En
una vieja casa, lúgubre como ninguna, vivía
yo, un joven tranquilo y solitario, ocupando la
existencia en tan solo mis pensares; ensoñaciones.
Solía salir a caminar a contemplar la luna
bajo su manto estelar cada noche, excepto aquella
ocasión…
Una noche, entre sueños, me encontraba
en una calle oscura bajo un cielo sin estrellas,
las nubes en forma de cúmulos grises ocultaban
todo indicio de luna, hacía frío
y parecía a juzgar por el clima que en
cualquier momento comenzaría a llover.
Notaba mi cuerpo diferente, delgado y fuerte,
no era yo de eso estaba seguro, me encontraba
dentro del cuerpo de alguien, o algo… el
ser que yo era no puede ser exactamente descrito;
no hay lenguaje para tales abismos de insanas
y espantosas contradicciones de toda materia.
Era azul y parecía estar constituido de
algún raro tipo de cristal, dotado con
un par de alas rudimentarias y tanto mis manos
como pies estaban provistos de enormes garras...
Caminaba por el simple impulso de hacerlo, mi
caminar era liviano y parecía desplazarme
como una sombra en la pared, crucé la calle
y me encontré frente a la puerta de una
enorme casa, pase mi mano con enormes garras cerca
del picaporte y ésta de alguna extraña
manera se abrió ante mí, entré
y estaba oscuro, podía observar objetos
de uso común dentro de la casa, giré
la cabeza y encontré un pasillo a primera
vista vacío, pero no… en él
había un hombre sentado en una mecedora,
se encontraba dormitando con la barbilla caída
en el pecho, lentamente me fui acercando, y por
cada paso que daba hacia él, se pronunciaba
más en mí una ansiedad que devoraba
mi alma, un deseo tan profundo que me llevaba
al borde del delirio, necesitaba de él
algo, algo que ciertamente aun desconocía…
cuando me encontré frente a él,
mi emoción era tremenda, al fin sabría
qué malintencionados fines provocaban en
mí esta catarsis…
No obstante, el hombre se movía…
y dio un grito de terror al ver aquella deformada
figura, por mi parte, yo, me difuminaba ante sus
ojos, era como si mi misión hubiese fracasado…
todo se desvanecía en un mar de imágenes
oníricas, en un vórtice que crudamente
me hacía regresar a la realidad…
Desperté, era de día, y estaba
en mi cama con un horrible dolor de cabeza parecía
que ésta estallaría del dolor, estaba
aún entre las sábanas, no me sentía
nada bien, giré la cabeza y vomité
por el borde del colchón, mi conciencia
estaba intranquila, todo parecía ser que
en el sueño (si es que eso fue por lo que
pasé) veía a través de los
ojos de alguien…o algo…
¿Acaso mi inconsciente me había
jugado una mala broma?, ¿estaba bajo los
efectos de algún tipo de alucinógeno?,
no lo sabía…
Ese mismo día, durante la noche, entré
a la cama y cerré los ojos… al abrirlos
volvía a estar en el cuerpo de ese ser
de los cristales, estaba bajo el mismo cielo sin
estrellas, pero ahora las nubes no ocultaban a
la luna que producía una tenue iluminación,
caminé por las mismas calles de la vez
anterior y me posé por segunda ocasión
frente a la puerta de la enorme casa, entré
en ella, y estuve vagando por los pasillos durante
un rato, hasta que entré a una habitación
en la cual frente a mí se encontraba un
hombre durmiendo apaciblemente en su cama, me
acerqué hasta que sentía su respiración
en mi rostro, una vez más en mí
se desataba aquel inefable sentimiento el cual
sólo los grandes escritores o poetas podrían
describir, ahora sabría las negras intenciones
de mi actuar, acerqué una de mis garras
a su cabeza, cerca de su frente, por un momento
creí que con ella perforaría su
cráneo, pero no fue así, de la palma
de mi amorfa mano emergía lentamente una
parte mecánica-orgánica de forma
muy parecida a la de un narguile, cada segundo
mi ansiedad era mayor, quería saber de
que se trataba todo este asunto, clavé
una parte del extraño narguile en su cráneo,
el hombre no hizo expresión de dolor, mas
bien seguía plácidamente dormido,
tomé la boquilla del narguile, al tomarla,
mil imágenes se recrearon a mi alrededor,
por unos segundos vi al mismo hombre que se encontraba
dormido plácidamente en su cama, ahora
en un mundo extraño, lleno de sus fantasías,
al parecer las imágenes que vi, fueron
sus sueños…
Volví en mí, me llevé el
narguile a la boca y comencé a fumar, me
encontraba en un éxtasis de total delirio,
era la sensación que llenaba y a la misma
vez helaba mi alma creando el mismo deseo que
me corrompía, ¡estaba fumando los
sueños de aquel hombre!, sus sueños…
sus ideas… todo en su interior lo abandonaba
en pequeñas porciones de humo, el cual
yo fumaba, del cual yo me alimentaba.
Para cuando terminé, el hombre aún
seguía dormido, y en sus ojos de un negro
abismal se reflejaba la total ausencia de cualquier
tipo de pensamiento en su mundo onírico.
Al amanecer desperté de mi sueño
placenteramente, me percaté de que sostenía
algo en la mano, y mi sorpresa fue enorme al ver
que en mi puño y junto a mi sostenía
el enorme narguile que en mi sueño había
visto y con el cual había fumado los sueños
de aquel hombre. Estaba totalmente aterrado, ¿que
explicación lógica había
para todo esto? ¿Cómo era posible
que trajera un objeto de un raro mundo onírico
a la realidad?, ¿acaso estaba perdiendo
el juicio?
No disfrutñé el día como
siempre lo había hecho, ese día
no contemplé la luna, pues no podía
olvidar todo lo ocurrido, tenía miedo de
dormir…de volver a soñar…
Después de varias horas el cansancio me
venció, mi sueño no fue tranquilo….
Volvía en el cuerpo del ser de los cristales,
y volvía a tener aquel profundo deseo.
Aquella hambre de sueños…
Entré en algunas casas, y en todas ellas
despoje a sus habitantes de toda ilusión,
de todo pensamiento, pasé toda la noche
fumando, alimentándome, y cerca del amanecer
todo se desvanecía…
julio de 2005
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