Dedicado
a la mujer que tanto amo:
Daniela Domínguez Castillo
El infierno solo es otro de los grandes dolores
del alma
Att: Damien Sébastien de rousse
Dolores,… dolores que nos hacen sentir
la vida más amarga.
Quizás mas deliciosa para algunos, mortal
para otros.
Att: Damien Sébastien de Rousse
En el siglo XVII, en Francia, en un cuarto lleno
de espejos, brillantes para los sentidos, rotos
para el corazón apasionado, yacía
la pequeña y dulce Jézabel Nastasia.
Una niña de largo pelo negro y liso, y
piel puramente blanca. Esto sucedió poco
tiempo antes del encuentro de los niños
de 9 años con el ángel.
Damien entró al cuarto de la hermana que
amaba con sangre. Su pelo es negro, corto y echado
hacia atrás de modo que queda plano en
su cabeza.
- ¿Qué ha pasado aquí? –exclamó
Damien, asustado al ver el cuerpo de su hermanita
en la cama de sabanas rojas y negras con cientos
de rosas espinosas de color rojas y negras desperdigadas
por todo el cuarto y su cuerpo.
Mientras Damien temía que estuviera muerta,
comenzó a levantar su cuerpo el cual casi
siempre estaba frío como un cadáver
desilusionado. Damien sostenía a Jézabel
en sus brazos y ella despertó como la luna
al anochecer. Al verse cerca del pecho de Damien,
lo besó y con esto avisó que su
sangre aún estaba caliente y fresca.
- ¿Que ha pasado mi malévola? –preguntó
Damien Sébastien-. Pensé que estabas
ahora en el palacio de las tumbas de la muerte
humana.
- Sólo estaba descansando mi protector
hermanito –repuso la criaturita negra llamada
Jézabel- intentaba pensar en lo hermosamente
funesto que se debe sentir otra clase de amor
distinto al de los humanos comunes, y luego de
tanto forzar mi mente terminé dormida.
- ¿Y las rosas? –continuó
preguntando el niño.
- Mis nuevas aliadas florecientes –respondió
la niña Jézabel un poco triste-,
ellas me proporcionarán gracias a sus espinas
las cicatrices que tanto anhelo para mí
y la víctima que deseo por amante. Deseo
hacerle sentir a aquella ordinaria persona, cosas
que nunca ha sentido, un amor solitariamente conocido
por mí, pero que ansío experimentar
en el calor de un débil ser que yo desconozca
en su interior.
- Pues ha llegado el hijo de la nueva criada
-sugirió damien con algo de malicia-. Alguien
sumamente cariñoso, acostumbrado del modo
más tradicional a los sabores amorosos
que le proporciona su familia. Dame la oportunidad
de ver tus artísticos actos eróticos.
- ¡Oh! Mi víctima del erotismo ha
llegado, aquella que me hará sudar dolor
despiadado –exclamó emocionada la
pequeña niña.
Al otro día, Damien había seducido
al amoroso niño para que visitara a su
oscura hermana.
Cuando llegó al cuarto de Jézabel,
la niña yacía colgada en las opacas
cortinas, colgaba su piel a las crudas espinas
con rosas rojas que había colocado sádicamente
su hermano en forma de ramas largas que la sostuvieran
a ella en la cortina. Era un espectáculo
impactante…
La cabecita de la inocente niña estaba
hacia abajo, y sus piernitas apuntando hacia arriba,
pues su delicado cuerpito Damien lo había
colocado de forma invertida, como lo llamaría
Damien: “es un favor que sólo a ella
concedo”.
El saludable y hasta ahora inocente niño
casi se desmaya al ver a la hermosa niña
crucificada de modo invertido, rodeada y penetrada
por todas esas sarcásticas rosas escarlatas.
El infante llamado Kenny, provenía de Inglaterra
y había llegado recientemente con su viuda
madre a Francia a trabajar para los ricos padres
de los hermanitos Rousse.
Kenny salió corriendo hacia la desangrada
Jézabel, pues la sangre corría en
todo el cuarto inundándolo levemente.
- ¿Qué te paso? –preguntó
angustiadamente Kenny-. Iré a llamar a
mi madre para que te ayude a bajar de aquí.
- No, lo que necesito son tus labios -dijo la
tierna e infernal niña-. Ya que te haré
caminar primero en los senderos que ya conoces,
pues los románticos bosques macabros que
te aguardan te intentaran cambiar tu mentalidad
a forma siniestras.
Y con la debilidad de su movimiento, Jézabel
tomó los cachetes del niño y los
acercó hacia su boquita ensangrentada…
besándolo de una forma demoníaca
que la tenue luz del sol trataba de purgar.
- ¿Quién te ha hecho esto? –preguntó
Kenny preocupado, quien comenzaba a sentir afecto
hacia su depredadora destrozada.
- No te preocupes por mí –dijo Jézabel
con una expresión de placer-. Yo he decidido
por voluntad propia estar aquí, de esta
cruel forma, mi hermana ha creado esta bestia
de rosas, para que me devorara entre las futuras
cicatrices que puede provocar, y quiero que tú
seas mi pareja en este viaje hacia el dolor que
he estado llevando sola, pues a mi amado hermanito,
sólo le interesan los placeres sádicos,
él posee las garras que destrozan la carne
y que lo hacen vibrar de excitación. Mientras
que yo soy lo contrario, anhelo el dolor para
mí misma, y Damien convenientemente se
ha encargado de construir poco a poco la corona
de sufrimiento que yo tanto gozo tener. Acompáñame
mi nuevo viajero.
Los ojos de Jézabel brillaban en su negrura,
el niño encantado por Jézabel, lo
único que pudo hacer fue abrazarla, y con
ello al lecho de rosas que había formado
Damien en la cortina. Sus sentidos vieron el dolor
por primera vez de forma tan intensa.
- Tu piel fue rota por las espinas, en actos
de amor y compasión hacia mí –dijo
Jézabel mientras lo abrazaba con una mirada
cruel-. Pero las causas por las que lo hiciste
serán reemplazadas por mi masoquismo. Bienvenido
a tu nueva vida, mi pasión por ti es distinta
a la que siento por mi hermano, pues él
y yo nos complementamos, somos un único
ataúd que abarca todo tipo de sensaciones
infernales. Contigo… contigo será
distinto. Tú serás mi acompañante
en la mitad del ataúd que me corresponde,
tú serás quien arregle mi cadáver
en mis caminos funestos.
Dicho esto, Kenny notó que las rosas comenzaban
a tragárselo a él y a acércarlo
cada vez más a su amante Jézabel,
y notó que uno de los bracitos de la niña
comenzó a dislocarse y a colgar como si
el hueso de su brazo se hubiera salido de su lugar,
era espantoso verla así, y notó
que su rostro parecía el de alguien sin
vida, pues sus ojos apuntaban hacia abajo y su
cara daba un miedo cadavérico. Por unos
segundos, Kenny entró en algo parecido
a un estado de inconciencia de la realidad exterior,
en el que parecía estar en un cementerio,
con el cielo nublado y las nubes desplazándose
a velocidades muy rápidas, atemorizantes
rayos destruían lápidas y hacían
explotar cadáveres que sacaban desde sus
tumbas con la misma explosión.
Al frente apareció de repente Jézabel
con un vestido blanco y algo transparente, cuervos
comenzaban a arrancar y tragar la carne de la
blanca y suave piel de la niña Jézabel.
Kenny estaba tan asustado que sólo logró
dar un grito que sonó como el de un monstruo
sin que él lo quisiera. Su mente se puso
en negro, y sólo veía unas letras
hechas con rosas marchitas, que decían
“Limpia Mi Cadáver Eternamente”.
Luego de ello apareció colgado en la cortina
llena de rosas que lastimaban su carne y lo sostenían.
Por unos momentos vio que Jézabel permanecía
lejos de él pues ya no estaba en la cortina
junto con él proporcionándole aquel
enfermizo y falso amor que la niña odiaba
tanto.
Vio por unos segundos que ella se convertía
en una muñeca sucia y con la cabeza despegada
a un lado, con agujas insertadas en el algodón
que componía su cuerpo. Luego de eso, recuperó
del todo la conciencia, y oyó las siguientes
palabras de la despiadada y romántica Jézabel:
- Mis ojos no lloran agua deshidratada por ti,
sufren por haber sentido por algunos segundos
tu miserable amor, el peor de los dolores que
ni siquiera yo, una masoquista de dolores perversos
podría soportar. Ahora has de quedarte
en esas cortinas por siempre, donde nadie lograra
verte, sólo yo… habrás de
limpiar mis tristezas con los restos de tu alma,
y jamás volverás a ser un humano
normal…por que serás mi mayordomo
en aquel mundo en donde me viste entrar. Serás
mi sirviente de dolores.
La niña llorando, se acercó a Kenny
y le suministró un beso que contenía
desgracias, sus lágrimas se volvieron cenizas
líquidas… El cuerpo de Kenny quedó
deformado, pues ahora tenía su brazo dislocado
y el resto de los miembros de su cuerpo habían
sido devorados inexplicablemente. Con sus últimos
momentos antes de dormir su sueño lúgubre,
Kenny logró notar que Jézabel permanecía
ahora con su cuerpo intacto, sin heridas ni sangre,
y su brazo no estaba ya dislocado.
Jézabel se acostó en su cama, y
Damien llegó y se acostó en los
pequeños pechos de su hermanita mientras
la abrazaba fuertemente, ya que quería
quitarle la respiración por unos momentos.
- ¿Que pasó con la escoria que
te traje? –preguntó Damien con sus
ojos llenos de placer al sentir como sufría
su hermanita, tanto interiormente como física.
Ha logrado dejarme una cicatriz profunda –respondió
agitadamente la niña, quien no podía
respirar bien por el abrazo cruel de su hermano
sádico, mientras ella sentía una
mezcla de placer masoquista y tristeza romántica-.
Una huella erótica que ni las rosas lograron
hacerme, una cicatriz en mis sentimientos…
fin.
Sólo los humanos logran soportar tan
grandes dolores como el amor terrenal, pasiones
que ni los más grandes masoquistas del
mundo desean experimentar… mi asesino ha
sido el amor humano, y mi redención vuelve
con los brazos de él.
Att: Jézabel Nastasia de Rousse.

enero de 2006
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