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Relatos
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mayo de 2008 Kertchenko
LA PORNO VITA
Relatos de terror

Algunas personas tienen una inclinación fatal a los excesos, son presas fáciles de los vicios.

Aunque ellos piensen lo contrario, en una situación crítica se vuelven inestables. El caso de Marcos era confuso, sobre todo las circunstancias en que se suscitó. Él era un hombre casado y aparentemente feliz, tenía dos hijos y un buen empleo con el que sufragaba los gastos cotidianos y un poco más. El matrimonio prosperó en los primeros años, aunque por ese tiempo a Marcos se le veía distraído, ausente, quizás un poco triste. Desde su noviazgo demostró tener una personalidad extremista, sin control para algunas cosas. Cuando por algún motivo tenía un arranque de celos, conflicto o sufría una decepción, encontraba solución en los excesos y era bien conocido por caer rápidamente en los consuelos del vino. Podía pasar días enteros o incluso semanas hundido en la botella, hasta que en algún momento su instinto de conservación lo hacia reaccionar y salir de esa situación. Después se recuperaba y él mismo se daba cuenta que había perdido el control sobre su persona, luego prometía que no se volvería a repetir. En el tiempo de matrimonio había recaído dos veces en menos de un año; pero como en las otras ocasiones retomo el buen camino. Nadie imaginaba que Marcos en los próximos cinco años caería al fondo de los vicios, ni nadie daba crédito a sus razones, todos pensaban que había perdido la razón. Pero no sólo era eso, sino que había sido víctima de su propia naturaleza, de sus propios fantasmas. Cuando Marcos quería explicar lo que había pasado comenzaba a sentirse confundido y no podía precisar el tiempo de los hechos, sólo recordaba pocas cosas, una dirección que no existía y algunos nombres.

En la tarde de un miércoles de ceniza, después del trabajo, Marcos decidió dar un breve paseo en el centro de la ciudad. Las calles estaban muy animadas. Por todas partes se veía gente, se escuchaba música y los escaparates estaban iluminados por infinidad de luces de colores que incitaban al consumo. Decidió entrar a curiosear un poco en una tienda de discos, quizás compraria alguno, no lo sabia. Se postró delante de los discos de música de los 60 y 50, los miró con detenimiento ya que eran sus favoritos. Una gran cantidad de títulos había en el escaparate, pero uno en especial le llamo la atención, uno de los grandes saxofonista del Jazz; lo tomo, busco el precio pero no estaba en el disco, después de buscar bien encontró el precio en un catalogo que estaba oculto en el escaparate, lo miró y dejó el disco en su lugar. Se quedó pensando en el disco y se distrajo en otros, luego vio a una chica que tomaba el mismo disco y también buscaba el precio. En una actitud que nunca se había tomado se acercó a la joven y le mencionó el precio. Ella lo escuchó y con gran naturalidad le comentó que el disco era una joya, pero tendría que esperar a la próxima quincena para poder adquirirlo. Él le dijo que la música era de lo mejor y que podrían acabarse, porque no había muchos. Ella era muy segura y desenvuelta. Marcos sintió una confianza que lo desconcertó, tomó de nuevo el disco y siguió haciendo comentarios, ella lo escuchaba con atención, casi no lo interrumpía. Marcos y la chica se encaminaron a la caja y pagaron lo que llevaban, Marcos se llevaba el disco, después salieron de la tienda.

Ya en la calle él le agradeció la confianza y la oportunidad de brindarle su amistad. Ella dijo que una charla amena siempre era buena y no había nada que agradecer, era recíproco. Marcos en una serie de  impulsos que desconocía le regalo el disco de Jazz “como un símbolo de amistad sincera”. Ella replicó argumentando que apenas se conocían y que ni siquiera sabían sus nombres. Marcos se presentó y al fin supo el nombre de la chica: Dulce María. Hermoso nombre. Era una chica de aproximadamente 25 años, tez clara, delgada, cabello largo y negro; usaba ropa algo anticuada, un poco al estilo de los 50 ó 60. De alguna manera Marcos se extrañó con esa manera de vestir, parecía que Dulce se había salido de una vieja película, pero eso le daba un atractivo especial, después Dulce en un gesto de hospitalidad instantánea lo invitó a escuchar el disco en su casa, que por cierto no estaba muy lejos, a unas cuantas cuadras. La invitación tomó por sorpresa a Marcos, esté miró su reloj e hizo un breve cálculo mental, enseguida acepto. Ella se emocionó y dijo que la pasarían bien, así también conocería a Francisco, su esposo. Eso también lo tomó por sorpresa. ¿Cómo no preguntó primero? Ya era tarde para arrepentirse así que se dirigieron a la casa de Dulce.

En el camino charlaron amenamente y la noche los envolvió en una tenue oscuridad. Con la charla Marcos no se fijó en las calles que tomaron y en una que nunca supo el nombre dieron vuelta, media cuadra más y Dulce se detuvo frente a una casa que parecía algo antigua, Marcos otra vez recordó una vieja película y pensó que era extraño. Ella abrió la puerta y pasaron a un patio con una serie de habitaciones, ya estaba oscuro pero se veía una débil luz amarillenta de una de las habitaciones, allí se dirigieron. Ella lo invitó a pasar y tomar asiento, después buscó a Francisco para decirle que ya estaba en casa y que tenían visita. Dulce desapareció por la habitación contigua y Marcos se quedó solo; observo la casa y vio que estaba adornada con un estilo rústico y muebles viejos. “A estos amigos les encanta el viejo estilo de los 50” pensó. Estaba observando la casa cuando por la entrada apareció un hombre delgado vestido de negro, cabello largo, grandes ojos negros y mirada amenazante. Por un momento Marcos sintió miedo y no supo que decir. Dulce apareció por la otra habitación y los tres se miraron en silencio, después María y el hombre estallaron en carcajadas y Marcos se sintió desconcertado y nervioso pero también rió, aunque no sabia por qué, ni por qué se sentía así. María los presentó diciendo que Marcos les había obsequiado un disco de los que casi ya no hay, toda una joya. Entonces la mirada de Francisco se volvió inocente, como la de un niño y lo saludó con gran afecto y Marcos volvió a sentir esa confianza instantánea que lo desconcertaba. Francisco le invitó algo de tomar y le dio a escoger entre ron o café, él acepto el ron y después el café. Charlaron los tres y el tiempo pasó rápidamente. Francisco era una persona muy perspicaz y hacía gala de una agilidad mental y un conocimiento muy amplio. Marcos quedó impresionado y complacido. Con ellos se sentía a gusto y podía hablar de los temas que le gustaban y que no era fácil hablar con los demás, pero ya comenzaba hacerse tarde y quizás ellos querían descansar así que se despidió. Francisco y Dulce lo acompañaron a la salida y le dijeron que por favor los volviese a visitar. Ya en la calle Marcos se sintió algo desorientado pero se dirigió a la primera avenida transitada, allí tomo un taxi a su hogar


* * *

Mónica limpiaba la casa y al acomodar las cosas de la vitrina notó que algunas de las botellas de vino estaban a la mitad. Enseguida pensó en Marcos. Había notado un cambio en su conducta en las últimas semanas, estaba un poco alejado, silencioso, malhumorado y cuando regresaba del trabajo hablaba poco. Después de la cena sé iba a la sala, se servía algunas copas, prendía el televisor o ponía un disco y se quedaba ahí muy pensativo, después sé levantaba y casi sin decir nada anunciaba que se iba a descansar; al otro día amanecía con aspecto de haber pasado una mala noche, se arreglaba, desayunaba cualquier cosa y salía con gran prisa. Si durante el día tenían un momento de acercamiento, él evadía los temas profundos y desviaba la plática a temas superficiales ó se distraía fácilmente perdiendo el hilo de la conversación, Mónica sentía que Marcos no quería hablar ni estar con ella. Sin embargo, era consciente de que su matrimonio no era perfecto pero siempre había tenido una esperanza de mejorar con algo de comunicación, luego pensó en preparar algo especial para esa noche y pasarla bien todos juntos. Así que se apuró en la cocina y se esmeró en la preparación de la cena.

Por la noche  Mónica tenía todo preparado y en verdad que se había esmerado, sólo faltaba Marcos pero él no llego si no hasta pasadas de las 11:30 PM. Ella fingió su tristeza y coraje para no complicar más las cosas. Marcos se disculpó pero como fue una sorpresa no sabía nada y se había entretenido con unos compañeros. Ella aceptó las disculpas. Los niños ya se habían ido a dormir y sólo quedaban ellos dos. Se sentaron a cenar y fue una cena casi silenciosa. Marcos había bebido más de la cuenta con sus “compañeros” y no estaba como para una velada romántica así que Mónica apresuró las cosas y con gran amargura se fue a dormir. Ya en el lecho escucó como destapaban una botella de la vitrina del comedor. Aún estaba despierta cuando en la madrugada Marcos se acostó junto a ella completamente borracho.


* * *


Marcos sin saber por qué sintió el impulso de visitar a sus nuevos amigos. Con ellos se sentía bien, a gusto y cómodo, pero no tenía aún la confianza de ir a verlos sin avisar. En el fondo algo le inquietaba y pensaba mucho en Dulce. Ella era atractiva, de una belleza algo fuera de lo convencional, con su propio estilo, como si no fuera de este mundo. Pero también le inquietaba Francisco, él era un muchacho de aspecto peligroso, agresivo, quizás tétrico, pero a la vez tenia un aire de inocencia. Su mirada se tornaba por momentos tenebrosa, violenta, con odio, otras dócil y desprotegida. Francisco lo asustaba un poco, pero en el fondo se negaba a aceptarlo. No menos Dulce que a pesar de todo también tenia un aire peligroso. Ambos eran extraños e irradiaban respeto. Pensó que visitarlos eran un abuso de confianza, pero también recordó la hospitalidad con que fue tratado y confiando en eso los visito.

Así una tarde busco la dirección pero no fue fácil dar con ella. Caminó varias calles y no recordaba con exactitud la ubicación. Después de un rato de andar se dio cuenta que estaba extraviado, no reconocía las calles, hasta que una casa vieja le llamó la atención y reconoció el domicilio. Buscó el nombre de la calle pero no tenía. Con algo de nerviosismo se acercó y confirmó que era la casa de sus amigos. Por un rato dudó en tocar la puerta pero se decidió. Esperó y nadie acudió abrirle. Tocó por segunda vez pero más fuerte, la puerta cedió a la fuerza de los golpes. Estaba abierta. Se quedó parado sin saber que hacer, entrar o esperar a que alguien saliera a invitarlo a pasar, pero eso no sucedía. Decidió entrar. Se asomó y no vio a nadie, atravesó la puerta, caminó hasta medio patio, se escuchaba algo de música a bajo volumen o a gran distancia, estaba obscureciendo y la música cesó y todo quedó en silencio. Dio unos pasos con cautela y las luces se encendieron sorprendiéndolo como un ladrón.

Dulce estaba en la puerta de una de las habitaciones. Miró a Marcos de manera amenazadora y por segunda ocasión en esa casa sé sintió atemorizado. Los ojos de Dulce eran amenazantes, como la mirada de un depredador felino, pero inmediatamente cambiaron a una mirada dulce, traviesa, y ella lo saludo afectuosamente con una sonrisa. Él quiso disculparse por la intromisión y ella le dijo que no importaba, lo bueno es que ya había llegado, lo esperaban. A Marcos le intrigaron esas palabras pero no hizo ningún comentario, después ella lo invitó a pasar y tomar asiento, luego casi sin decir nada Dulce María tomó un disco y lo puso. La música fluyó por las bocinas y flotó en el ambiente haciendo vibrar las moléculas de aire y las fibras nerviosas del cuerpo de Marcos. La música era un blues lento y cadencioso. Dulce María empezó a bailar frente a Marcos, un baile suave y sensual, su rostro era como el de un ángel con los ojos cerrados. Ella era muy hermosa, tenía un vestido blanco que traslucía su cuerpo ¿¡desnudo!?, la imaginación de Marcos voló rápidamente y ella parecía un fantasma. Marcos sintió que la emoción lo embargaba, estaba clavado, la miraba sin perder detalle. Miraba sus caderas, sus senos, sus piernas, él estaba hipnotizado, ella abrió los ojos, le tendió sus manos incitándolo a bailar, él trató pero no tenía facilidad, quiso desistir pero ella no lo permitió, luego lo aprisionó a su cuerpo para que así siguiera el ritmo. Él vibró de emoción al contacto con la chica, la tomó por las caderas, era la primera vez que bailaba de esa forma, se sintió excitado, desconcertado, nunca había estado en una situación así y no sabia que hacer.

Por su mente pasaron sueños, fantasías de amor y seducción, estaba tan clavado que no escuchó llegar a Francisco, cuando lo vio se separó de la chica bruscamente. Francisco tenía la mirada fija en Marcos y este se sintió sorprendido, Francisco inmediatamente lo saludó como si nada, Marcos actuó de la misma manera tratando de dar una explicación pero Francisco no lo dejó, lo interrumpió diciéndole el gusto que le daba verlo nuevamente. Tomaron asiento y así fue como empezaron con una charla que sería característica entre ellos, el tema fue la muerte. Hablaron de ella como si fuera algo que ellos conocían bien, un tema familiar, sin miedo y sin prejuicios. “El problema de la muerte no es como se presenta –decía Francisco – sino como pierdes la vida, a veces tu modo de vivir es tu misma muerte”.

Marcos aún nervioso escuchaba a Francisco y reflexionaba sus palabras. Mientras tanto Dulce permanecía en silencio, sólo de en vez en cuando lanzaba miradas divertidas a Marcos que no sabía como interpretar, si como burla o de complicidad. Francisco se levantó y sin dejar de hablar se dirigió a un mueble, de uno de los cajones sacó una pequeña caja metálica, regresó a su asiento, abrió la cajita misteriosa, sacó un pequeño papel, lo extendió en la mesa y de la misma cajita saco un poco de yerba, con gran naturalidad lo puso sobre el papelito, luego lió un cigarrillo, lo encendió, dio unas cuantas caladas y lo pasó a Dulce, ésta también dio unas caladas y lo pasó a Marcos quien nunca había fumado yerba pero no quería parecer un tonto, entonces le dio unas fuertes fumadas que lo hicieron toser ruidosamente. Francisco y Dulce rieron, le dijeron que lo tomara con calma que ellos querían seguir fumando. Marcos terminó la operación y regreso el cigarrillo a Dulce. Francisco se había levantado nuevamente y regresaba ahora con una botella de ron. Sirvió tres vasos y los repartió. Los tres tomaron, platicaron y para cuando Marcos se despidió sentía que flotaba, miro en su reloj, vio que eran las 11.00 pm, así que salió no sin antes tomar una última copa. Después regresó a casa donde lo esperaba una cena sorpresa.


* * *


Visitó varias veces a sus nuevos amigos. Había algo que lo hacía acudir y siempre encontraba un pretexto para visitarlos. Dulce María y Francisco siempre lo recibieron afectuosamente, así Marcos poco a poco los fue conociendo y se percato que tenían Una peculiar inclinación por algunas drogas que fue conociendo conforme entraban en confianza. Francisco y  Dulce le enseñaron una nueva manera de disfrutar la vida. Fumaron cigarrillos de peculiares aromas y diferente materiales que extendían los sentidos y la imaginación. Francisco y Dulce eran muy hábiles para auto controlarse, en cambio él quedaba fascinado al grado de perder un poco la conciencia de lo que sucedía a su alrededor, aun así le gustaba  y eso fue algo más que lo hizo frecuentar a sus nuevos amigos. Por otro lado, en el fondo de su corazón crecía un sentimiento secreto que era alimentado por Dulce de una u otra manera. Marcos se sentía enamorado de ella y abrigaba esperanzas, aunque muy pequeñas, lo suficiente para depender de ese sentimiento y esperar. Ella por su parte parecía muy complacida con la presencia de Marcos, pero siempre se mantenía a raya aunque peligrosamente cerca. Ella lo miraba con una especie de sonrisa secreta, incitadora, que Marcos no podía resistir. Eso siempre lo animaba a visitarlos y aceptar las drogas que ellos consumían. Sus amigos bebían mucho pero extrañamente no se emborrachaban, en cambio él siempre salía ebrio, y cuando llegaba a casa todo le parecía mal. Mónica no se explicaba su mal humor y su rechazo con ella. Él nunca la había amado porque su egoísmo era más grande que el amor, que las necesidades de ella no eran las suyas, así que la trataba como algo que le estorbaba y en cierto momento también pensó que ella obstruía sus planes de felicidad. Aunque su razón le decía que el amor hacia Dulce era ilógico e irrealizable, él no podía ignorar que Dulce era una mujer casada, ni tampoco las miradas y el sentimiento que albergaba en su corazón. Así  la ansiedad se volvió uno de sus malestares mas frecuentes, pero él no sabia lo que estaba pasando solo sentía los efectos y trataba de aminorar el malestar con brandy, ron ó lo que fuera.

Por otro lado, algunas veces que fue a casa de sus amigos encontraba a Dulce sola, eso incomodaba a Marcos pero a la vez lo emocionaba porque siempre esperaba encontrarla así, aunque eso lo hacia sentirse deshonesto. Ella se conducía de una manera extraña, lo trataba con esa confianza hipnotizadora que lo confundía. Él siempre preguntaba por Francisco y ella contestaba que por el momento se despreocupara ya que no estaba en casa. Esas palabras y su conducta lo extrañaban y no sabia que pensar. Dulce por momentos se acercaba tanto a él que este podía inhalar su aliento y oler su perfume, un perfume muy raro, que no lograba precisar que era. ¿Flores de panteón? Claro que no, pero algo así le recordaba. Ella jugaba con él, le quitaba las cosas y luego hacía que Marcos tratara de recuperarlas, en ese juego sus cuerpos se tocaban dé tal manera que él sé excitaba. Dulce se ponía ropa que dejaba entrever su cuerpo o por lo menos algunas partes, las más sugerentes a la imaginación masculina de Marcos.

Una tarde fue a verlos y María estaba sola, tenía puestos unos shorts que mostraban unas hermosas piernas que él no podía dejar de ver. Esa ocasión ella lo pasó a la cocina porque estaba preparando la comida. Ella se agachaba para sacar lo necesario para cocinar dejando ver sus encantos a Marcos. Éste sentía que en cualquier momento se le iba a echar encima para hacerle el amor. En un movimiento mal calculado ella sé hirió un muslo, Marcos actúo inmediatamente y Dulce le dijo que trajera la crema para las heridas que estaba en el botiquín del baño. A los pocos segundos él estaba con la medicina y se inclinó para auxiliarla. El muslo de Dulce tenía una pequeñisima cortada de donde salían algunas gotitas de sangre. Marcos le dijo que no era grave. Ella en un acto divertido tomó una de las gotitas de sangre con el dedo y lo chupó, él miró las piernas de la chica y tuvo toda la intención de acariciarlas pero se contuvo. Ella tomó la mano de él y la puso sobre la herida, luego tomó nuevamente unas gotitas de sangre con el dedo pero esta vez  se lo ofreció a Marcos para que lo chupara, éste obedeció y succiono el dedo de Dulce.

Marcos aún tenía una mano en la pierna de la chica y en ese instante sintió que la besaría. Marcos vio en los ojos de María una mirada de aprobación y acarició su pierna, estaba a punto de besarla cuando entró Francisco sorprendiéndolos. Marcos miró a Francisco y éste tenía el rostro inexpresivo, como si estuviera en trance o ausente. Dulce estalló en una carcajada desquiciada y Francisco salió de su trance para reír también. Marcos sintió un escalofrío que le recorrió la espalda pero aún así también río con ellos. Dulce le explico a Francisco que se había lastimado accidentalmente y Marcos la auxiliaba. Francisco tomó todo con esa naturalidad que los caracterizaba e invitó un trago de ron a Marcos mientras Dulce terminaba de cocinar. Ambos se dirigieron a la sala y tomaron unos tragos. Después de un par de horas Marcos se sentía un poco tomado y con ganas de desnudar su corazón, quería gritar y amar de lleno a Dulce María, pero sabía que eso no podía ser. El no poder confesar su amor lo hacía sufrir, por alguna razón siempre se detuvo, nunca pudo expresar sus sentimientos, todo el tiempo en que se conocieron se retuvo. ¿Miedo? Quizás.

 

* * *

El tiempo pasó rápido sin que Marcos lo sintiera, y con el tiempo creció la adicción y la dependencia. Llego el momento en que a Marcos no le importó nada, solo quería satisfacer su cuerpo que para ese momento reclamaba sustancias más fuertes. Perdió el interés por el trabajo y comenzó a faltar, los directivos le llamaron la atención y hasta quisieron saber si tenía algún problema en que le pudiesen ayudar, él dijo que estaba todo bien, no les dijo que ahora quería invertir su tiempo en estar al lado de Dulce, consumiendo y fumando droga, que no quería separarse de ella. En su casa las cosas se pusieron peor, al grado de destruir y perder su familia. Marcos se volvió áspero con Mónica hasta llegar a la violencia, y eso fue lo último que ella soportó, después se marchó de la casa con sus hijos, dejándolo solo. Poco después éste abandonó el trabajo para dedicarse al vicio y a sus amigos.

La realidad es en ocasiones un efecto de nosotros mismos, pero en otros casos la realidad es distorsionada en un intento por amoldarla a nuestra comodidad, es fácil y conveniente ignorár el lado obscuro y trágico del mundo para sostener los intereses de algunos pocos privilegiados, la imagen de alguna figura publica o resguardar el poder político o religioso en unas cuantas manos. Algunos gobiernos mandan a la guerra a sus soldados con mentiras, a sacrificar sus vidas por una mentira egoísta, cuando ellos todo el tiempo saben la realidad. No es de extrañarse que una buena parte del mundo este hecho de mentiras y que la humanidad sufra hambre, pobreza, violencia y enfermedades. Marcos nunca supo lo que sucedió, él construyo poco a poco una falsa realidad engañándose y así fue como se alejo paulatinamente de ella hasta estar totalmente ajeno a ella.

Después de perder el trabajo y a su familia Marcos fue con sus amigos a contarles lo ocurrido, no como una tragedia sino como algo de lo que se había liberado, porque en el fondo nunca amó a su esposa y con el tiempo ella se convirtió en un estorbo para sus planes. Dulce le dijo que él era un hombre decidido, que lo admiraba. Marcos se sintió halagado viniendo de Dulce. Francisco por su lado le dijo que era muy valiente y que eso merecía un trago. Marcos inducido por la adulación dijo que la botella corría por su cuenta, ya que tenía dinero, el dinero que le habían dado en su trabajo por los años de servicio y que sólo demostraba lo mal que era valorado ahí. Salió a la calle y una hora después regreso con dos botellas de ron y una buena cantidad de cocaína y yerba. Marcos bebió y se drogó hasta caer inconsciente y cuando volvía en sí comenzaba de nuevo. 

Así estuvo varios días en esa casa, pero el último día al despertar algo le desconcertó y le heló la sangre, la casa estaba vacía, abandonada. Marcos trató de recordar lo que había pasado, pero lo último que recordaba es que estaba con sus amigos en esa casa, pero la casa tenía un aspecto muy diferente. Él estaba acostado sobre unos cartones en el piso, se incorporó y el pánico empezó a envolverlo, sudó frío, miró sus ropas y vio que vestía con ropas viejas y gastadas. Sus zapatos eran viejísimos y sus pies sucios, en el reflejo de la ventana miro su rostro envejecido y sin rasurar. El pánico lo invadió y salió corriendo del lugar. En la calle la gente pensaba que era un loco escapado del psiquiátrico. Marcos llegó a la banca de un parque y ahí trató de poner en orden sus pensamientos. Ya más tranquilo regresó al domicilio y preguntó a los vecinos por los habitantes de la casa. Nadie le supo decir nada, lo único que le dijeron es que esa casa estaba abandonada desde hacía años, que en ocasiones se quedaba a pasar la noche algún indigente o teporocho, pero nadie más. Él aseguraba que ahí vivían sus amigos pero la gente lo daba por loco. Marcos mencionó el nombre de Dulce y Francisco pero nadie los conocía, sólo una señora ya muy vieja le dijo que esos nombres eran de los antiguos dueños, pero habían muerto hace muchos años víctimas del narcotráfico o un suicidio pasional, la verdad es que nuca se supo bien.

Marcos se alejó lentamente, confundido y dañado. Por un momento tuvo una lucidez que lo hizo ver lo irreal de su historia y vislumbro en algún lado de su mente derruida la posible salvación, pero una nube gris ensombreció esa lucidez y vio venir la locura que se albergaría en su cerebro y por un instante tuvo la plena conciencia de que su propia naturaleza, su débil carácter había sido su propia muerte, su locura y su final, después todo se desvaneció entre oscuridad y un abismo vacío  y borroso, su mente dejó de mandar señales de conciencia, sólo su cuerpo divagaba por las calles esperando el último minuto.

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