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LOS HERMANOS ROUSSE (CICATRICES DEL ERÓS),
por Alejandro Rojas Ramírez

Dedicado a la mujer que tanto amo:
Daniela Domínguez Castillo

El infierno solo es otro de los grandes dolores del alma
Att: Damien Sébastien de rousse

Dolores,… dolores que nos hacen sentir la vida más amarga.
Quizás mas deliciosa para algunos, mortal para otros.
Att: Damien Sébastien de Rousse

En el siglo XVII, en Francia, en un cuarto lleno de espejos, brillantes para los sentidos, rotos para el corazón apasionado, yacía la pequeña y dulce Jézabel Nastasia. Una niña de largo pelo negro y liso, y piel puramente blanca. Esto sucedió poco tiempo antes del encuentro de los niños de 9 años con el ángel.

Damien entró al cuarto de la hermana que amaba con sangre. Su pelo es negro, corto y echado hacia atrás de modo que queda plano en su cabeza.

- ¿Qué ha pasado aquí? –exclamó Damien, asustado al ver el cuerpo de su hermanita en la cama de sabanas rojas y negras con cientos de rosas espinosas de color rojas y negras desperdigadas por todo el cuarto y su cuerpo.

Mientras Damien temía que estuviera muerta, comenzó a levantar su cuerpo el cual casi siempre estaba frío como un cadáver desilusionado. Damien sostenía a Jézabel en sus brazos y ella despertó como la luna al anochecer. Al verse cerca del pecho de Damien, lo besó y con esto avisó que su sangre aún estaba caliente y fresca.

- ¿Que ha pasado mi malévola? –preguntó Damien Sébastien-. Pensé que estabas ahora en el palacio de las tumbas de la muerte humana.

- Sólo estaba descansando mi protector hermanito –repuso la criaturita negra llamada Jézabel- intentaba pensar en lo hermosamente funesto que se debe sentir otra clase de amor distinto al de los humanos comunes, y luego de tanto forzar mi mente terminé dormida.

- ¿Y las rosas? –continuó preguntando el niño.

- Mis nuevas aliadas florecientes –respondió la niña Jézabel un poco triste-, ellas me proporcionarán gracias a sus espinas las cicatrices que tanto anhelo para mí y la víctima que deseo por amante. Deseo hacerle sentir a aquella ordinaria persona, cosas que nunca ha sentido, un amor solitariamente conocido por mí, pero que ansío experimentar en el calor de un débil ser que yo desconozca en su interior.

- Pues ha llegado el hijo de la nueva criada -sugirió damien con algo de malicia-. Alguien sumamente cariñoso, acostumbrado del modo más tradicional a los sabores amorosos que le proporciona su familia. Dame la oportunidad de ver tus artísticos actos eróticos.

- ¡Oh! Mi víctima del erotismo ha llegado, aquella que me hará sudar dolor despiadado –exclamó emocionada la pequeña niña.

Al otro día, Damien había seducido al amoroso niño para que visitara a su oscura hermana.

Cuando llegó al cuarto de Jézabel, la niña yacía colgada en las opacas cortinas, colgaba su piel a las crudas espinas con rosas rojas que había colocado sádicamente su hermano en forma de ramas largas que la sostuvieran a ella en la cortina. Era un espectáculo impactante…

La cabecita de la inocente niña estaba hacia abajo, y sus piernitas apuntando hacia arriba, pues su delicado cuerpito Damien lo había colocado de forma invertida, como lo llamaría Damien: “es un favor que sólo a ella concedo”.

El saludable y hasta ahora inocente niño casi se desmaya al ver a la hermosa niña crucificada de modo invertido, rodeada y penetrada por todas esas sarcásticas rosas escarlatas. El infante llamado Kenny, provenía de Inglaterra y había llegado recientemente con su viuda madre a Francia a trabajar para los ricos padres de los hermanitos Rousse.

Kenny salió corriendo hacia la desangrada Jézabel, pues la sangre corría en todo el cuarto inundándolo levemente.

- ¿Qué te paso? –preguntó angustiadamente Kenny-. Iré a llamar a mi madre para que te ayude a bajar de aquí.

- No, lo que necesito son tus labios -dijo la tierna e infernal niña-. Ya que te haré caminar primero en los senderos que ya conoces, pues los románticos bosques macabros que te aguardan te intentaran cambiar tu mentalidad a forma siniestras.

Y con la debilidad de su movimiento, Jézabel tomó los cachetes del niño y los acercó hacia su boquita ensangrentada… besándolo de una forma demoníaca que la tenue luz del sol trataba de purgar.

- ¿Quién te ha hecho esto? –preguntó Kenny preocupado, quien comenzaba a sentir afecto hacia su depredadora destrozada.

- No te preocupes por mí –dijo Jézabel con una expresión de placer-. Yo he decidido por voluntad propia estar aquí, de esta cruel forma, mi hermana ha creado esta bestia de rosas, para que me devorara entre las futuras cicatrices que puede provocar, y quiero que tú seas mi pareja en este viaje hacia el dolor que he estado llevando sola, pues a mi amado hermanito, sólo le interesan los placeres sádicos, él posee las garras que destrozan la carne y que lo hacen vibrar de excitación. Mientras que yo soy lo contrario, anhelo el dolor para mí misma, y Damien convenientemente se ha encargado de construir poco a poco la corona de sufrimiento que yo tanto gozo tener. Acompáñame mi nuevo viajero.

Los ojos de Jézabel brillaban en su negrura, el niño encantado por Jézabel, lo único que pudo hacer fue abrazarla, y con ello al lecho de rosas que había formado Damien en la cortina. Sus sentidos vieron el dolor por primera vez de forma tan intensa.

- Tu piel fue rota por las espinas, en actos de amor y compasión hacia mí –dijo Jézabel mientras lo abrazaba con una mirada cruel-. Pero las causas por las que lo hiciste serán reemplazadas por mi masoquismo. Bienvenido a tu nueva vida, mi pasión por ti es distinta a la que siento por mi hermano, pues él y yo nos complementamos, somos un único ataúd que abarca todo tipo de sensaciones infernales. Contigo… contigo será distinto. Tú serás mi acompañante en la mitad del ataúd que me corresponde, tú serás quien arregle mi cadáver en mis caminos funestos.

Dicho esto, Kenny notó que las rosas comenzaban a tragárselo a él y a acércarlo cada vez más a su amante Jézabel, y notó que uno de los bracitos de la niña comenzó a dislocarse y a colgar como si el hueso de su brazo se hubiera salido de su lugar, era espantoso verla así, y notó que su rostro parecía el de alguien sin vida, pues sus ojos apuntaban hacia abajo y su cara daba un miedo cadavérico. Por unos segundos, Kenny entró en algo parecido a un estado de inconciencia de la realidad exterior, en el que parecía estar en un cementerio, con el cielo nublado y las nubes desplazándose a velocidades muy rápidas, atemorizantes rayos destruían lápidas y hacían explotar cadáveres que sacaban desde sus tumbas con la misma explosión.

Al frente apareció de repente Jézabel con un vestido blanco y algo transparente, cuervos comenzaban a arrancar y tragar la carne de la blanca y suave piel de la niña Jézabel. Kenny estaba tan asustado que sólo logró dar un grito que sonó como el de un monstruo sin que él lo quisiera. Su mente se puso en negro, y sólo veía unas letras hechas con rosas marchitas, que decían “Limpia Mi Cadáver Eternamente”.

Luego de ello apareció colgado en la cortina llena de rosas que lastimaban su carne y lo sostenían. Por unos momentos vio que Jézabel permanecía lejos de él pues ya no estaba en la cortina junto con él proporcionándole aquel enfermizo y falso amor que la niña odiaba tanto.

Vio por unos segundos que ella se convertía en una muñeca sucia y con la cabeza despegada a un lado, con agujas insertadas en el algodón que componía su cuerpo. Luego de eso, recuperó del todo la conciencia, y oyó las siguientes palabras de la despiadada y romántica Jézabel:

- Mis ojos no lloran agua deshidratada por ti, sufren por haber sentido por algunos segundos tu miserable amor, el peor de los dolores que ni siquiera yo, una masoquista de dolores perversos podría soportar. Ahora has de quedarte en esas cortinas por siempre, donde nadie lograra verte, sólo yo… habrás de limpiar mis tristezas con los restos de tu alma, y jamás volverás a ser un humano normal…por que serás mi mayordomo en aquel mundo en donde me viste entrar. Serás mi sirviente de dolores.

La niña llorando, se acercó a Kenny y le suministró un beso que contenía desgracias, sus lágrimas se volvieron cenizas líquidas… El cuerpo de Kenny quedó deformado, pues ahora tenía su brazo dislocado y el resto de los miembros de su cuerpo habían sido devorados inexplicablemente. Con sus últimos momentos antes de dormir su sueño lúgubre, Kenny logró notar que Jézabel permanecía ahora con su cuerpo intacto, sin heridas ni sangre, y su brazo no estaba ya dislocado.

Jézabel se acostó en su cama, y Damien llegó y se acostó en los pequeños pechos de su hermanita mientras la abrazaba fuertemente, ya que quería quitarle la respiración por unos momentos.

- ¿Que pasó con la escoria que te traje? –preguntó Damien con sus ojos llenos de placer al sentir como sufría su hermanita, tanto interiormente como física.

Ha logrado dejarme una cicatriz profunda –respondió agitadamente la niña, quien no podía respirar bien por el abrazo cruel de su hermano sádico, mientras ella sentía una mezcla de placer masoquista y tristeza romántica-. Una huella erótica que ni las rosas lograron hacerme, una cicatriz en mis sentimientos… fin.

Sólo los humanos logran soportar tan grandes dolores como el amor terrenal, pasiones que ni los más grandes masoquistas del mundo desean experimentar… mi asesino ha sido el amor humano, y mi redención vuelve con los brazos de él.
Att: Jézabel Nastasia de Rousse.

Relatos de terror

Alejandro Rojas Ramírez
enero de 2006

 
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