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POSESO (2/2)

Empezamos haciendo preguntas que sólo interesaría a unos chicos de nuestra edad. Aún no me quitaba la duda de quien de los dos estaría moviendo la copa con el dedo cuando de pronto Alex se sobresaltó y se levanto acusando a Michel de ser el causante de los movimientos del objeto de cristal. El acusado se defendió con una negativa y afirmó que el culpable era yo. Respondí con otra negativa moviendo la cabeza. En realidad no sólo Alex se espantó con la respuesta dada por el movimiento de la copa sobre la tabla, cuya pregunta era -¿Cómo voy a morir?-, y salieron de la boca de Alex. En aquel momento, Michel apaciguó la tensión con un comentario que nos robó algunas sonrisas. Pocos minutos después, la bocina del auto de la señora Davis se hizo oír. Con sorprendente velocidad y agilidad apagamos las velas y guardamos todo con la tabla, en uno de los cajones del guardaropas del anfitrión, no obstante, lo guardaríamos en otro lugar. Abrimos las ventanas de par en par para dejar escapar el enrarecido aire, cerramos la puerta y corrimos hacia la sala de estar, cuando entró la señora Vivis, nos miró como sospechando algo. Era muy raro que los tres nos encontráramos sentados en el mismo sofá, además estábamos en silencio, y con el televisor apagado, eso ya era demasiado extraño.

Esto se repitió muchas veces. A medida que corría el tiempo, y aumentaba la frecuencia de nuestras reuniones, las manifestaciones se hacían más fuertes. Y otras empezaron a aparecer.

Una madrugada me despertó el teléfono, era Michel, con voz temblorosa me relataba lo que había ocurrido esa noche, en verdad no lo recuerdo bien pero era algo así: su cama había vibrado como si estuviera en medio de un terremoto y eso no fue todo, veía una sombra que parecía observarle durante aquel movimiento. No me proporcionó datos detallados de aquel hecho, jamás quiso hacerlo. Por otra parte, Alex había tenido problemas con su familia, y por esa razón, se cambió a una pequeña casa, apartada, no muy lejos del barrio donde vivíamos. Sin embargo, para mí, podía decir que hasta entonces todo iba bien, más de lo que esperaba. Lastimosamente eso terminó aquella noche del 16 de mayo de 1998, cuando una espantosa pesadilla me despertó, y al abrir los ojos observé una escena espectral. Al pie de mi cama había una sombra que parecía observarme, alta, aterradora, fue espeluznante, no podía mover un músculo, mis gritos se me apagaban en la garganta, eso me asustó de manera considerable, y no se sorprendan si logran notar que aún tiemblo al narrarlo.

Y de esa forma mi vida iba siendo invadida por extraños acontecimientos. Una noche estaba tomando café y retozando una partida de ajedrez, con el ya muy mencionado Alex, que entonces ya vivía en solitario en la apartada casa que mencioné anteriormente. Se hizo tarde así que, me despedí e iba caminando a mi domicilio. La casa de mis padres donde yo llevaba mi vida de parásito estaba algo alejada y la noche estaba fría y húmeda. En el camino empedrado las piedras parecían cristales bajo la luz, recuerdo que todo el camino estaba cubierto de neblina y los alumbrados parecían fantasmas al costado de la calle y no había gente por ningún lado. Esa escena hizo que un miedo invadiera por completo mi ser, un miedo que más tarde se volvería un descontrolado terror. Tratando de pensar en otra cosa que no sea la desolada vía, apresuré mis pasos. En cada tres pasos que daba, miraba el camino que dejaba atrás y el miedo hacía que mi caminar fuera acelerado y no prestara mucha atención. De pronto de entre la niebla salió un hombre –es lo que pude juzgar por la silueta que pude notar– que venía apresurado detrás de mí. A lo mejor ese aire paranoico que todos tenemos o los libros que acostumbraba leer, o quizás las películas que veía, me inculcaron la idea de que venía por mí. La reacción de mi parte fue inmediata, emprendí una corrida. Estaba huyendo de esa idea loca. Mis pisadas eran estruendos en medio de la silenciosa noche y cuando ya juzgué suficiente la distancia, que según yo creía haber tomado de aquel misterioso hombre, volví a mirar a mis espaldas. Grande fue mi asombro cuando noté que el semejante estaba a menos de tres metros de mi tembloroso cuerpo. No estoy seguro de lo que me pasó, caí al suelo como un pájaro golpeado en pleno vuelo, las piedras se hicieron sentir debajo de mí mientras un horror indecible se formaba en mi interior. Era solamente una sombra alta, la que se me acercaba, más y más, sin cesar, sin rostro, sin pasos.

No voy a explicar más detalles de este hecho, sólo porque en realidad no recuerdo lo que ocurrió luego, ni siquiera como llegué a casa esa noche. Al día siguiente volví a la casa de Alex a relatarle el hecho que acabo de describir. Él no me creyó, y tampoco espero que ustedes me crean, pero cuando hasta yo dudo de ello, sé que fue real.

Pasaron los días, y los tres implicados en las macabras reuniones, teníamos experiencias horribles y nuestras vidas se iban llenando de problemas. Michel se mudó a otra ciudad por una razón que hasta hoy desconozco, así que las sesiones fueron dejadas. Alex, en la soledad de su apartada vivienda y con los padres enojados, se pasaba los días con el ánimo decaído. Por mi parte vivía inseguro, la sensación que se apoderaba de mí todas las noches era horrible, una sensación de acechanza, ojos que me observaban.

La noche del 5 de octubre de 1999 soñé que una pareja iba caminando por la calle Elizabeth Scroft –así se llama la calle que cruza frente a mi casa– y antes de llegar a la intersección Pete Worlog, son víctimas de un psicópata, pude ver que era un hombre alto, grande y fuerte. Claramente vi cómo eran asesinados, primero, al hombre le fue arrancado los ojos y luego degollado, la mujer corrió pero fue en vano porqué a los pocos metros fue alcanzada y terminó con la cabeza aplastada con una piedra del tamaño de un balón de fútbol. Desperté a la mañana siguiente no recordando este sueño, hasta que a mi madre llego del mercado y alarmada me contó sobre el asesinato de una pareja, la escena del crimen no quedaba lejos de nuestra casa, había sido sobre la calle Elizabeth Scroft y el crimen no tuvo testigos. No hice comentario al respecto, pero cuando comentó la manera aterradora en que murió la chica de 23 años, vino a mi mente el sueño que les comenté anteriormente. Bueno, confieso que en aquel momento la excitación me invadió y pensé que el futuro se aparecía en mis sueños.

Me había zambullido en los libros porque mis notas en la escuela no eran buenas, y por la misma razón mis amigos fueron quedando de lado, extrañaba los juegos hasta altas horas de la noche. La mañana del 12 de noviembre de 1999 desperté cansado y con el brazo izquierdo adolorido, pensaba que durante esa noche me dormí encima de ese brazo o algo así. La mañana transcurrió rápida y pronto llegó el medio día, con el característico aroma de la comida en la cocina y con él una terrible noticia que conmovió a todo el barrio, la cabeza de un joven fue encontrada en el campanario de la iglesia de mi barrio. Entonces, una sensación de asombro, excitación y un indecible horror y tristeza se mezclaron en mi interior. Me levanté de la mesa y corrí a mi habitación a tratar de recordar mi sueño, y entonces fue que me acordé del campanario, la calle, la apartada casa, y no pude evitar que las lágrimas cayeran en gruesas gotas sobre mi rostro, cuando recordé la cabeza arrancada.

No podía creer que la vida de mi amigo Alex terminaría de una forma tan trágica. Muchos días me pasé pensando en el sueño que predecía la muerte de mi amigo, y el misterioso detalle es que también fue aquel hombre alto quien lo mató, bueno eso según mi sueño. Lastimosamente nunca recordé el rostro de aquel asesino, tal vez nunca lo vi. Y si lo recordara ¿Quién me creería?

Es muy tarde y mi taza ya está vacía, voy a apresurar la conclusión de mi relato. Los días pasaron y llegaron las fechas festivas. En nuestra casa se sentía un aire alegre, lleno de vida. Mis primos llegaron para pasar los días de celebraciones con nosotros, Raúl, Ariel y el más grande, el jugador de rugby Carlos. Cuando vi llegar a éste pensé –creció tanto en tan poco tiempo–.

Nuestra casa se llenó de algarabía, y tumulto algo que no me gustaba mucho, no sé por qué. En fin, los días transcurrieron rápido y pronto llegó el 23 de diciembre de 1999, sinceramente quisiera olvidar ese tiempo, porque lo que ocurrió la noche de aquella fecha fue terrible. Era tarde en la noche, cada uno nos dispusimos a acomodarnos en nuestras respectivas camas. Raúl y yo dormíamos en el mismo lecho, Ariel que era el más chico se encontraba con Carlos en la otra cama. Todos estábamos en la misma habitación.

La oscuridad y el silencio envolvieron la residencia, yo no podía dormir, tal vez por el calor. Mantenía los ojos abiertos mirando la nada, y hasta mis oídos llegaba el sonido de los movimientos de las manecillas del reloj, ubicado en la pared de la sala de estar. Después de unas horas me quedé dormido, y un sueño horrible me atacó era de nuevo el hombre alto, la sombra alta, en mi habitación sobre mis primos. Vi que tomó a Carlos del cuello y lo lanzó por la pared, no sabía cómo, pero lo vi tan claro. El jugador de rugby se incorporó y tomó un florero de loza que se encontraba sobre la mesita de luz, y con éste consiguió herir en el brazo izquierdo a la sombra. En esto, Raúl también se abalanzó sobre la horrible sombra que lanzaba maldiciones. Mientras pasaba esta visión por mi cabeza, sentía que por mi espalda se deslizaba un frío hilo de sudor. Las visiones se hacían más claras, cada vez más. Y de pronto conseguí abrir los ojos, un horror indecible se convirtió en nudo y se colocó en mi garganta al ver la escena. Mis tres primos me sostenían en el piso, de los brazos y las piernas. Carlos tenía una cortadura en la cabeza y Raúl tenía la ropa destrozada al igual que yo. Cuando miré mi brazo izquierdo estaba cortado y estaba sangrando. El florero de loza yacía roto en el suelo.

Para mí, fue como ver el rostro de aquel asesino. Muchos sueños siguieron después de esto, sólo me pregunto: ¿Hasta cuándo?

diciembre de 2003

* Ilustración de Pedro Pereira
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