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EL JOVEN RECUPERADO, por Pastor Amaro Cruz

De pronto se halló en un vacío inmenso, rodeado por la más temida oscuridad. Nada se veía y nada se escuchaba. Por alguna razón su cuerpo emanaba un inusual resplandor que permitía sólo a sí mismo verse. Estaba vestido con su uniforme escolar. Se le ocurrió llamar en alta voz a la espera de que alguien le contestara, sin embargo por más fuerza que le pusiera a su clamor no conseguía emitir sonido alguno. La voz se le había apagado y su temor se acrecentaba cada vez más.

Relatos de terror En busca del más mínimo rastro de luz, el joven se alzó a explorar sin saber con qué o quién se encontraría. No había nada por donde mirase y el silencio era total. Tuvo que recorrer un largo tramo hasta que por fin halló lo que con tantas ansias había estado buscando: era una delgada línea blanca que pendía de forma oblicua surcando aquel telón negro. ¿De dónde provenía? Era imposible saberlo. Cuando el joven llegó hasta su caída final se detuvo frente al rayo de luz al cual no lograba encontrar su origen debido a que se extendía desde lo alto, distancia a la cual su visión ya no podía distinguir. Conforme con lo hallado se quedó quieto en el lugar, mirándolo intentando buscar respuestas que explicaran su existir. Luego de un rato se sentó y se durmió a causa de cansancio. Sin darse cuenta su resplandor comenzaba a debilitarse.

Al despertarse el joven había perdido la noción del tiempo transcurrido. El rayo continuaba brillando frente a él. Decidió permanecer en el mismo sitio aferrándose a lo que consideró como su tesoro mas preciado, ni siquiera se atrevía a tocarlo o a caminar a su alrededor. En ocasiones un fuerte viento frío lo hacía encogerse en el suelo, en otras, un intenso calor lo sofocaba hasta hacerlo gritar de sed, pero su voz era muda. Pese a estas adversidades el joven no se movió de ahí y siguió custodiando su tesoro.

El paso del tiempo se hacía más extenso. Como un milagro ansiado, sus oídos captaron un leve susurro que se escuchó desde las alturas. Su mirada se alzó hacia arriba intentando descifrar el nuevo acontecimiento. Cuando el susurro se oyó nuevamente el joven advirtió que éste venía de la misma dirección que el rayo de luz y que se trataban de diferentes voces que murmuraban entre sí. Al principio no había podido reconocerlas pero al sonar éstas con mayor fuerza y claridad se sorprendió al descubrir a quienes pertenecían. Su familia proclamaba su regreso a través de súplicas, ruegos y rezos. De repente creyó comprender lo que estaba sucediendo. No tenía conocimiento del lugar donde se encontraba pero sí por qué estaba allí, en ese vacío inmenso y oscuro. Recordó con estupor aquel reciente episodio donde una camioneta lo había arrollado al cruzar la calle a una cuadra de su colegio.

Concluyó que el rayo de luz al cual había vigilado con afán lo conduciría hasta donde las voces, consiguiendo así el anhelado reencuentro con su familia. Para esto se atrevería a lo que no había hecho antes. Se animó a dar dos pasos y el rayo que antes caía y terminaba en el suelo ahora lo hacía sobre la rodilla izquierda del joven. Extendió sus ambas manos hacia delante y las movió como tanteando el aire y luego con ellas atravesó el rayo pero nada podía tocar. Fue recién que en el tercer paso dado se topó con algo que sobresalía de la superficie. Lo examinó con el pie y después se subió sobre él. Se había elevado como unos veinte centímetros del suelo. Volvió a buscar con el pie y nuevamente se topó con lo que, según dedujo el joven, sería el segundo escalón de una escalera. No dudó en hacerlo y se paró sobre éste. Miró hacia delante; el rayo de luz chocaba su rodilla. En ese instante retornaron las voces que lo llamaban con persistencia pero así como habían vuelto se marcharon. Otra vez lo rodeó el silencio. Con la idea de que al hallar el principio del rayo de luz encontraría a su familia, el joven a paso firme y seguro, dio inicio al ascenso.

Subió por varias horas, mas el recorrido parecía ser interminable. A causa de su agotamiento el joven se tomó un descanso sentándose sobre unos de los incontables escalones; fue entonces que se percató que su peculiar resplandor se estaba desvaneciendo y comenzaba a ser cubierto por la oscuridad. De inmediato se levantó y retomó la marcha. Se había impuesto no detenerse ante nada. Finalmente después de haber hecho una larga carrera llegó hasta el nacimiento del rayo de luz. Su origen radicaba en la existencia de un minúsculo orificio que parecía salir de la nada. Coincidentemente la escalera ya no poseía más escalones, una pequeña plataforma suplantaba a éstos.

De pie sobre la plataforma el joven tapó el orificio con el dedo índice de la mano izquierda, luego lo retiró. Palpó con las manos y lo que antes era nada lo consideró como una pared, de modo que ahora debía de encontrar la forma de cruzar al otro lado. Se agachó y espió por el orificio pero a causa de la intensidad de la luz le fue imposible ver algo. Palpó de nuevo pero con mayor detenimiento alrededor del orificio; esta vez encontró un artefacto pegado a la pared en forma de manija, segundos después concluyó que lo que tenía en sus manos era un picaporte. Se levantó y pensó si realmente su familia se hallaría del otro lado donde la luz brillaba, la incertidumbre lo había invadido. Vio su cuerpo y sus piernas parecían desaparecer.

Dependía de él girar el picaporte, hasta entonces ya no había escuchado más las voces. Poniendo toda su esperanza en un profundo respiro agarró el picaporte haciéndolo girar hacia abajo y empujó apenas un poco hacia delante. Los múltiples rayos de luz que se escapaban del otro lado hacían distinguir el marco de una puerta. Dio un paso más al frente y atravesó por completo el umbral, mas por el mismo fulgor de la luz sus ojos se cegaron por unos instantes. Lentamente la vista volvió formar parte de él y lo primero que vio le regresó la felicidad que había perdido. Su alma se llenó de vida al ver que estaba rodeado por su madre, padre y hermana quienes, desde hacía tres días, no habían abandonado la cama del hospital donde se encontraba ahora el joven recuperado.

Pastor Amaro. 2005

* Ilustración de Kreaseahtorah.

 
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