A mis amigos José
Antonio, Jose Gregorio y Ricardo Sayalero
La
soledad había albergado en su alma por muchos
siglos. Él observaba la ventana de aquel viejo
cuarto inundado por libros, discos, botellas vacías
y polvo. Polvo que se había acumulado en el transcurrir
del tiempo. El olor de ese cuartucho era rancio, una
serpiente jugueteaba en los dedos de sus manos. Sus
manos las llevó al rostro y por primera vez en
mucho tiempo sintió lagrimas rodar por su rostro.
El viento daba en las copas de los árboles, una
vieja edición del Fausto de Goethe, era devorada por dos ratas, parecía
que les fascinaba aquel escritor alemán. Como
a él, por supuesto.
Sus lágrimas rodaron por el suelo, y pensó
en ella, porque los de su raza siempre andaban en pena
por este mundo por un amor frustrado... Ella era la
única que le había comprendido; pero él,
la había perdido como llegó, entonces
quiso estar solo para siempre. Su alma maldita no le
permitía revivir de verdad, en ella albergaba
el más grande de los odios. En verdad, las sombras
le habían atrapado. Y fue allí cuando
quiso convertirse en escritor de las sombras.
Cada día fue olvidándose de la luz del
día, empezó a escribir de noche, a clamar
a Baco con las mil y unas botellas de vino chileno.
A veces pensaba en su círculo de amistad, el
viejo crítico literario Joseph Ramero, quién
le había enseñado el camino de la literatura
en grandes libros, él le había dicho que Homero quedaba atrás, y le habló
de Tony Death, un poeta maldito y su libro Infierno
Terreno. Le leyó sus poemas y desde ese día
ese condenado amó más a la oscuridad.
Así mismo le venían imágenes
de la vieja casa de Otilia con Gregory Vasco Gallego,
cuando éste le había hablado de otro libro
prohibido, se trataba del texto Vampus de un
antiguo Monje que había participado en una de
las ultimas cruzadas, aquel libro había sido
robado por Gregory cuando había estado estudiando
en el Monasterio de las dos Palmas. En ese libro había
bebido antiguos conocimientos sobre mitos no contados
al hombre, el caso del dios Hewlett quién había
sido uno de los primeros dioses dragones de la sabiduría
en bajar a este mundo de gusanos.
Una tarde sus dos amigos le habían llevado
a una Orden prohibida, su sacerdote mayor, un Doctor
en Teología y experto en mitos y leyendas. Ese
Gran Maestre de nombre Bernard Shav Packard, lo había
llevado de la mano a conocimientos, tan antiguos al
ser humano, aquella noche había bajado a un gran
salón, vacío, elíptico, allí
fue bautizado e iniciado en los ritos del dios Desjet,
arcano supremo de aquella sabiduría a la que
se le había permitido ingresar.
Al siguiente día había hablado con Willians
Banders, el amigo poeta que había estudiado con
él, Letras en la Universidad, aquel joven loco
de ojos verdes, que hacía suspirar a más
de una, pero que en su mente sólo cabía
la literatura y la música, él le había
encontrado el libro de Infernalia (quién
quiera y este interesado en buscarlo, fue publicado
en 1941, Alemania, bajo el sello de Ediciones de autor;
El Simarik, bajo el prólogo de Ali Rainarai Kuban,
primera edición, 456 páginas), se volvió
como loco...
Todo aquel conocimiento quedó atrás,
la tarde que lo encontraron con ocho pastillas de Herat
en su estómago, sus ojos vidriosos mostraban
el sufrimiento de este mundo, que había quedado
en su mirada, pues su alma tal vez estaría en
otro lado. En sus manos tenía un texto, La Divina Comedia de Dante.
El 31 de julio fue enterrado. Ninguno de sus amigos,
ni familiares acompañó aquel cuerpo maldito.
Hoy no se sabe la ubicación de su tumba, ni la
de su cuerpo, aún cuando Joseph Ramero afirma
haberle visto en Paris, en un Coloquio de Literatura
Vampírica, pues él no acepta su muerte.
Borges escribió de él en su ensayo titulado El
escritor de la nada, en el que deja plasmado
quién pudo ser este morador de las tinieblas
de este mundo: Considero que él, al igual
que Lovecraft,
son seres que han venido a este mundo a tergiversar
la fantasía, ellos se mueven en su propio laberinto
y son el monstruo y el ejecutor de su propia obra.
Mientras que Bioy
Casares recordaba en su libro, hoy
perdido, El gusano de Revue,
que: ...quizá ha sido el único de
nosotros que ha escrito con lagrimas y espinas, pero
su caso
es irreal.
Gregory Vasco se pronunció a favor de su amigo
en la revista Géminis con la siguiente frase: Demasiada mentira para ser verdad, pero él
era eso, por lo tanto su nombre no se puede escribir
en la realidad, quedará como un personaje más
de sus obras.
Banders en su programa de radio lo describió
como: el más grande señor de las mentiras,
dueño del sueño y escritor de su propio
juego de ajedrez, odiaba los espejos, pues según
él, le estaban succionando el alma.
Mientras que Joseph Ramero en el ultimo artículo
publicado en su revista Existencia, intitulado El ladrón de los aueños se declara
con las siguientes palabras: Creo que él,
Anthony de las Rosas, ha sido uno de los pocos seres
de este mundo que ha comprendido su mentira, su máscara
es la fiel realidad de lo no existente, y como nosotros
los hombres nos rehusamos a la verdad, él la
camufló, la robó como Prometeo para él,
porque sólo él, la conoció. |