
21:13
Esta noche la Luna despide una potente luz blanca.
Más que nunca, nuestro satélite
parece hoy una pequeña joya colgada del
firmamento púrpura. La refulgencia que
salía antes de la superficie lunar no hubiera
sido comparable con la que hay ahora. Ha ido en
aumento. Seguramente dentro de unas cuantas horas
la luminiscencia emitida será mayor que
la actual.
23:27
La fuerza en la intensidad de
los rayos ha crecido de manera increíble,
y han llegado ya a alumbrar la Tierra. Una parte
del mundo está sumido en una claridad ignota
proveniente de la Luna, lo que le da al paisaje
un halo onírico. El mismo que baña
a nuestro satélite...
El olor a podrido y a agua parada
es lo que distingue a Yamacrah de los otros pueblos
de la ribera del Mississippi. Yamacrah y el pantano
que rodea al villorrio están bajo la gran
luz que alumbra parcialmente a la Tierra. El Ayuntamiento
y las casas de la aldea, antes de marrón
veteado por la madera, son ahora de alabastro
puro. Los troncos de los eucaliptos, antes verduzcos
por el musgo, y el fango de la ciénaga,
pardo por la suciedad, son ahora como el marfil
africano. La luz de luna lo ha cambiado todo...
La infernal orquesta nocturna
que solían formar las alimañas del
lodazal parece habérsela tragado el fango
espeso... Aunque realmente no es más que
otra consecuencia de este resplandor. Un caimán
acobardado por la claridad sobrecogedora forma
tímidas estelas en el agua del pantano.
No ha salido del agua desde que el satélite
comenzó a brillar de esta forma, sólo
cuando tiene ganas de respirar asoma rápidamente
su morro, formando una perfecta línea recta
con sus increíbles ojos de asesino.
23:54
La fuerza de los rayos lunares
ha ido menguando hasta llegar a su potencia habitual.
El aspecto destartalado y pobre de Yamacrah vuelve
de nuevo. Las casas son otra vez de mediocre madera.
El velo que antes embozaba su realidad se ha esfumado
con el declive de los rayos. Un rumor que crece
hasta sonido altera la tranquilidad inédita
del pantano: lechuzas y otras criaturas vibran
con sus alborotos en las tinieblas.
00:01
Bajo los verdosos troncos de
eucalipto, asemejados en los brazos deformes de
una bestia mítica, comienza a levantarse
niebla. Crece como la humareda viciosa de un fumadero
de opio, y pronto abarca todo el pantano sureño.
Como la piel palpitante de un
reptil que respira, el fango pastoso empieza a
moverse. Una grieta que se llena de agua corrompida
deja salir un lamento de la profundidad de la
Tierra. A otra con la forma del garabato de un
loco se le escapa un grito encerrado toda una
vida... Apresado muchos años en las entrañas
pútridas del pantano.
El asombroso bullicio de la
ciénaga nuevamente se hunde en su propia
oscuridad, acongojado por el grito atroz que ha
salido de la oquedad... Entonces empieza a asomarse
a la tierra el fruto crecido de este capricho
lunar... Primero sale un manojo de falanges con
restos colgantes de piel y trozos de carne podrida,
después otra mano completamente descarnada.
Aferrándose a una tierra
colmada de vidas, que exterminar, se asoma al
pantano el retrato de una pesadilla. Envuelta
en largos cabellos sucios y medio muertos, la
Fealdad absoluta sale torpemente del agujero,
en el que se ha revuelto una eternidad. Gimiendo,
su figura se arrastra como una culebra por el
barro, sobre el que deja un rastro de piel corrompida.
En diversos rincones de la ciénaga se han
abierto grietas de sinuoso trazo, y han emergido
de ellas alucinantes seres, propios del delirium
tremens de un empedernido borracho, que gritan
con estruendo la liberación de su castigo
bajo metros y metros de tierra.
Los hay que no pueden incorporarse
y van reptando, sin piernas. Unos van cojeando;
otros son mancos. Están los que tienen
el cuerpo tan corrupto que lo van perdiendo trozo
a trozo... Pero todos andan con esa mirada carnicera,
preludio de una gran hecatombe... Van hacia Yamacrah
con la boca desencajada y sin carne apenas, preparando
su dentadura de sierra para un salvaje festín.
Cuerpos suaves, abultados y apetitosos
duermen en el pueblo ignorantes de la jauría
que llega a sus casas. La población se
ha incrementado en la aldea. Los bebés
que duermen en las cunas preparadas por sus padres
serán descoyuntados por los miembros de
esta legión, y llorarán con extremo
dolor las heridas que se abrirán en sus
delicados cuerpecillos sin que nadie pueda ayudarles.
06:17
El Sol se deja ver en el horizonte.
Un nuevo día va a comenzar en Yamacrah,
pero golpes de viento estéril recorren
la tierra sureña. Las casas de madera son
tumbas recientes, y los interiores son las entrañas
de una carnicería. ¿Qué explicación
darán los policías y detectives
del estado, cuando vean estas macabras estampas?
Fácilmente podrán
ver las huellas que van del pantano al pueblo,
los restos de piel y carne, y los agujeros abiertos
sobre el cieno... Pero... ¿Quién
admitirá lo que inevitablemente se despertará
en la mente racional?...
2005
* Ilustración
de Rocío Sánchez. |