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Empezamos
haciendo preguntas que sólo interesaría
a unos chicos de nuestra edad. Aún no me quitaba
la duda de quien de los dos estaría moviendo
la copa con el dedo cuando de pronto Alex se sobresaltó
y se levanto acusando a Michel de ser el causante de
los movimientos del objeto de cristal. El acusado se
defendió con una negativa y afirmó que
el culpable era yo. Respondí con otra negativa
moviendo la cabeza. En realidad no sólo Alex
se espantó con la respuesta dada por el movimiento
de la copa sobre la tabla, cuya pregunta era -¿Cómo
voy a morir?-, y salieron de la boca de Alex. En aquel
momento, Michel apaciguó la tensión con
un comentario que nos robó algunas sonrisas.
Pocos minutos después, la bocina del auto de
la señora Davis se hizo oír. Con sorprendente
velocidad y agilidad apagamos las velas y guardamos
todo con la tabla, en uno de los cajones del guardaropas
del anfitrión, no obstante, lo guardaríamos
en otro lugar. Abrimos las ventanas de par en par para
dejar escapar el enrarecido aire, cerramos la puerta
y corrimos hacia la sala de estar, cuando entró
la señora Vivis, nos miró como sospechando
algo. Era muy raro que los tres nos encontráramos
sentados en el mismo sofá, además estábamos
en silencio, y con el televisor apagado, eso ya era
demasiado extraño.
Esto se repitió muchas veces. A medida que corría
el tiempo, y aumentaba la frecuencia de nuestras reuniones,
las manifestaciones se hacían más fuertes.
Y otras empezaron a aparecer.
Una madrugada me despertó el teléfono,
era Michel, con voz temblorosa me relataba lo que había
ocurrido esa noche, en verdad no lo recuerdo bien pero
era algo así: su cama había vibrado como
si estuviera en medio de un terremoto y eso no fue todo,
veía una sombra que parecía observarle
durante aquel movimiento. No me proporcionó datos
detallados de aquel hecho, jamás quiso hacerlo.
Por otra parte, Alex había tenido problemas con
su familia, y por esa razón, se cambió
a una pequeña casa, apartada, no muy lejos del
barrio donde vivíamos. Sin embargo, para mí,
podía decir que hasta entonces todo iba bien,
más de lo que esperaba. Lastimosamente eso terminó
aquella noche del 16 de mayo de 1998, cuando una espantosa
pesadilla me despertó, y al abrir los ojos observé
una escena espectral. Al pie de mi cama había
una sombra que parecía observarme, alta, aterradora,
fue espeluznante, no podía mover un músculo,
mis gritos se me apagaban en la garganta, eso me asustó
de manera considerable, y no se sorprendan si logran
notar que aún tiemblo al narrarlo.
Y de esa forma mi vida iba siendo invadida por extraños
acontecimientos. Una noche estaba tomando café
y retozando una partida de ajedrez, con el ya muy mencionado
Alex, que entonces ya vivía en solitario en la
apartada casa que mencioné anteriormente. Se
hizo tarde así que, me despedí e iba caminando
a mi domicilio. La casa de mis padres donde yo llevaba
mi vida de parásito estaba algo alejada y la
noche estaba fría y húmeda. En el camino
empedrado las piedras parecían cristales bajo
la luz, recuerdo que todo el camino estaba cubierto
de neblina y los alumbrados parecían fantasmas
al costado de la calle y no había gente por ningún
lado. Esa escena hizo que un miedo invadiera por completo
mi ser, un miedo que más tarde se volvería
un descontrolado terror. Tratando de pensar en otra
cosa que no sea la desolada vía, apresuré
mis pasos. En cada tres pasos que daba, miraba el camino
que dejaba atrás y el miedo hacía que
mi caminar fuera acelerado y no prestara mucha atención.
De pronto de entre la niebla salió un hombre
–es lo que pude juzgar por la silueta que pude
notar– que venía apresurado detrás
de mí. A lo mejor ese aire paranoico que todos
tenemos o los libros que acostumbraba leer, o quizás
las películas que veía, me inculcaron
la idea de que venía por mí. La reacción
de mi parte fue inmediata, emprendí una corrida.
Estaba huyendo de esa idea loca. Mis pisadas eran estruendos
en medio de la silenciosa noche y cuando ya juzgué
suficiente la distancia, que según yo creía
haber tomado de aquel misterioso hombre, volví
a mirar a mis espaldas. Grande fue mi asombro cuando
noté que el semejante estaba a menos de tres
metros de mi tembloroso cuerpo. No estoy seguro de lo
que me pasó, caí al suelo como un pájaro
golpeado en pleno vuelo, las piedras se hicieron sentir
debajo de mí mientras un horror indecible se
formaba en mi interior. Era solamente una sombra alta,
la que se me acercaba, más y más, sin
cesar, sin rostro, sin pasos.
No voy a explicar más detalles de este hecho,
sólo porque en realidad no recuerdo lo que ocurrió
luego, ni siquiera como llegué a casa esa noche.
Al día siguiente volví a la casa de Alex
a relatarle el hecho que acabo de describir. Él
no me creyó, y tampoco espero que ustedes me
crean, pero cuando hasta yo dudo de ello, sé
que fue real.
Pasaron los días, y los tres implicados en las
macabras reuniones, teníamos experiencias horribles
y nuestras vidas se iban llenando de problemas. Michel
se mudó a otra ciudad por una razón que
hasta hoy desconozco, así que las sesiones fueron
dejadas. Alex, en la soledad de su apartada vivienda
y con los padres enojados, se pasaba los días
con el ánimo decaído. Por mi parte vivía
inseguro, la sensación que se apoderaba de mí
todas las noches era horrible, una sensación
de acechanza, ojos que me observaban.
La noche del 5 de octubre de 1999 soñé
que una pareja iba caminando por la calle Elizabeth
Scroft –así se llama la calle que cruza
frente a mi casa– y antes de llegar a la intersección
Pete Worlog, son víctimas de un psicópata,
pude ver que era un hombre alto, grande y fuerte. Claramente
vi cómo eran asesinados, primero, al hombre le
fue arrancado los ojos y luego degollado, la mujer corrió
pero fue en vano porqué a los pocos metros fue
alcanzada y terminó con la cabeza aplastada con
una piedra del tamaño de un balón de fútbol.
Desperté a la mañana siguiente no recordando
este sueño, hasta que a mi madre llego del mercado
y alarmada me contó sobre el asesinato de una
pareja, la escena del crimen no quedaba lejos de nuestra
casa, había sido sobre la calle Elizabeth Scroft
y el crimen no tuvo testigos. No hice comentario al
respecto, pero cuando comentó la manera aterradora
en que murió la chica de 23 años, vino
a mi mente el sueño que les comenté anteriormente.
Bueno, confieso que en aquel momento la excitación
me invadió y pensé que el futuro se aparecía
en mis sueños.
Me había zambullido en los libros porque mis
notas en la escuela no eran buenas, y por la misma razón
mis amigos fueron quedando de lado, extrañaba
los juegos hasta altas horas de la noche. La mañana
del 12 de noviembre de 1999 desperté cansado
y con el brazo izquierdo adolorido, pensaba que durante
esa noche me dormí encima de ese brazo o algo
así. La mañana transcurrió rápida
y pronto llegó el medio día, con el característico
aroma de la comida en la cocina y con él una
terrible noticia que conmovió a todo el barrio,
la cabeza de un joven fue encontrada en el campanario
de la iglesia de mi barrio. Entonces, una sensación
de asombro, excitación y un indecible horror
y tristeza se mezclaron en mi interior. Me levanté
de la mesa y corrí a mi habitación a tratar
de recordar mi sueño, y entonces fue que me acordé
del campanario, la calle, la apartada casa, y no pude
evitar que las lágrimas cayeran en gruesas gotas
sobre mi rostro, cuando recordé la cabeza arrancada.
No podía creer que la vida de mi amigo Alex
terminaría de una forma tan trágica. Muchos
días me pasé pensando en el sueño
que predecía la muerte de mi amigo, y el misterioso
detalle es que también fue aquel hombre alto
quien lo mató, bueno eso según mi sueño.
Lastimosamente nunca recordé el rostro de aquel
asesino, tal vez nunca lo vi. Y si lo recordara ¿Quién
me creería?
Es muy tarde y mi taza ya está vacía,
voy a apresurar la conclusión de mi relato. Los
días pasaron y llegaron las fechas festivas.
En nuestra casa se sentía un aire alegre, lleno
de vida. Mis primos llegaron para pasar los días
de celebraciones con nosotros, Raúl, Ariel y
el más grande, el jugador de rugby Carlos. Cuando
vi llegar a éste pensé –creció
tanto en tan poco tiempo–.
Nuestra casa se llenó de algarabía, y
tumulto algo que no me gustaba mucho, no sé por
qué. En fin, los días transcurrieron rápido
y pronto llegó el 23 de diciembre de 1999, sinceramente
quisiera olvidar ese tiempo, porque lo que ocurrió
la noche de aquella fecha fue terrible. Era tarde en
la noche, cada uno nos dispusimos a acomodarnos en nuestras
respectivas camas. Raúl y yo dormíamos
en el mismo lecho, Ariel que era el más chico
se encontraba con Carlos en la otra cama. Todos estábamos
en la misma habitación.
La oscuridad y el silencio envolvieron la residencia,
yo no podía dormir, tal vez por el calor. Mantenía
los ojos abiertos mirando la nada, y hasta mis oídos
llegaba el sonido de los movimientos de las manecillas
del reloj, ubicado en la pared de la sala de estar.
Después de unas horas me quedé dormido,
y un sueño horrible me atacó era de nuevo
el hombre alto, la sombra alta, en mi habitación
sobre mis primos. Vi que tomó a Carlos del cuello
y lo lanzó por la pared, no sabía cómo,
pero lo vi tan claro. El jugador de rugby se incorporó
y tomó un florero de loza que se encontraba sobre
la mesita de luz, y con éste consiguió
herir en el brazo izquierdo a la sombra. En esto, Raúl
también se abalanzó sobre la horrible
sombra que lanzaba maldiciones. Mientras pasaba esta
visión por mi cabeza, sentía que por mi
espalda se deslizaba un frío hilo de sudor. Las
visiones se hacían más claras, cada vez
más. Y de pronto conseguí abrir los ojos,
un horror indecible se convirtió en nudo y se
colocó en mi garganta al ver la escena. Mis tres
primos me sostenían en el piso, de los brazos
y las piernas. Carlos tenía una cortadura en
la cabeza y Raúl tenía la ropa destrozada
al igual que yo. Cuando miré mi brazo izquierdo
estaba cortado y estaba sangrando. El florero de loza
yacía roto en el suelo.
Para mí, fue como ver el rostro de aquel asesino.
Muchos sueños siguieron después de esto,
sólo me pregunto: ¿Hasta cuándo?
diciembre de 2003
* Ilustración de Pedro Pereira |
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