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Relatos
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ENSOÑACIÓN, por Ricardo Bravo

Relatos de terrorEn una vieja casa, lúgubre como ninguna, vivía yo, un joven tranquilo y solitario, ocupando la existencia en tan solo mis pensares; ensoñaciones. Solía salir a caminar a contemplar la luna bajo su manto estelar cada noche, excepto aquella ocasión…

Una noche, entre sueños, me encontraba en una calle oscura bajo un cielo sin estrellas, las nubes en forma de cúmulos grises ocultaban todo indicio de luna, hacía frío y parecía a juzgar por el clima que en cualquier momento comenzaría a llover.

Notaba mi cuerpo diferente, delgado y fuerte, no era yo de eso estaba seguro, me encontraba dentro del cuerpo de alguien, o algo… el ser que yo era no puede ser exactamente descrito; no hay lenguaje para tales abismos de insanas y espantosas contradicciones de toda materia. Era azul y parecía estar constituido de algún raro tipo de cristal, dotado con un par de alas rudimentarias y tanto mis manos como pies estaban provistos de enormes garras...

Caminaba por el simple impulso de hacerlo, mi caminar era liviano y parecía desplazarme como una sombra en la pared, crucé la calle y me encontré frente a la puerta de una enorme casa, pase mi mano con enormes garras cerca del picaporte y ésta de alguna extraña manera se abrió ante mí, entré y estaba oscuro, podía observar objetos de uso común dentro de la casa, giré la cabeza y encontré un pasillo a primera vista vacío, pero no… en él había un hombre sentado en una mecedora, se encontraba dormitando con la barbilla caída en el pecho, lentamente me fui acercando, y por cada paso que daba hacia él, se pronunciaba más en mí una ansiedad que devoraba mi alma, un deseo tan profundo que me llevaba al borde del delirio, necesitaba de él algo, algo que ciertamente aun desconocía… cuando me encontré frente a él, mi emoción era tremenda, al fin sabría qué malintencionados fines provocaban en mí esta catarsis…

No obstante, el hombre se movía… y dio un grito de terror al ver aquella deformada figura, por mi parte, yo, me difuminaba ante sus ojos, era como si mi misión hubiese fracasado… todo se desvanecía en un mar de imágenes oníricas, en un vórtice que crudamente me hacía regresar a la realidad…

Desperté, era de día, y estaba en mi cama con un horrible dolor de cabeza parecía que ésta estallaría del dolor, estaba aún entre las sábanas, no me sentía nada bien, giré la cabeza y vomité por el borde del colchón, mi conciencia estaba intranquila, todo parecía ser que en el sueño (si es que eso fue por lo que pasé) veía a través de los ojos de alguien…o algo…

¿Acaso mi inconsciente me había jugado una mala broma?, ¿estaba bajo los efectos de algún tipo de alucinógeno?, no lo sabía…

Ese mismo día, durante la noche, entré a la cama y cerré los ojos… al abrirlos volvía a estar en el cuerpo de ese ser de los cristales, estaba bajo el mismo cielo sin estrellas, pero ahora las nubes no ocultaban a la luna que producía una tenue iluminación, caminé por las mismas calles de la vez anterior y me posé por segunda ocasión frente a la puerta de la enorme casa, entré en ella, y estuve vagando por los pasillos durante un rato, hasta que entré a una habitación en la cual frente a mí se encontraba un hombre durmiendo apaciblemente en su cama, me acerqué hasta que sentía su respiración en mi rostro, una vez más en mí se desataba aquel inefable sentimiento el cual sólo los grandes escritores o poetas podrían describir, ahora sabría las negras intenciones de mi actuar, acerqué una de mis garras a su cabeza, cerca de su frente, por un momento creí que con ella perforaría su cráneo, pero no fue así, de la palma de mi amorfa mano emergía lentamente una parte mecánica-orgánica de forma muy parecida a la de un narguile, cada segundo mi ansiedad era mayor, quería saber de que se trataba todo este asunto, clavé una parte del extraño narguile en su cráneo, el hombre no hizo expresión de dolor, mas bien seguía plácidamente dormido, tomé la boquilla del narguile, al tomarla, mil imágenes se recrearon a mi alrededor, por unos segundos vi al mismo hombre que se encontraba dormido plácidamente en su cama, ahora en un mundo extraño, lleno de sus fantasías, al parecer las imágenes que vi, fueron sus sueños…

Volví en mí, me llevé el narguile a la boca y comencé a fumar, me encontraba en un éxtasis de total delirio, era la sensación que llenaba y a la misma vez helaba mi alma creando el mismo deseo que me corrompía, ¡estaba fumando los sueños de aquel hombre!, sus sueños… sus ideas… todo en su interior lo abandonaba en pequeñas porciones de humo, el cual yo fumaba, del cual yo me alimentaba.

Para cuando terminé, el hombre aún seguía dormido, y en sus ojos de un negro abismal se reflejaba la total ausencia de cualquier tipo de pensamiento en su mundo onírico.

Al amanecer desperté de mi sueño placenteramente, me percaté de que sostenía algo en la mano, y mi sorpresa fue enorme al ver que en mi puño y junto a mi sostenía el enorme narguile que en mi sueño había visto y con el cual había fumado los sueños de aquel hombre. Estaba totalmente aterrado, ¿que explicación lógica había para todo esto? ¿Cómo era posible que trajera un objeto de un raro mundo onírico a la realidad?, ¿acaso estaba perdiendo el juicio?

No disfrutñé el día como siempre lo había hecho, ese día no contemplé la luna, pues no podía olvidar todo lo ocurrido, tenía miedo de dormir…de volver a soñar…

Después de varias horas el cansancio me venció, mi sueño no fue tranquilo….

Volvía en el cuerpo del ser de los cristales, y volvía a tener aquel profundo deseo. Aquella hambre de sueños…

Entré en algunas casas, y en todas ellas despoje a sus habitantes de toda ilusión, de todo pensamiento, pasé toda la noche fumando, alimentándome, y cerca del amanecer todo se desvanecía…


Ricardo Bravo
julio de 2005

 
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