba y se sentía
feliz en aquel sistema en el que podía
combinar su existencia antiquísima
con el poder de las computadoras, de la
telefonía celular, de todo elemento
pirata que la sociedad proveía de
manera asolapada, tenía mucho más
que aprender, conocimientos que le permitirían
gozar del género humano, en muchos
sentidos.
El tiempo parecía eterno cuando aquel
extraño vislumbraba sus pensamientos
pero en la vida real habían transcurrido
algunos minutos, tiempo que necesitó
Figura para decidir acercarse a aquel quien
de pronto sintió que alguien estaba
detrás de él, percibió
que una mano se le acercaba para tocarlo,
en ese momento un fuerte viento se levantó,
una gran cantidad de tierra perturbó
por un momento los sentidos de Figura, tuvo
que cerrar los ojos y protegerse la cara
con sus brazos; segundos después,
de improviso, aquella ráfaga y toda
esa materia levantada desaparecieron y se
perdieron rápidamente en el olvido,
Figura retiró los brazos de la cara
y abrió los ojos, ya no sentía
el viento ni la tierra, el ambiente estaba
limpio y claro, tan limpio que incluso toda
esa locura se había llevado al extraño,
arrebatándolo del mundo, del tiempo
y el espacio, Figura buscó por todas
lados pero no pudo hallarlo, el grupo lo
había dejado ya, de seguro no volverían,
quizá lo estaban esperando en la
puerta pues ya conocían sus hábitos
de “hacerse el importante”.
Figura había olvidado lo que tenía
que buscar, en ese momento ya no le importaba,
era aquel ser quien había llamado
su atención, de pronto reparó
en la lápida de “Death Man”,
había algo escrito debajo de su nombre,
decía: “Llamadas
que pueden arrebatarte el Alma”,
Figura se quedó extrañamente
fijado en aquellas palabras, de pronto escuchó
la voz de Marlboro que lo estaba llamando,
comenzó a caminar, retirándose
del lugar, en su mente se grabó aquella
inscripción, cuya imagen pululaba
en su pensamiento, él pensaba que
era ridículo sin embargo no podía
librarse de aquellas palabras, incluso sentía
que una voz se las repetía constantemente.
De pronto algo lo perturbó, cuando
se dio cuenta de qué era, quedóse
mudo, se trataba de su celular, vibraba
de manera incontenible, recordó la
frase nuevamente.
En el ambiente algo sutil se escuchó,
un eco extraño, parecía una
risa, algo estridente, sinónimo de
la locura.
Figura seguía petrificado, con la
frase en su mente y el celular que continuaba
vibrando.
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