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Relatos
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ELLOS, por Gustavo A. Bautista

Relatos de terror en TumbaAbierta.com

21:13


Esta noche la Luna despide una potente luz blanca. Más que nunca, nuestro satélite parece hoy una pequeña joya colgada del firmamento púrpura. La refulgencia que salía antes de la superficie lunar no hubiera sido comparable con la que hay ahora. Ha ido en aumento. Seguramente dentro de unas cuantas horas la luminiscencia emitida será mayor que la actual.

23:27

La fuerza en la intensidad de los rayos ha crecido de manera increíble, y han llegado ya a alumbrar la Tierra. Una parte del mundo está sumido en una claridad ignota proveniente de la Luna, lo que le da al paisaje un halo onírico. El mismo que baña a nuestro satélite...

El olor a podrido y a agua parada es lo que distingue a Yamacrah de los otros pueblos de la ribera del Mississippi. Yamacrah y el pantano que rodea al villorrio están bajo la gran luz que alumbra parcialmente a la Tierra. El Ayuntamiento y las casas de la aldea, antes de marrón veteado por la madera, son ahora de alabastro puro. Los troncos de los eucaliptos, antes verduzcos por el musgo, y el fango de la ciénaga, pardo por la suciedad, son ahora como el marfil africano. La luz de luna lo ha cambiado todo...

La infernal orquesta nocturna que solían formar las alimañas del lodazal parece habérsela tragado el fango espeso... Aunque realmente no es más que otra consecuencia de este resplandor. Un caimán acobardado por la claridad sobrecogedora forma tímidas estelas en el agua del pantano. No ha salido del agua desde que el satélite comenzó a brillar de esta forma, sólo cuando tiene ganas de respirar asoma rápidamente su morro, formando una perfecta línea recta con sus increíbles ojos de asesino.

23:54

La fuerza de los rayos lunares ha ido menguando hasta llegar a su potencia habitual. El aspecto destartalado y pobre de Yamacrah vuelve de nuevo. Las casas son otra vez de mediocre madera. El velo que antes embozaba su realidad se ha esfumado con el declive de los rayos. Un rumor que crece hasta sonido altera la tranquilidad inédita del pantano: lechuzas y otras criaturas vibran con sus alborotos en las tinieblas.

00:01

Bajo los verdosos troncos de eucalipto, asemejados en los brazos deformes de una bestia mítica, comienza a levantarse niebla. Crece como la humareda viciosa de un fumadero de opio, y pronto abarca todo el pantano sureño.

Como la piel palpitante de un reptil que respira, el fango pastoso empieza a moverse. Una grieta que se llena de agua corrompida deja salir un lamento de la profundidad de la Tierra. A otra con la forma del garabato de un loco se le escapa un grito encerrado toda una vida... Apresado muchos años en las entrañas pútridas del pantano.

El asombroso bullicio de la ciénaga nuevamente se hunde en su propia oscuridad, acongojado por el grito atroz que ha salido de la oquedad... Entonces empieza a asomarse a la tierra el fruto crecido de este capricho lunar... Primero sale un manojo de falanges con restos colgantes de piel y trozos de carne podrida, después otra mano completamente descarnada.

Aferrándose a una tierra colmada de vidas, que exterminar, se asoma al pantano el retrato de una pesadilla. Envuelta en largos cabellos sucios y medio muertos, la Fealdad absoluta sale torpemente del agujero, en el que se ha revuelto una eternidad. Gimiendo, su figura se arrastra como una culebra por el barro, sobre el que deja un rastro de piel corrompida. En diversos rincones de la ciénaga se han abierto grietas de sinuoso trazo, y han emergido de ellas alucinantes seres, propios del delirium tremens de un empedernido borracho, que gritan con estruendo la liberación de su castigo bajo metros y metros de tierra.

Los hay que no pueden incorporarse y van reptando, sin piernas. Unos van cojeando; otros son mancos. Están los que tienen el cuerpo tan corrupto que lo van perdiendo trozo a trozo... Pero todos andan con esa mirada carnicera, preludio de una gran hecatombe... Van hacia Yamacrah con la boca desencajada y sin carne apenas, preparando su dentadura de sierra para un salvaje festín.

Cuerpos suaves, abultados y apetitosos duermen en el pueblo ignorantes de la jauría que llega a sus casas. La población se ha incrementado en la aldea. Los bebés que duermen en las cunas preparadas por sus padres serán descoyuntados por los miembros de esta legión, y llorarán con extremo dolor las heridas que se abrirán en sus delicados cuerpecillos sin que nadie pueda ayudarles.

06:17

El Sol se deja ver en el horizonte. Un nuevo día va a comenzar en Yamacrah, pero golpes de viento estéril recorren la tierra sureña. Las casas de madera son tumbas recientes, y los interiores son las entrañas de una carnicería. ¿Qué explicación darán los policías y detectives del estado, cuando vean estas macabras estampas?

Fácilmente podrán ver las huellas que van del pantano al pueblo, los restos de piel y carne, y los agujeros abiertos sobre el cieno... Pero... ¿Quién admitirá lo que inevitablemente se despertará en la mente racional?...

Gustavo A. Bautista
2005

* Ilustración de Rocío Sánchez.

 
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