Esa
noche conducía a una velocidad desmesurada; al
parecer, una mezcla de rabia y alcohol, lo hacían
presionar el acelerador a fondo. Samuel mordía
sus labios, refunfuñaba, maldecía: maldito
traidor , sinvergüenza, cochetumadre. La pista
mojada por la persistente lluvia, curvas cerradas, todo
era indicador de un fatal accidente.
Samuel Silva, había perdido su negocio de 15
años a manos de su socio y hermano. Todo había
terminado por el manejo ilícito y codicioso del
traidor. Lo único que Samuel quería era
apretar el cuello del maldito y hacia allá se
dirigía. De pronto, el pavimento hace una mala
jugada al auto y éste se transforma en un trompo
que terminará su torbellinesco movimiento en
un profundo barranco.
Tal vez semanas después, Samuel abre sus ojos.
Se encuentra solo en una habitación de curvadas
formas y de color indefinido, tonalidades que varían
de un rojo vivo a un amarillo; nadie lo visita, pasan
los días, muchos días. Samuel, desde su
extraña habitación, piensa en lo que ha
sido su vida, 35 años. Se consideraba un hombre
afortunado, fue criado por buenos padres, su origen
humilde le había formado el carácter de
hombre luchador. A pesar de la traición de que
fue presa, estaba conforme con su vida; tenía
una buena y bonita mujer ya no le importaba el negocio;
apenas saliera del lugar donde se encontraba comenzaría
todo de nuevo. A menudo se preguntaba por qué
no lo visitaban, llevaba mucho tiempo dentro de la solitaria
habitación, no había doctor ni enfermeras,
como tampoco parientes, quizás mañana;
tal vez las ansias de saber lo que ocurría le
hacían sentir un hambre voraz, a veces pedía
leche con plátano, otras chocolate y a las horas
más inesperadas una sabrosa pizza. Todo lo que
él deseaba comer se le daba.
Tal vez eran los medicamentos que le habían
suministrado, pero Samuel tenía la sensación
de que su cuarto se movía, las paredes cambiaban
su forma y sus vivos colores.
- Llevo mucho tiempo aquí. - Según sus
cálculos debe tener unos ocho meses encerrado
en la habitación de extraña, curvada y
movediza forma, con sus colores vivos, rojo, amarillo,
a veces muy oscura; su sensación de estar sumergida
en una tibia tina.¡Qué locura!, debe ser
su estado de convaleciente y los medicamentos. De nuevo
hambre, ¡qué hambre más grande!
- Quiero sandía, uvas, o mejor duraznos, ¿cuándo
saldré de este lugar?
Aunque todo es muy extraño y hasta irracional,
Samuel se siente muy cómodo y de vez en cuando
se chupa el dedo pulgar.
Un tiempo después Samuel siente que se acerca
algo, no sabe qué, pero la sensación es
cada vez más grande, la habitación se
mueve más que de costumbre, mucho más.
Algo ocurre, la inquietud es insoportable, las ansias
de Samuel son incontrolables. Quiere salir como sea,
trata de moverse, siente la presencia de muchas personas,
sus voces. Cree que ya saldrá, algo ocurre, esa
luz es cada vez más enceguecedora, la puerta
se abre: Samuel ya no recuerda nada.
Un gran grito, llanto y más llanto...
- ¡Señora es un bonito varón!
2003 |