Pronto,
sus ojos se llenaron de lágrimas, tenía
frente a ella una horrible imagen, algo que nunca
habría podido imaginar. Afuera, un leve
chispeteo de lluvia se veía interrumpido
por el estruendoso sonido de un rayo cayendo cerca
de la casa, muy cerca. Esto fue lo que la despertó
del trance en el que se encontraba, sólo
escuchando el goteo de la sangre que estaba frente
de ella. Trató de cerrar los ojos para
así poder olvidar aquella imagen. No pudo.
Lo único que se le ocurrió en ese
momento fue comenzar a correr para escapar de
quien había hecho ese infame acto, esperando
que no volviera, por ella. Pero lo sabía,
sabía que en poco tiempo regresaría
por ella; tenía poco tiempo, así
que sólo pensó en entrar al lugar
que hasta hace algunos días lo habría
considerado como una habitación más
en su casa y que ahora le causaba un terror inimaginable,
una sensación de frío que le calaba
todo el cuerpo, desde sus pies descalzos hasta
su cabello alborotado. Un lugar oscuro y tétrico,
donde parecía que la luz nunca se acercó
por ahí, incluso de día; era el
lugar en el que su papá acostumbraba encerrarse
y trabajar ahí por muchos días,
semanas o hasta meses; donde siempre se le había
prohibido entrar.
Aunque se esforzaba en no pensar en ello, sabía
bien que ahí era donde todo había
comenzado.
Habían pasado algunas semanas desde la
noche en que, tratando de buscar refugio de los
constantes gritos entre sus padres, había
ido a refugiarse ahí dentro; y si bien
no se dio cuenta de dónde había
entrado hasta cerrar por completo la puerta, sintió
curiosidad por saber por qué era tan especial
ese lugar para su papá, tanto que pasaba
mucho tiempo ahí; mucho más tiempo
del que se pasaba junto a ella. Así que
decidió examinar el lugar. Lo primero que
notó era la gran cantidad de libros que
se encontraban a su alrededor, de tamaños
y gruesos muy variados, pero contaban sólo
con dos colores sus portadas: el negro y el rojo.
La poca luz que entraba en la habitación
y los colores, le dieron la sensación de
que todo en el lugar estaba muerto, era la impresión
como si el lugar completo careciera de vida. Avanzó
unos pasos más, hasta llegar a un escritorio
que se encontraba exactamente a la mitad de la
habitación; le llamó la atención
porque era, además de todos los libreros
que había, el único mueble dentro.
Se acercó sólo para observar un
libro, el libro con la pasta más hermosa
que jamás había visto: era de color
rojo intenso y con una no muy convencional inscripción
en la portada, sólo una letra, sólo
“V”.
Al abrirlo, encontró algo aún más
extraño; que a pesar de que el libro contaba
con muchas páginas, estaba completamente
en blanco. Pero antes de que pudiera sacar conclusiones,
escuchó un sonido hueco proveniente de
cerca de la puerta. Por un momento creyó
que se trataba de su padre, que había terminado
de discutir con su mamá y había
regresado al lugar de su trabajo. Pero no. Al
dar media vuelta se dio cuenta de que sólo
se trataba de un libro, con muchas páginas
y se notaba un tanto viejo. Lo que no se pudo
explicar es cómo se había podido
caer de su estante. Pero no le dio mucha importancia;
dejó el libro del escritorio tal y como
estaba, pero cuando se dispuso a tomar el libro
caído y dejarlo en su lugar, oyó
un sonido que la hizo reaccionar rápido.
Se escuchaban pasos que bajaban hacia donde ella
estaba.
Así que, sin saber cómo, tomó
el libro, abrió la puerta, salió
y cerró con cuidado. Y se fue caminando
con la mirada baja para evitar encontrarse con
los ojos de su padre; cuando se toparon frente
a frente, éste sólo la esquivó
y se fue, de nuevo a encerrarse en aquel cuarto.
Apenas ella pudo darle la espalda a su padre,
corrió hacia su habitación. Estaba
muy alterada, sabía que tarde o temprano
su padre se daría cuenta de la falta del
libro que tenía en las manos y no tardaría
mucho en llegar hasta ella para reprimirla por
haberlo desobedecido.
Fue cuando, por primera vez, se ponía
a observar con detenimiento lo que había
tomado. Aunque no era muy diferente a los demás
libros que había encontrado en aquella
habitación, notó que este parecía
mucho más viejo que muchos de los que había
visto en su vida, y vaya que eran bastantes. Encontró
que éste no contaba con el nombre ni del
autor ni de año de impresión. Y
le pareció raro porque su papá le
había enseñado que todos los libros
contaban con esos datos. Así que decidió
hojearlo; si su papá la iba a castigar
por llevarse el libro, entonces era justo que
lo pudiera ver antes de entregarlo.
Primero había una página en blanco,
donde se supone que debería de estar el
nombre del libro y del autor, pareciéndole
extraño cambió página donde
comenzaba el texto. Miró hacia la puerta,
se dio cuenta de que no venía nadie y se
dispuso a cambiar de hoja, en la cual encontró
una leyenda escrita que decía más
o menos así: “Sólo los peces
muertos van con la corriente”. No entendió
nada, así que decidió seguir viendo
el libro: la siguiente página empezaba
con la palabra “Principio” y de ahí
seguía una historia que le fascinó,
la creación y nacimiento de una raza magnífica,
una raza que perfeccionaba a la humana, la que
ha participado en los grandes momentos de la historia
conocida, interviniendo en las grandes decisiones,
en creación y caída de las grandes
civilizaciones, en las mayores invenciones, en
las mayores masacres: la raza de los vampiros.
La historia comenzaba con un ser, castigado por
los arcángeles, condenado a dejar de ver
al astro rey y a tener que depender de la muerte
de los demás para poder tener vida propia.
El libro contaba un ángulo diferente de
la historia, la introducía en un mundo
que jamás hubiera imaginado.
Al paso de las hojas, se sorprendía más.
No pudo medir el tiempo en que estuvo leyendo
pero poco a poco el cansancio le vencía
las ganas de seguir averiguando más sobre
el libro. Decidió entonces, que lo dejaría
hasta mañana, dejó el libro debajo
de su almohada, tomó a su pequeño
conejo de peluche que estaba sobre su escritorio
y se dispuso a dormir por lo que quedaba de noche.
El día siguiente un sonido familiar la
despertó, era la voz de su madre quien
había ido a su habitación para conocer
la razón por la cual no estaba lista para
desayunar. Creyó que sería conveniente
decirle a su madre sobre las maravillas que había
encontrado en el libro; pero calló porque
sabía que nunca entendería: si no
entendía a su padre, menos a alguno de
sus libros.
Trató de llevarse el libro consigo a la
cocina, pero su madre se daría cuenta,
fue entonces cuando optó por elegir lo
que le parecía lo más conveniente,
sólo leería por las noches. Bajó
a desayunar, y como siempre, su padre no se encontraba
ahí; así que todo el día
se la pasó esperando a que todos cayeran
dormidos para poder continuar con la lectura.
Durante varias noches siguió fascinándose
sobre lo escrito en el libro, cada vez veía
más y más cosas interesantes de
la historia de aquellos seres especiales, que
podían hacer lo que querían, que
podían “vivir”… O eso
era lo que ella creía.
Habían pasado algunas semanas cuando llegó
a un punto donde comenzaba una nueva parte del
libro: ”Ser”. Se encontraba ante sus
ojos lo que parecía ser una descripción
de un vampiro: piel un tanto pálida, con
aberración hacia el sol, reflejo nulo ante
un espejo… No lo podía creer, al
paso la lectura se convencía cada vez más
de que ella misma era un vampiro; y no sólo
eso, sino que también su padre y su madre.
Ya se le hacía raro que en su casa nunca
entrara un rayo de sol, sólo le otorgaban
permiso sus padres de abrir las cortinas cuando
pasaba del atardecer; en su casa no había
un solo espejo, ni siquiera su madre tenía
uno; y por último la mayor prueba de todo,
ella misma. Ella era exactamente igual a lo que
describía el libro: piel clara, sin reflejo,
en incluso en aquellos momentos se llegó
a imaginar que tenía los colmillos alargados
a comparación de la gente que podía
ver por televisión.
La lluvia poco a poco comenzaba, pero un gran
ruido le interrumpió su lectura, parecía
que era su madre quien había dado ese horripilante
grito. Asustándose de que podía
llegar en cualquier momento, dejó al libro
debajo de su almohada y tomó a su conejo
para ver qué era lo que le pasaba a su
madre. Al bajar por las escaleras que conducían
hacia la sala tuvo que subir la mirada algunos
metros para comprender el por qué del grito
de su madre; la dejó sin aliento durante
algunos momentos. Era la imagen de su padre, colgado
a casi diez metros de donde ella estaba, con una
soga amarrada al cuello y con una expresión
que la puso a temblar. Sin pensarlo, fue corriendo
a buscar a su madre para saber qué era
lo que había sucedido.
Llegó hasta donde se encontraba, de rodillas,
con un pequeño charco de lágrimas
frente a ella. Cuando notó su presencia,
su madre se abalanzó sobre ella y la abrazó
muy fuerte. Una idea le pasó por la cabeza,
claro todo comenzaba a iluminarse; por una de
sus frecuentes discusiones, ella había
obligado a su padre a que hiciera aquel acto;
ella era la culpable de todo, ella era quien había
asesinado a su padre, era ella quien la había
dejado huérfana y era ella quien ahora
quería encontrar alivio entre sus manos.
Pero no la iba a dejar sin castigo; había
dejado sin el privilegio de vivir a su padre,
a la persona a quien más amaba en el mundo,
a quien admiraba y respetaba. Ahora ella debería
de sufrir, debería de experimentar lo que
le hizo pasar a su padre, debía morir.
Con fuerza sobrehumana le atravesó el pecho
con su propia mano, sintiendo el palpitar de su
corazón entre sus dedos, sintiendo cada
uno de sus últimos latidos.
No creía lo que había hecho, había
podido matar a su propia madre. Había tenido
la fuerza y el valor suficiente para hacerlo,
creía que algo o alguien la había
poseído y eso la había hecho cometer
ese acto… pero yo bien sabía que
era ella misma quien había hecho eso.
Y ahora ahí estaba, en la biblioteca,
aquel lugar maldito donde había comenzado
todo, escondiéndose del demonio que se
encontraba dentro de sí misma; ahora ya
no quería ser un vampiro, quería
seguir siendo una niña que vivía
con sus padres en su casa de campo desde que tenía
memoria, quería seguir siendo aquella niña
a quien su papá le enseñaba todos
los cuentos de hadas que escribía para
ella. Pero sabía que ya era demasiado tarde,
su padre se había suicidado, había
asesinado a su madre y ya nada nunca sería
igual.
Comenzó a llorar, abrazando con gran fervor
a su pequeño conejo, estaba sola y sentía
miedo. Fue entonces cuando decidí que era
el momento preciso para bajar de mi escondite
y presentarme ante ella. Todas las acciones que
había hecho en el pasado eran para llegar
a este fin; la primera vez que la vi en este mismo
lugar fue cuando vi en ella el gran futuro que
le esperaba, el liderazgo que tendría ante
todos nosotros, y la redentora que sería
en un futuro; por eso fue que le di el libro,
por ello tuve que quitar a su padre de en medio,
por eso dejé que creyera que era un vampiro,
por eso llegó hasta aquí.
Me presenté ante su atónita mirada,
y aunque al principio me vio con un poco de miedo,
con una sola mirada que intercambiamos, notó
en mí una especie de cariño paternal
que siempre le faltó.
Así que me acerqué a darle lo que
más anhelaba: la inmortalidad.
febrero de 2006
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